En la carretera

ayax

Aquí está mi Matchless 1966, la moto que me enamoró cuando la descubrí en Manila en el 2011.
Quedo un poco estropeada cuando un accidente la lastimó a ella más que a mi.
Costó bastante recuperarla pero se consiguió y desde entonces durmió como la princesa Aurora cubierta por una lona, envidiando a su moderna compañera de garaje, la Yamaha mt 03 que casi a diario sale de paseo.
Por suerte su sueño no tuvo que esperar 100 años como esa otra princesa, porque ayer la destapé y desperté con un beso.

Pudo más el deseo de pavonearme como hace tiempo no lo hacía.
Me calcé unos jeans, mis zapas y el casco, arranqué la querida moto inglesa que vaya a saber quienes montaron antes, y salí a la carrera todo lo rápido que permiten las leyes.

Quería mostrar las marcas que lucía mi lomo desnudo.
Rojas huellas del cinturón de cuero que estalló varias veces, porque me producía un dolor endemoniado pero no podía dejar de reclamar por más.
Huellas brillantes gracias al gel desinflamante que el Amo aplicó acariciando con la yema de los dedos con tanta ternura como furia habían tenido sus anteriores cinturonazos.

Sentir el viento frío en el pecho me puso de mármol los pezones, el calor del ardor en la espalda, imaginar miradas curiosas y adivinar comentarios de rechazo, de admiración y de envidia me encendió al punto que cuando regresé a casa tenía la bragueta mojada.

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Fascinación

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Origen de toda fascinación el Fascinus.
Hubo en Roma una piedra en forma de fascinus (pene erecto) donde las novias se sentaban antes de los esponsales, quizá evitando simbólicamente los riesgos de la desfloración por parte del novio.
Allí Chilon inició sexualmente a Mesalina durante la fiesta de Miphiseleth.
Las palabras “Hic habita felicitas” (Aquí reside la felicidad) rodeaban las esculturas del dios Príapo.
Para las Saturnales los esclavos se vestían de patricios y los esclavos se disfrazaban de lobas.
Las lobas eran las prostitutas, obligadas a vestir un manto pardo, igual al que siglos después visten los monjes de clausura.
En las Lupercales los varones se disfrazaban de lobos y flagelaban a los pasantes para purificarlos y a las mujeres para estimular su fertilidad.
Pierre Jacomet

Un Falo me enciende, me nutre, me fascina.
Me hiere, me marca, me penetra.
Posee todas las virtudes, toda la potencia la fuerza y la energía de todos los falos sagrados de la historia.
Se convierte en mi eje, y alrededor de Él giro, acelerando el giro para provocarme el trance que me emborracha y pierde.
Derviche poseído por el Falo ardo y renazco de las cenizas.
Su clímax me calma, me cura, me fecunda.
Ese Falo, que es síntesis de todos los falos, siempre me encontrará abierto para recibirlo,
Me fascina; junto a el “habita felicitas”.

Noche triste

Ya era de noche y el Amo no regresaba.
El tránsito caótico de la megaciudad le había causado molestias otras veces, pero nunca lo había demorado tanto.
En casa todo estaba organizado; la cena dispuesta esperaba un golpe de horno para llevarla a la mesa, las bebidas y el hielo listos para preparar su trago.
Yo, su puto ansioso, repasaba constantemente detalles de mi aspecto, temiendo no gustar.

La voz un poco chillona de una mujer me sorprendió y corrí para ocultarme.
Mi Señor llegaba acompañado de una puta.
Se trataba de una linda morocha, menuda, de cabellos cortos, muy joven, con lindas piernas y buenas tetas.
La mujer se reía cuando mi Amo le susurraba palabras al oído.
Creo que ya le había contado que en su casa encontraría a un esclavo desnudo esperándole, porque reclamó mi presencia con un grito para ordenarme que le sirviera unos tragos.

Había alcanzado a ponerme un jean como única prenda.
Cuando tenía listas las bebidas y fui a servirlas, el Amo me ordenó quitármelo.
Se habían instalado en un sillón y se manoseaban.

La  próxima orden puso más en claro quién era quién en esa casa; a cuatro patas tenía que traer una soga larga de las que usamos para bondage.
Me vi obligado a llevarla como un perro el períodico, sostenida con la boca.

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Las siguientes tres horas las pasé abrazado a un árbol del jardín, inmóvil, fuertemente atado.
Un detalle de la puta;  al rato de que el Amo me había abandonado, ella también desnuda y con una risita que me sonaba idiota me roció todo el cuerpo con repelente para los mosquitos. Se lo agradecí desde el alma porque se escuchaban los zumbidos por todo el parque.
– Gracias Señora – se me ocurrió decirle, y ella me revolvió el pelo con una caricia brusca y una carcajada.

¿Quieren saber que sentí?
Imaginen.
El que me hubiese visto pensaría que quería arrancar a ese árbol al que estaba amarrado de raíz.

Cuando regresó el Amo, para desatarme, no se molestó en dar ninguna explicación y nuevamente a los empujones me llevó al interior.
Me trató como lo que soy, un simple perro.
Y yo lo acepté; lo volví a aceptar,como muchas veces más.
Aceptar y sufrir.
Porque el animal domado, cumple con los mandatos sin protestar; pero eso no quiere decir que no sufra.

