Premio

Parecíamos dos amigos en plan de pasarla bien.
Prácticamente tenemos la misma edad y casi la misma altura.
Dos machos con buen aspecto; uno casi rubio, con barbita; y el otro más moreno, más bronceado.
Vestidos en forma similar, bermudas y remeras sin mangas, sentados en la terraza de un bar de Fortaleza, tomando unas cervezas.
La noche recién empezaba.
Esa mañana mi Señor me había dicho: -Voy a darte un premio por tu comportamiento, te llevaré a la ciudad y recibirás algo que sé que te gusta.
Sabía que por más que me muriera de ganas de conocer de que se trataba no debía preguntar.
Le encanta ponerme ansioso y observar como sufro tratando de disimularlo.
Me limité a darle las gracias y a esperar.

Desde que leyó mi perfil y en la larga charla que tuvimos el primer día que nos conocimos, antes de comenzar con nuestra relación, le expliqué que me también me iban las mujeres.
Desde muy joven empecé a notar que son muchas las que me miran con codicia, y algunas se me ofrecen descaradamente.
Me da gusto calentarlas y me aplico a full cuando tengo que cogerlas.
No quiero decepcionarlas y las trato con cierta rudeza y fuerza pero empleándome a fondo preocupado por dejar una imagen de macho dominante e irresistible.
-Yo voy a poner en evidencia cuál es tu verdadera naturaleza. -Me había dicho ese día.
Y con una risa nerviosa, provocada por la turbación que me causaba estar delante de semejante macho, deseándolo y sabiéndome deseado, le comenté que no quisiera verme privado del placer de estar con mujeres, aunque fuese esporádicamente.

Cuando estábamos ya viajando a Fortaleza, en plena ruta me dijo: -Vamos a “levantarnos un par de minas” como dices tú, y nos vamos a montar una orgía. Quiero verte en acción, que me demuestres como es ese machazo seductor que dices ser con las hembras.
No supe que decir, porque me tomó por sorpresa; pero al instante me embargó un sentimiento raro y angustiante.
¿Esa noche vería como mi Amo gozaba con otro cuerpo que no era el mío?
No me agradaba la idea; esta no era una salida con un compinche para tener una noche de joda…
Creo que tal vez notó algo raro en mí.
Enseguida me ordenó: -Chúpame un poco la verga, quiero relajarme. Esquivar todos estos camiones me tensa.
Prácticamente me tiré al piso de la Land, saqué su pija que estaba en reposo y la comencé a chupar dulcemente.
Cerré los ojos imaginando cuantos de los conductores de esos camiones, desde sus cabinas más altas nos verían, aunque para ellos fuera solo un flash confuso y provocador.

Al rato estábamos terminando nuestras cervezas y tres brasileras a las que habíamos sonreído y les habíamos pagado las copas se levantaron bamboleando sus culos rumbo al toilette.
Volvieron a sentarse dos, la tercera desapareció, y cuando sacaron sus cigarrillos, mi Amo se acercó para darles fuego y hablar con ellas.
Enseguida me hizo señas para que me una al grupo.
No voy a cansarlos con detalles que no tienen importancia, solo para ubicarlos: eran turistas del sur de Brasil, de esa tierra donde se da un mestizaje interesante entre alemanes, austriacos, rusos, indios y negros.
Lindas hembras jóvenes, apenas 20 años, buenos cuerpos, geniales “bundas” (culos) y muy accesibles.
Tenía que mostrarle a mi Señor mis dotes; en realidad no me resultó muy difícil convencerlas de dejar el bar por un lujoso motel en donde podríamos no solo estar cómodos sino también disfrutar de una buena cena.
Y partimos, cada uno con la suya al lado.
Como de costumbre la elección la hicieron las mujeres, y sospecho que ya en la intimidad del toilette las tres hembras se disputaron quién se comería el rabo de quién.y cuál se iría en busca de otro.

