Como un clavel púrpura

Oscuro y fruncido como un clavel púrpura
Respira, tímidamente oculto bajo el musgo;
El licor del amor todavía lo humedece
Y se derrama por el declive de las nalgas.

Hebras como lágrimas de leche
Lloran ante el cruel soplo que las arrastra
A través de granos de abono de arcilla
Para perderse en la pendiente que los reclama.

Paul Verlaine

Sonnet du trou du cul

El “Sonnet du trou du cul” es un poema escrito en colaboración por Paul Verlaine y Arthur Rimbaud, en 1871.
Las dos cuartetas aquí publicadas pertenecen a Verlaine.
El poema se completa con dos tercetos de Rimbaud.

Obscur et froncé comme un œillet violet
Il respire, humblement tapi parmi la mousse
Humide encor d’amour qui suit la fuite douce
Des Fesses blanches jusqu’au cœur de son ourlet.

Des filaments pareils à des larmes de lait
Ont pleuré, sous le vent cruel qui les repousse,
À travers de petits caillots de marne rousse
Pour s’aller perdre où la pente les appelait.

El rito

La voluptuosidad exige un sacrificio.
Deseo convertirme en ofrenda.
Tú debes oficiar el ritual con precisión cruel.
No tengas piedad.
Sobre la piedra tumbado ansío que me inmoles.
Compartirás mi cuerpo en el banquete, con las deidades de la lujuria.

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Si te entregas

Deja caer tu cuerpo desnudo sobre estas piernas forradas de cuero.
Es preciso calmar tu temblor.
¿Tienes frío?
¿Tienes miedo?

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Las caricias de estas manos enguantadas calmarán tu ansiedad.
Te amasarán los glúteos. Y poco a poco sentirás el calor.

La madera de esta paleta es dura pero flexible, si la velocidad y la altura son las apropiadas se siente como una lonja dura.
Eléctricos como relámpagos sus impactos comenzarán picando la piel de tus nalgas.
Poco a poco progresarán hundiendo su ardor en las capas profundas, hasta llegar al músculo.
Dolerá, garantizo que dolerá; dolerá cada vez más.
Llegará el momento en que tus nervios alterados transmitirán el calor al resto del cuerpo, y liberarán tus lágrimas y tu sudor.

Cuando los golpes meticulosamente espaciados te sacudan con espasmos, descubrirás sin saber lo que ha pasado que tu sexo destila su almíbar, preparándose para un orgasmo. Y que lo estás refregando contra el cálido bulto, que ha crecido entre las piernas revestidas de cuero.
Entonces te parecerá increíble descubrir que no esperas que termine, ya no te importará el tiempo.

Solo reaccionarás cuando la violenta penetración te sacuda, y seas consciente que te están cogiendo.

El paraíso antes de la serpiente

A partir del mes de Junio, el caliente monzón del suroeste comienza a soplar desde el Océano Indico hasta el mar de la China escoltado de lluvias y tormentas.
El temporal a veces se demora, a veces se interrumpe, pero seguramente en Julio se descargará sobre las Filipinas acompañado de tifones.
Los turistas de todo el mundo que van a deslumbrarse a Palawan están en general advertidos y comienzan a escasear.

Atreverse a pasar en la zona los últimos días de la primavera y los primeros del verano tiene sus riesgos y sus recompensas.
Recuerdo la estadía en una pequeña isla frente a Quezón, en el mar de la China meridional, como un regalo de cumpleaños inolvidable.

ovequwzon

Me acompañaban las dos personas que me colmaban; un padre tirano y dios de mi religión, y un hermano menor a quien proteger.
Recuerdo que estábamos aislados, con el único refugio de una choza, agua dulce solo para beber, los alimentos indispensables, elementos para pescar, y nísperos silvestres.
Llevábamos el cuerpo desnudo y la mente abierta; eramos seres del reino animal en contacto con los elementos de la naturaleza.
De día el sol, el agua, la sal y la tierra nos alimentaba; energizando, órganos, músculos, fluidos.
De noche el fuego y el abrazo nos trasmitían calor, sentíamos como la sangre corría por su ramaje.

ayax

Después de siete años, recuerdo esos doce días como mi experiencia más cercana a la inocencia salvaje.
El paraíso antes de la serpiente.

Palawan Filipinas Junio 2011

Mi vino

oveeeja

Quiero embriagarme con mi propio vino.
Fruto de las vides que aplasté bailando días y noches, cuando eufórico no distinguía llanto de risa.
Jugo exprimido de fantasmas de amantes, de sitios, climas, luces y sombras.
Añejado en mis cicatrices, que me sorprende latiendo y ardiendo para reclamarme que lo beba.
Vino cuyo perfume invita al desenfreno.

Quiero descubrir al bacante que ocultan hombres y mujeres.
Invitarlos a emborracharse con mi vino.
Entregarnos al ahora que es infinito y perpetuo.

No hay pasaje al pasado

oveja negra 17anos

Era el primer día de Enero en Grumari; la mañana nublada, calurosa, el ambiente pesado de humedad.
Un grupo de jóvenes compinches que vivían para surfear llegó a la playa desierta.
Dejaron sus motos en la orilla; venían de transitar el cambio del año en Copacabana.
Habían pasado la madrugada bailando, jugando, fumando maconha y bebiendo cerveza; estaban dispuestos a continuar la fiesta.

Un chico de quince años con su tabla se separó del grupo, se quitó toda la ropa decidido a dejar que el mar le acaricie el cuerpo desnudo.
¿Por qué no nosotros? Se preguntaron los demás, antes de decidirse a imitarlo.

Ayer, diecinueve años después, al atardecer en la misma playa que comienza a quedarse desierta, vuelvo a compartir con uno de esos compinches cerveza y maconha.
-Eras el más chico y el más loco de la pandilla- me dice.
-Si tu lo dices…- le respondo.
-¡Quién pudiera volver a esos años!- suspira.
-¡Quién pudiera!- le respondo y me respondo.