Sensibilidad

¿Cómo saber si nuestra sensibilidad, nuestra capacidad de percibir sensaciones a través de los sentidos, es más intensa que la media?

Si escuchamos sonidos más apagados que el resto, si al mirar a la distancia distinguimos más detalles, si ante un plato de comida diferenciamos más ingredientes, podemos decir que nuestra vista, oído, olfato, gusto son más sensibles.

Lo que me intriga es saber por qué a algunos les cuesta y a otros no, asociar la sensación provocada por el estímulo de un sentido con otras sensaciones, momentos almacenados en nuestra memoria, emociones más o menos intensas.

Tal vez a los que la vida con sus circunstancias nos dio desde niños la forma de seres reflexivos, introvertidos, observadores del mundo que nos rodeaba; forzó nuestra capacidad de inventiva, y con el correr del tiempo, cuando rompiendo el cascarón nos atrevimos a vivir se desbloquearon emociones reprimidas y disfrutamos con más fuerza, a nivel físico, del estímulo de los sentidos permitiendo también que nos afecten profundamente, a nivel mental.

Se dice que la evolución social viene atrofiando la mayoría de los sentidos que de origen poseía por necesidades biológicas la especie humana.
Si es eso cierto me pregunto si en alguna medida existe la posibilidad de recuperar algo de esa pérdida. Esto sin ingresar a una comunidad de gorilas, en la selva, para convertirse en un nuevo Tarzan.

ovejanegra

Desde que cambié mi vida, para vivirla de manera tan particular junto a mi Amo, creo que poco a poco he desarrollado más mis sentidos. Quizás no sea tanto como me parece, pero estoy seguro de que no he seguido el cuesta abajo de la especie.

Si bien no tengo una vista de lince me las arreglo, pero estoy muy satisfecho con el desempeño de mi olfato, mi gusto y mi oído. ¿Será esto porque soy un animal nocturno?
De lo que me he dado cuenta es que mi piel, toda la que me envuelve, vive en estado de alerta esperando experimentar el próximo roce, golpe, caricia, frío o calor, lo que sea que la altere y sacuda.

Para descubrir a las brujas en la edad media se las sometía a una serie de pinchazos; se suponía que el Demonio las protegía del dolor y que no responderían ya que estaban endemoniadas y anestesiadas; pero como Satanás no era todopoderoso siempre quedaba un rincón de su piel sensible que al ser pinchado haría chillar a las desdichadas.
Y en esa tarea se turnaban los inquisidores buscando el lunar vulnerable.
Conmigo tendrían que usar el procedimiento inverso, ya que desde las no tan inocentes cosquillas hasta las dulces caricias, pasando por accionares más drásticos sobre la piel de cualquier zona del cuerpo, me desatan torbellinos.

Revolcarme en la arena o en la tierra, abrazarme al tronco de un árbol, dejar que la primera lluvia fría me empape, el sauna loco de los rusos que primero agobia por el calor del vapor y los varazos de abedul y luego estremece al zambullirse en la nieve, todo eso me excita, y podría decir me sobre-excita.

Pero nada, nada, supera mi nivel de excitación como cuando estoy a merced del Amo.
Preparado para cumplir con sus deseos y fantasías.

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Mi Macho

mymenParecida a la declaración de una viuda patética, “él fue el único hombre en mi vida”; sin ser viudo, ni querer parecer patético, me veo forzado a declarar mi verdad cuando digo que el Amo ha sido el único Macho en mi vida.
Puede que esto sea definitivo, tal como hoy lo concibo y deseo, o no…porque nada es más incierto que el destino.

Con esto no quiero decir que no haya tenido y tenga, relaciones de tipo sexual con otros hombres, y mujeres.
Dicho vulgarmente, nadie me ha cogido más que Él, ni antes ni después de conocernos.
Mi culo no tuvo dueño, y  Él se lo apropió la noche que me lo rompió; y no solo no lo ha compartido, sino que no lo ha soltado.
Es de su propiedad exclusiva.

Mi naturaleza curiosa se preguntaba qué era lo que tan bueno sentían los chicos a los que había follado.
Cuál era el origen de esos gemidos placenteros y dolorosos que emitían; mientras yo macho, les taladrada el ojete apretando los dientes hasta gritarles “Ahí te va mi leche”.
Pero probablemente por mi aspecto, mis relaciones, el medio en que me movía, mis actividades, si ha alguien le resultaba atractivo era a las mujeres, y a los chicos pasivos.
Tampoco estaba yo dispuesto a entregar mi virginidad anal a cualquiera.
De forma más o menos consciente esperaba la llegada del “seductor”; sin tener establecido qué requisitos debía llenar ese “príncipe azul”.