No más entrar mi Señor propuso que nos bañáramos, y cuando ya estábamos en pelotas nos pidió que nos adelantáramos que él prepararía unos tragos.
Se demoró unos minutos y para cuando apareció en la puerta del baño con una botella de champagne y unas copas, yo ya tenía arrodilladas debajo de la lluvia de la ducha a las dos hembras. Una me lamía la pija, y la otra me pasaba la lengua por las nalgas, sin atreverse todavía a abrirlas.
Escuché las carcajadas de mi Señor y me ruboricé, lo miré y noté que se estaba empalmando.
¡Es tan difícil explicar mis sentimientos! Orgullo de saber que ese ejemplar era mi Amo y de que yo podía excitarlo, vergüenza de que me viera en esa situación si él la consideraba ridícula, o contento de que me dejara afirmarle que yo no era una puta cualquiera y que me resultaba fácil desahogarme sexualmente si quería; que si admitía y gozaba con las cosas que él me hacía era porque me había conquistado como ningún otro.

Pasamos a la habitación, empujé a la cama a una de las mujeres; la que me había lamido la verga.
La puse boca arriba para metérsela en la boca con brusquedad acariciándole los pezones suavemente. Sabía que esa mezcla volvía loca a mi exnovia.
Estaba muy pendiente de él. Agotada su copa tomaba champagne directamente del pico de la botella; recostado sobre un sofá miraba la cama con si se tratase de un espectáculo montado para él, y con el pie desnudo le indicó a la otra hembra que se uniera a nuestro número.
-Le prometí a mi amigo un regalo, háganlo gozar entre las dos, más tarde me integraré al grupo- Dijo al tiempo que tiraba unos condones sobre la cama.
Por suerte estas mujeres no tenían ni una pizca de inhibición y colaboraron de muy buen gusto para que pueda brindarle un show a mi Amo.

Como dije antes se que puntos tocarles con violencia y cuáles con suavidad para mantener alta la excitación.
Lengua y dientes para sus culos y sus clítoris, succión de sus pechos y sus orejas, lengua profunda en sus bocas.
La que me había lamido las nalgas perdía el control chupándome el orto hasta que la aparté para penetrarla.
La otra era más creativa, me chupaba los pies, los dedos de la mano, ponía su sexo a la altura de mi boca y me acariciaba la cabeza, se prendía de mis pezones y se masturbaba mientras yo le daba pija a su amiga.
De vez en cuando escuchaba exclamaciones de mi Amo alentándonos a seguir, y cuando lo miraba se sonreía y dirigía sus ojos a su precioso falo alzado, para que yo comprobara cuanto le gustaba.

ovejanov2016

Ustedes pensaran que mientras tanto yo tenía que controlarme para no acabar. Nada más errado, estaba re-caliente, cuando me cambiaba los condones notaba mi verga encharcada de fluidos, pero estaba lejos de alcanzar la satisfacción suprema.
Sentirme así observado y juzgado me alteraba mucho.

Un gran peso se sumó a la cama al mismo tiempo que la voz de mi Señor decía: -¡Bueno señoras, ahora ustedes fuera de la cama y a observar, para aprender!
Simultáneamente las mujeres se levantaron extrañadas y yo me puse de rodillas dejando que una salga debajo de mí.
-Voy a enseñarles como se hace para que este animal goce.

No dijo más, las mujeres al principio rieron histéricamente, y mi corazón se paralizó.
Toda mi sangre se fue a mi cabeza y sentía su olor en mi nariz, mientras las orejas latían con tal fuerza que pensé que explotarían.
Su pija estaba más que lubricada con precum, y mi culo lleno de babas de la hembra que tanto le gustaba lamerlo.
Así y todo le costó un trabajo sobrehumano meterla de golpe porque me debo haber cerrado como la caja de un banco fuera de horario.
No grité porque no tenía aire en los pulmones, solo abrí la boca.
Sentí un dolor terrible que me hizo olvidar por una fracción de segundos la terrible vergüenza y humillación por las que estaba pasando, y milagrosamente la sangre que todavía no se había ido a mi cabeza buscó de escaparse de mi cuerpo por mi pija.
Mi Amo la manoteó, le quitó el condón que todavía llevaba puesto, y la soltó para que ella durísima y morada por voluntad propia se alce hasta tocarme la barriga, se convulsione y estalle en cinco chorros de esperma.

