Placeres nuevos

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El placer debe formar parte de nuestra cultura.
Está en ella pero debe integrarse mejor, no de manera vergonzante.
Es muy interesante observar que, desde hace siglos, las personas en general han hablado siempre de deseo, pero evitan hacerlo de placer.
Así afirman: “Debemos liberar nuestro deseo”.
¡No! Debemos crear placeres nuevos, y entonces acaso surja el deseo y se engendren otros deseos…

Las prácticas sadomasoquistas demuestran que podemos producirnos placer a partir de objetos extraños, utilizando ciertas partes inusitadas de nuestro cuerpo, en situaciones o circunstancias poco habituales.
Consideremos la posibilidad de utilizar nuestro cuerpo como fuente posible de una pluralidad de placeres.

Michel Foucault

Comenzó de a tres

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Tres puntas, tres púas, tres patas para equilibrar competencias, celos, deseos.
Egos en conflicto ardiendo juntos en la hoguera.
Máscaras que se arrancan a los mordiscos hiriendo la carne que cubren.
Guerra que solo termina cuando la mano más fuerte se adueña del látigo y se impone con violencia.

Después el Tirano seducirá a cuantos quiera, multiplicará su rebaño con azotes y caricias.
Y maldecirás la trampa de aquel juego de a tres, porque en el harem son más las noches de llanto que las de placer.

 

Helada Berlín

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¿Qué puede esperarse del invierno en Berlín?
Una metrópolis helada, nevada interminable, semi oscuridad, suelo resbaladizo.
Siempre viva, Berlín espera el calor, un azote también extremo que según los berlineses convierte a sus calles en planchas ardientes.

Resumen de la humanidad en esta urbe han brillado mentes, combatido cuerpos, se ha desparramado odio y amor, dolor y placer, opresión y libertad sin medidas.
Se destruye y se reconstruye, se crea y se roba.
Siempre jugando con las dicotomías, de Berlín a veces se huye, y otras veces se vuelve o se viene por primera vez.
En este tiempo difícil la marea que atraviesa las puertas de la ciudad es la que llega para quedarse; se trata de una marea que la enriquece, porque el gusto por el kebab se ha instalado por la fuerza como la orgullosa Nefertiti cautiva.

Los berlineses son golosos de dulces y de música. Bebedores, comilones… y perversos.
A través del tiempo peregrinaron a Berlín los perversos sexuales; y salvo durante los períodos de tinieblas, como el del Tercer Reich, se mantuvieron discretos pero siempre presentes y activos.
Testigos del palpitar de la vida que no se interrumpe sino que bulle, bellísimas lesbianas, sádicos amos, sumisos y sumisas, fetichistas, celebrantes del walpurgis aprovechan cuando asoma la libertad a ocupar la vidriera para mostrarse sin pudor e invitarte a participar de su fiesta.

Un atardecer de Enero, saliendo de los museos y desafiando el tiempo impiadoso de la Unter den Linden, se abrió el cielo para demostrar que la claridad todavía existía.
Tiritando, como corresponde al pez tropical que soy, me acerqué a un muchacho para enseñarle una dirección escrita.
Correspondía a una chocolatería, pero era la pista que teníamos para ubicar en sus cercanías un sótano.
Un lugar bajo tierra que conservaba ese invierno el calor de la vida.
Calor que guarda las raíces y las semillas, donde se refugian animales, insectos y perversos como nosotros; que buscábamos desnudarnos, exhibirnos y sudar a latigazos.

Allí en ese vientre nos recibieron como a pares, curiosos con la novedad, deseosos de participar hasta el límite que les permitieran.
Me caldearon como para soportar el castigo de la correa y desear más.
Me hicieron estremecer bañándome con su placer, y atesorar el recuerdo del orgasmo acariciado por manos anónimas.

Esa fue mi única vez en Berlín; y puedo dar testimonio que en la urbe se puede experimentar el frío y el calor más extremo en una misma noche.

negra oveja

Enero 2015

Gracia

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-¿Te dejarías atar?-

Pregunto casi como broma, en la barra de un bar gay friendly de Río.
Un bar digamos de hombres; tipos de casi todas las edades, muchos de ellos disfrazados e insinuantes. Era la noche del pasado Domingo de Carnaval.

Se lo pregunté a un chico joven que llevaba como única vestimenta un chap de cuero negro haciendo juego con sus botas.
Me había parado a su lado para tomar una cerveza; podría haber elegido cualquier otro lugar para apoyar el codo, pero lo hice porque a pesar de las coloridas luces del local, su culo blanco enmarcado en negro cuero fosforecía e invitaba a homenajearlo.
Ese culo pelado y lechoso que no acostumbraba a tomar sol no era enorme, pero su dueño sabía como ofrecerlo, apoyándose en la barra y proyectando las caderas para atrás.

Antes de esa pregunta indiscreta le había elogiado el cuero de sus pantalones; y él un poco cortado, casi como disculpándose me respondió: -Es solo un disfraz-.
-Lo sabes lucir muy bien- agregué.
Y aunque soy vulgarísimo piropeando me respondió con una sonrisa.

-¿Y para que quieres atarme?-
Lo miré de arriba abajo, me sonreí, levanté la copa clavando mis ojos en los suyos y le contesté.
-Jamás te lo diría, la fiesta perdería toda la gracia-.

A partir de ese momento no le noté ninguna reacción.
Con su vaso en el aire, a mitad de camino entre la barra y su boca, me miraba sin definir una expresión.
Pensé, que si no era tonto, vaya a saber que mil y una imágenes bailoteaban en su cabeza.
En medio del humo de los cigarrillos, el coro de voces y carcajadas y la música atronadora, parecía una liebre deslumbrada en mitad de la carretera.

Fue entonces cuando, esta vez serio, volví a preguntarle: -¿Te dejarías atar?-

Brasa viva

Duro cuerpo de esclavo, goza tanto con el dolor del sacrificio impuesto, como con los placeres básicos de la caricia.

negraoveja

Brasa que no se extingue ni añora su pasado de rama seca.
Eternamente agradecido al fuego maestro que lo hizo arder en una hoguera.

Espera la llegada de un soplo formidable que sacuda sus cenizas y avive las llamas.
Dispuesto como el Atrida a sacrificar la ofrenda necesaria para iniciar viaje al territorio de la lucha.

Malherido

ovejabegralorca

Cógeme la mano.
Cógeme la mano amor.
Cógeme la mano, que vengo muy malherido.
Herido.
Herido de amor.

Bisturí de cuatro filos, garganta rota, y olvido.
Malherido.
Muerto de amor.

(Perdón Federico, por apropiarme de tu genio reinterpretándote tal como te siento y me siento)

Con los puños apretados

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En guardia; se espera con los puños apretados.

Una corriente de aire frío cruza la habitación que es escenario de una ceremonia de dominio y entrega.

¿Será el látigo silbando su golpe el que romperá este silencio?
¿Será el bullir de la cera ardiente de un cirio manejado con mano experta y sádica derramándose sobre los hombros?
¿O será el gemido inevitable cuando la brasa de un cigarrillo se aplaste en los glúteos para dejar una marca eterna?

Desde la planta de los pies hasta la nuca la crispación no puede dominarse mientras llega el dolor ansiado.

Este tiempo de la espera es el momento más terrible.