Siguiendo con la curiosidad y queriendo meter las narices en el mundo de dominantes y sometidos, me anoté para husmear en un par de webs españolas especializadas en BDSM, una de ellas gay.
Las posibilidades de relación, por cuestiones geográficas, se limitaban a un tonteo online.
Hasta que de repente, la gran sorpresa, alguien quería conocerme, y estaba a pocos kilómetros de distancia dentro del continente enorme que es América.

No lo podía creer.
Cagado de miedo accedí a una primera cita.
Y cayendo en otro lugar común y cursi digo que en esa primer cita “me flechó”.

Enceguecido por una química pasional e irresponsable, me deje coger esa primera vez;  y sin condón.
Quería sentirme lleno de su verga y rellenado de su semen.
Quería sentir ese orgasmo del que había escuchado hablar y que creía fabuloso, que se origina por la fricción ardiente del ojete, y el palpitar incontrolable del recto.
Quería sentirlo golpearme la próstata para que soltara la semilla sin siquiera rozarme la verga.

No sé que porcentaje de lo físico y que porcentaje de lo emocional resultó para que madurara ese orgasmo en mi, segundos antes de que el suyo me preñara.
Preñado para parir el esclavo que se sometió sin remedio.
Desde entonces mi Amo es mi Macho.

El sabe que de vez en cuando, y para mantenerme equilibrado necesito ejercer mi rol de activo.
Con sabiduría permite que comparta algún pasivo, alguna mujer; siempre dentro del marco de su supervisión.
Y justamente tener conciencia de esa supervisión potencia el morbo en el que me gusta estar involucrado.

Así jugamos muchos juegos, entre los que no falta el aprovechar el atractivo que yo pueda tener sobre chicos o mujeres,  para como carnada convencerlos de participar en la red voluptosa que teje el Amo.

Pero siempre y definitivamente Él será el Macho, el activo, el Amo; y yo su pasivo, su esclavo.

 

 

La petite mort

ovejanegravoluptas

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje,
a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto,
nos arranca gemidos y quejidos,
voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor,
lo que pensándolo bien nada tiene de raro,
porque nacer es una alegría que duele.
Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo,
que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra
y acabándonos nos empieza.
Pequeña muerte, la llaman;
pero grande , muy grande ha de ser,
si matándonos nos nace.

Eduardo Galeano

El látigo y yo

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A los más o menos masoquistas nos calientan los latigazos.

Esa caricia sorpresiva y ardiente que sorprende al cuerpo en los lugares donde menos se espera, y que con su chispazo despierta y enciende las células dormidas.
Células que ahora atentas aguardan el próximo chispazo con ansia y con temor.
Si el látigo vuelve a caer sobre la huella que dejó anteriormente en la dermis, la chispa se potencia y se entierra más profundo afectando a los nervios y la masa del músculo.

Cuando me entrego a mi Amo para que me azote con sus látigos, quedo a su disposición sabiendo que a partir de ese momento comenzará en mí un proceso de pérdida paulatina de racionalidad.
Ya al sentir la caricia  de sus manos desparramando aceites sobre la piel, cierro los ojos e inhalo profundo el perfume del aire, que es una mezcla del olor del aceite y del olor de nuestros cuerpos que comienzan a excitarse.

Las crines de caballo inician el ritual con golpes acompasados en el lomo, en el culo, en los muslos, en el pecho, hasta en mi verga que ya está dura.
El ritmo de estos toques se acelera; pero muy lentamente para mi gusto, porque deseo llegar cuanto antes al momento en que se convierta en un torbellino picante que me pinte de rojo el cuerpo.
Ese endemoniado látigo de crines tiene la virtud en manos de mi Amo, de elevar mi capacidad de excitación al punto que el roce de los labios de mi dulce verdugo me haga gemir sin poder reprimirme.
Ni hablar del intenso fluir de la sangre en el pecho,las tetillas y la verga.

Por fin llega el momento de las palabras mayores.
Es el momento en que actúa el Satanás que silba.
El trenzado, el asesino que cuando se ceba mata.
Conmigo no será odioso porque lo empuña mi Amo.
Se limitará a marcarme, hacerme bufar de dolor y sorpresa, jugará a atemorizarme cuando castigue al aire y con su sonido de víbora quiera asemejarse al trueno que llega antes del chaparrón.
Me hará danzar, maldecir y agradecer, y tratará de llevarme al límite, por desgracia no siempre alcanzado, de extraerme de lo más profundo el aullido que acompaña al orgasmo.

Y si, aunque lo común es vaciar mis bolas sin remedio cuando el Amo al dar por terminada la sesión me acaricia, me seca y me besa simultáneamente; confieso que varias veces, el clímax de una sesión con látigos me ha hecho eyacular con violencia, mientras recibía los golpes.

Nunca pude explicarme como siendo yo un animal tan racional como me creo, pueda llegar al extremo de abandonarme tanto, a sustraerme tanto de cualquier pensamiento que no sea otro que sentir el fuego doloroso y placentero que me producen los latigazos.
Inexplicable.