No pude cerrar los ojos, las mujeres estaban aterradas, o tal vez calientes como nunca en su vida.
Mi Señor siguió perforándome el culo un poco más, mordiéndome el lóbulo de una oreja y pellizcándome los pezones.
Recién después de mi salvaje acabada las mujeres reaccionaron insultándonos.
Una de ellas corrió al teléfono para pedir un taxi, y se vistieron de prisa.
Justo al momento en que dieron el portazo sentí la leche de mi Amo llenarme el culo.

Nos desplomamos en la cama y me dijo: -Recuerda que te prometí que sacaría a flote tu verdadera naturaleza.
No contesté nada. Entonces comenzó a acariciarme la espalda.
-También te prometí que hoy recibirías un premio por tu buen comportamiento. Asentí con la cabeza. -Nos quedaremos a pasar la noche. Solos los dos. No como amo y esclavo, sino como dos amantes.

Antes de levantarse para preparar el hidromasaje me tomó la cabeza y me dio un beso muy largo y muy dulce.
Y pude decirle por primera vez: – Gracias Germán…
Ese día comprendí que además de haberme adoptado como esclavo, me había elegido como amante.
Eran los comienzos de nuestra relación, porque esto…

Sucedió en Fortaleza en Noviembre 2009

El uno y el otro

oveja201611
A simple vista son dos tipos, dos machos de estructuras físicas similares…
Uno de ellos tenso, activo, el otro laxo, pasivo.
Uno dispuesto a penetrar, el otro dispuesto a abrir sus puertas, a recibirlo.
Está el que se arrastra, mientras el otro solo se apoya en el suelo para mantenerse elevado.

Uno de ellos desea abrirse, desea ser penetrado, desea ser fecundado aunque no es hembra, pero no es un hombre libre, es un macho seducido, fascinado por el poder del otro; es simplemente un esclavo.
El otro también es un macho aunque ahora no se dispone fecundar una hembra; decidió y está listo para sembrar en otro macho.
Sabe del sufrimiento que acompaña abrir un surco, hundir la lanza hasta llegar al interior húmedo y cálido; en eso radica gran parte de su goce, y para aumentarlo se esfuerza en ser duro e inclemente.

Ese macho que domina, que egoísta y generoso al mismo tiempo penetra a su esclavo sí es un hombre libre; es el Amo.

¿No es fácil de comprender?
Yo soy el fascinado, su esclavo; y todavía lastimado agradezco con lágrimas de dolor, emoción y una explosiva eyaculación de placer, la lanza de su verga y la descarga de su simiente en lo profundo de mi cuerpo.

Bendito Mirbeau

ovejanov2016

Sueño el jardín, veo la China, siento la mano, adivino el último clímax de sangre.
Maldigo al bendito Mirbeau, mientras la aguja del dolor borra todas las ensoñaciones con su poderosa fuerza y vacía la mente.

A punto orgasmo y otra vez a cero para recomenzar la deliciosa tortura de nunca acabar.
La mano de cuero suave, el aguijón ensalivado en punta de su lengua, y la maldad obstinada en que escale, negándome llegar a la cima cuando la araño con desesperado deseo.

Y otra vez las imágenes forjadas por la lectura asombrada y adolescente, de esas torturas que solo podían concebirse en el oriente; en jardines de perfumes espesos donde se mezclan quejidos con flores de tan carnales obscenas.
Eran cuatro horas de masturbación monótona y constante; sin interrupciones hasta que un estallido termina con la tortura, la misión del verdugo y la vida del reo, en ese jardín de los suplicios que recuerdo tan vívidamente.

Aquí y ahora ese apéndice mio tan sensible y tan baboso, palpita acariciado, y los huevos que pesan de tan cargados esperan por el próximo ahogo del puño que sabe estrujar para detener con dolor la descarga.
¿Cuánto más resistiré antes de morir en un orgasmo?

La respuesta la tiene el Divino Verdugo, su paciencia y su capricho.

ovejanov2016-001

La violación que faltaba

ovejanegra112016

– Qué se siente?
-Primero, fuego dentro de tu verga.
-Y después?
-Por qué no lo experimentas en tu propia pija? pídele al Amo que te sondee y no te quedarán dudas.

Manteníamos este diálogo tonto entre stephan y yo, de cama a cama antes de dormirnos en la oscuridad de nuestro cuarto.
El cachorro se había quedado impresionado porque nuestro Señor le permitió observar como me sometía a mi primera sesión de urethral sounding.
Antes de comenzar, tampoco yo sabía que era lo que me esperaba.

Recuerdo que inmovilizado con ataduras sobre una mesa, con los ojos vendados me abandoné esperando por las sensaciones que el Amo quisiera hacerme sentir.
Primero noté el roce del metal frío y húmedo en la cabeza del pene, luego los dedos que me apretaban el glande seguramente para conseguir que se abriera la boquita del meato.
A partir de ese momento, y poco a poco. un ardor fuerte cada vez más profundo a lo largo del tronco de la verga.
Para entonces ya había adivinado a que me sometía el Amo.
Por más que sabía que en sus manos no corro peligro, no pude dejar de tensarme.
Estaba tan agitado que me aturdía el palpitar de la sangre.
Era la violación que me faltaba.

Ya había pasado por desvirgar mi garganta, porque si bien no fue el suyo el primer pene que chupé, si fue el primero que me folló hasta las amígdalas, como también fue el único al que entregué mi culo para que lo desflorara, convirtiéndome en ese momento inolvidable en su hembra que temblaba de miedo y placer, lamiéndose los dedos embadurnados de sangre y semen.

Le había llegado el turno a mi virilidad; la sonda empuñada por la mano de mi Dueño era la encargada de violar mi verga, para hacerla también suya.
Cuando me quitó la venda y puede levantar un poco la cabeza encontré mi pija que se mantenía erecta al máximo mientras de su punta sobresalía un trozo pequeño de metal.
Todo el conjunto brillaba empapado de gel.

Por un segundo stephan se acercó a mirar con expresión de asombro.
El Amo entonces dejó su pene morado por la hinchazón a disposición de mi boca, mientras Él se entretenía acariciando, solo con la yema de sus dedos, mi verga empalada.

Me costó muchísimo demorar mi orgasmo esperando la orden de acabar recién cuando me disponía a tragar su leche; y no sé cómo saltó la mía al expulsar la sonda porque estaba de ojos cerrados limpiándolo con la lengua y succionando desesperado las últimas gotas.

Por suerte estaba sujeto a la mesa, porque en ese momento los dos nos estremecimos al tiempo que nuestros penes ultrasensibles nos bombardearon el cerebro y nos sacudieron.

ovejanegra112016-001

Volviendo al diálogo de esa noche, stephan me respondió:
-Me da miedo…
-Cagón! le dije riéndome y dándome vuelta en la cama para cerrar la charla y disponerme a dormir.
Me quedé pensando aunque no se lo dije, que no dependía de su voluntad el experimentar.
Dependía del capricho de Él, que por algo era nuestro Dueño.

Sucedió en Manila agosto 2010

Crueldad refinada

2016mes11ovnegra

En general distinguimos dos clases de crueldad: la que nace de la estupidez, que, nunca razonada, nunca analizada, iguala al individuo nacido así con la bestia feroz: no proporciona ningún placer, porque quien está inclinado a ella no es susceptible de ningún refinamiento; las brutalidades de un ser así, rara vez son peligrosas; siempre es fácil evitarlas; la otra especie de crueldad, fruto de la extrema sensibilidad de los órganos, sólo es conocida por seres extremadamente delicados, y los excesos a que lleva no son sino refinamientos de su delicadeza; es esa delicadeza, embotada demasiado deprisa por su excesiva finura, la que, para despertar, utiliza todos los recursos de la crueldad.