Preguntas

¿Es la comunicación anónima en la red una comunicación sincera?
¿Cómo sabes que no te mienten: cómo saben los otros que no mientes?
¿Y que es mentir en estos casos?
Ya mentimos demasiado con nuestros conocidos, con nuestros allegados, con quienes nos relacionamos por interés, en la calle, en la oficina, el banco, la fábrica, el colegio, la universidad, el bufete, los bares, los pubs, las discotecas, la mesa familiar.
Mentiras casi siempre banales, inocentes, de las piadosas y de las despiadadas.
¿Qué necesidad tenemos seguir mintiendo como para mentir también en las redes, donde definitivamente somos anónimos, y no tememos a las represalias cuando manifestamos opiniones que al otro pueden no gustarle?
¿Será por eso, por ese miedo recíproco de no gustarle al otro que desconfiamos?

¿A priori no confiamos porque en las redes un viejo dice que es joven, un rico, pobre, una mujer, hombre, y quien sabe más que fantasía?
Eso es posible, pero la que está hablando en esos casos es la fantasía, lo que justamente ese ser desea ser.
¿Esa realidad imaginada no es más real que su día a día; no es más fuerte, por lo deseada, que su realidad rechazada por él mismo cuando asume su fantasía?

ovejapregunta

Cuando entramos en un cuarto oscuro (sí, me refiero a esos de los clubes donde reina una penumbra más o menos espesa según el caso) ¿conocemos de quién son las manos que nos aprietan la verga, nos pellizcan el culo? ¿conocemos al dueño de la lengua húmeda y el aliento a tabaco que nos amenaza con rompernos el culo?
No, ni nos interesa.
Porque allí entramos para relacionarnos con cuerpos anónimos. Entramos a compartirnos físicamente, a manosear y ser manoseados.
¿Y esas experiencias no son buenas, es mejor no tenerlas que tenerlas?
Si las buscamos es porque las necesitamos.
Necesitamos el contacto carne a carne, y allí no importa otra cosa. No es el comienzo de nada, es el momento y punto.
Momento y punto, touch and go, cruising.
Podemos volver a entrar al dark room infinidad de veces y coger con los mismos tipos; podemos concurrir al mismo parque o baño público y volver a encontrarnos con quién nos la chupa siempre.
¿Pero esas relaciones no seguirán siendo un touch and go, un momento y punto?

oveja

¿ Y un sitio como este donde entrarás por una única vez, o tal vez muchas, para relacionarnos sin vernos ni tocarnos, solo expresando lo que decimos ser y sentir, donde podemos mentirnos o ser sinceros, no es una experiencia que vale la pena?

Me juego por creerte y que me creas.
A ti, ya seas otra oveja negra como yo, o una más de la bendecida mayoría blanca, te digo que creo en tus sentimientos y necesito este contacto pensamiento a pensamiento, sentimiento a sentimiento; como necesito el contacto carne a carne que buscaré en otro ámbito.

Siete mares

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¿Por cuantas tormentas y por cuantas calmas hemos navegado juntos estos siete mares, estos siete años?

Hablo en términos de mares, porque amo al mar, que es uno solo y que para hacerlo propio los pueblos costeros lo han bautizado con distintos nombres de acuerdo a las playas que baña.

Pero el mar es único, como mi Amo; como también es única la pareja que somos.

En estos siete años juntos nadamos en la superficie y buceamos en las profundidades de aguas cálidas y frías, nos dejamos arrastrar por las olas de nuestra pasión. Olas que a veces nos maltrataron estrellándonos con su rompiente contra alguna roca costera. Y otras veces nos depositaron serenamente en una playa de talco, después de acariciarnos y hacernos cosquillas.

Nadando desnudos los cuerpoalmas; rescatándanos mutuamente cuando había peligro de ahogarnos, rodeados de otras criaturas, algunas queriendo participar de nuestros juegos, otras ignorándonos.

En ese mar somos una pareja que se complementa porque asume sin prejuicios las diferencias que nos unen. Cada uno es lo que quiere ser, y que feliz coincidencia, es también lo que quiere el otro que sea.

Él,  Amo, yo su esclavo. Amo y esclavo arrastrados por la marea de ese mar que es único y que la tradición divide en siete. Así como se divide el tiempo y resultan siete, número mágico, los años que han pasado desde que me sedujo, y me tomó.

Y también están las pausas, más largas de lo que se quisiera, en las que tenemos que hacer pie en el continente. Pisar la tierra firme donde viven su hipocresía las sociedades.

Y camaleónicamente nos ajustamos a las normas sociales: ¿también obligados a la hipocresía para ser aceptados sin herir ni ser heridos? Deseando que llegue más pronto que tarde el momento de correr hacia la costa, arrancarnos los ropajes difraces sociales y saltar al mar.