¡Qué pocas personas conciben estas diferencias!
¡Cuán pocas las que las sienten!
Y sin embargo existen, son indudables.

Donatien Alphonse François de Sade “La Philosophie dans le boudoir”

Reencuentro

La ausencia de mi Amo siempre se me hace insoportable, esa vez habían pasado muchos días y aunque me mataba realizando actividades físicas el agotamiento no era suficiente.
Durante el día llevaba puesto un cinturón de castidad para impedir la erección, y solo me lo quitaba para dormir.
En tres oportunidades desperté mojado de semen, por lo que decidí no sacármelo para nada hasta que mi Señor regresara, por más que la molestia y el dolor fueran torturantes.

Una tarde, por fin después de un viaje de más de 15 horas apareció mi Señor, con el cansancio y el stress lógico.
En cuanto lo vi abandoné todo y me postré en el piso ocultando mi cara.
Ardía en deseos de contemplarlo, pero no podía parar de lagrimear.
En mi vida anterior llorar era tabú, pero a medida que acumulaba experiencias a su lado, con frecuencia las emociones me ahogan y no podía evitarlo.
Tenía vergüenza de que me viera en ese estado.
El tomó mi barbilla, me levantó la cara y besó mis ojos.
Solo fue un momento de suave ternura, pero valía más que el millón de momentos de espera.

ovejanegra16nov

Me pidió que lo desnudara, y allí comenzó mi banquete.
Una por una le fui quitando todas las prendas.
Cuando posé mis labios en sus manos y no me rechazó, aproveché para besar primero y lamer después cada uno de los rincones de su cuerpo.
El olor y el sabor de mi Amo son mi droga.
La sal de su sudor acumulado, su aroma personal mezclado con su perfume y el del tabaco de sus cigarros, el vello rubio que le cubre el pecho y las piernas, sus músculos que fui relajando con la caricia de mi lengua, me fueron emborrachando.

Después de quitarle el boxer transpirado apareció ante mí su verga erecta; quise llevármela a la boca pero la tensión del momento venció a mi Señor y me apartó bruscamente.
Con furia me sacó el pantalón que vestía y al ver el cinturón puesto me ordenó buscar la llave.
No tardé más de dos segundos en hacerlo.
Con brusquedad mi Señor prácticamente me arrancó el cinturón de castidad.
Ante un gesto que conozco me arrodillé ante Él y abrí la boca.
Con los ojos cerrados esperé la entrada de su verga.
Por un acto ya reflejo ante el cuerpo desnudo del Amo segrego gran cantidad de saliva.
Cuando se hundió con un solo movimiento hasta la garganta, logró su cometido: humedecerla para sodomizarme.

Por más que la excitación del momento me predispusiera, después de un largo período de abstinencia mi ojete permanecía cerrado.
Sentí la penetración como si me estuviera hiriendo con una espada.
Dobló mi cintura casi quebrándola, me abrazó y con sus manos como garras me apretó contra su cuerpo.

Dispuesto a devorarme me mordió el cuello y comenzó a cogerme con una intensidad que no puedo comparar.
En silencio, ya que me faltaba el aire hasta para gemir, convulsionándome por la fuerza de los estímulos y con el frote de su cuerpo sobre el mío, mi sexo ardiente comenzó a supurar los líquidos del éxtasis.

Más tarde, ya con su semilla caliente en lo más profundo de mi cuerpo, comenzó la sesión donde debí purgar con dolor el sufrimiento que le ocasioné a mi Señor.
Él también había sufrido la falta de su esclavo el tiempo que duró la ausencia.

Sucedió en Manila en febrero 2010