Sucedió en Manila en Enero 2010

Antínoo

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Mediodía perfecto en Egipto, Antínoo duerme.
Diríase barbilampiño, algo rubio de sienes,
hábilmente depiladas sus piernas para hacer más lenta y reiterada la caricia de Adriano.
Su cuerpo, apenas un botón de miel salvaje,
un cervatillo de oro bajo la faz del sol.
Entre los cuernos de Isis observó Ra su belleza.
Viera tan sereno y soberbio adversario dulcemente dormido a la sombra,
que su celo desgarró la lona del toldo,
la cúpula sofocante del aire,
quemando con un rayo el ánade tibio de su pecho.
Quedaron a un costado, mudos, desencajados, los ojos de Adriano,
tristes como yeguas que ahuyentar quisieran la muerte del amigo.
Mercedes Escolano

Para Esteban, la encarnación de Antínoo que conocí,

Vestido de esclavo

 
-¿Qué buscas atando a este chico?
Hacerle sentir mi dominio; le respondió el Amo al Maestro.
-¿Solo eso? Porque tu bien sabes que lo tienes dominado. Yo te haré ver que busco cuando ato; y ten presente que no lo hago exclusivamente con mis sumisos; tal como lo haré ahora con el tuyo.

Lo primero que hizo el viejo fue cerrar las cortinas del amplio ventanal para ocultar el brillo de las torres que rodeaban ese piso alto del barrio de Retiro.
El ambiente era amplio y cálido, las luces suficientes para crear un clima íntimo; tenue un piano de fondo que no podía identificar, sonaba como si fuese Arvo Part.
En resumen un oasis en el anochecer helado de la ciudad ruidosa.

El Maestro no había perdido su acento alemán, ni su presencia vigorosa, a pesar de que ya ha pasado más de treinta de sus casi ochenta años en Argentina.

-Deja tu copa y desnúdate, chico.
Desde que entramos, y me dejó con la derecha extendida en el aire cuando el Amo nos presentó, había dado por sentado que la única forma de comunicarse conmigo era dándome órdenes sin esperar réplicas.
Estaba claro que yo era la mascota de mi Dueño, y que solo con él se entendería.
Me pareció lógico, y siendo tan pocas las veces que podía poner en evidencia ante terceros mi entrega al Amo, me sentí bien.
Estuvo demás que mi Señor, aprovechando que el Maestro salió un momento para buscar las cuerdas adecuadas, me recomendara que esperaba que me portara muy bien.

Se habían reencontrado después de varios años; el alemán había sido su profesor en la UBA, y no sé cómo, lo había llegado a sentir tan afín hasta confiarle su interés por el bondage. Desde esa época  establecieron un contacto a la distancia con correos esporádicos.

Eran muchos metros de una soga suave y blanca que el Maestro desenrollaba y medía a la vez, antes de comenzar a explicar como armaba los lazos, los aseguraba, y con precisión tejía esa tela de araña que me envolvía de a poco.

Cuando terminó, y mientras los dos me observaban me sentí vestido de esclavo.

 
-Lo que busco cuando ato, es obtener placer con el resultado. Para eso necesito tomarme tiempo para estudiar al sujeto; imagino en que objeto me gustaría convertirlo y como lo haría.
Cuando tengo la idea busco los elementos para ponerla en práctica.
Busco la inmovilidad total, y la posibilidad de desplazarlo a mi antojo; busco que pueda acomodarse en distintos ángulos para que me de una impresión distinta cada vez.
Busco marcar sus formas, aumentarle belleza a sus miembros, y crear un conjunto bello.
Busco que pueda soportarlo para deleitarme usándolo, o solo observándolo.
No quiero ser de esos cocineros que se demoran horas con un plato que consumirán a las corridas en pocos minutos.

-Querido, te invito con otra copa; admiremos a tu pieza y a mi trabajo, y luego te invito a cenar.

Sucedió en Buenos Aires en julio 2015

Por la noche de rodillas

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Los grandes chulos inflexibles, estrictos, son sus sexos floridos de los cuales no sé ya si son lirios o si lirios y sexos no son ellos del todo; hasta el punto que por la noche, de rodillas y con la imaginación abrazo sus piernas.
Tanta rigidez da conmigo en tierra, hace que los confunda, y el recuerdo que doy de buena gana como alimento para mis noches, es el tuyo que cuando lo acariciaba permanecía inerte, estirado.
Tu verga, desenvainada y blandida, atravesaba mi boca con la aspereza repentinamente perversa de un campanario que revienta una nube negra, de un alfiler para sombreros que pincha un seno.
No te movías, no dormías, no soñabas: te habías fugado, inmóvil y pálido, helado, recto, tendido y tieso en la cama como un féretro en el mar y yo sabía que éramos castos mientras, atento, te sentía desaguar dentro de mí, tibio y blanco, por sacudidas breves y repetidas.
Quizá estabas jugando a gozar.
En la cumbre del momento, un éxtasis tranquilo te iluminaba, rodeando tu cuerpo de bienaventurado un nimbo sobrenatural como un manto que desgarrabas con la cabeza y los pies.
Jean Genet

Vitrina

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La madrugada fresca nos recibió a la salida del Café d´Anvers.
Me recosté contra el pecho de mi Amo, con esa sensación de aturdimiento que provoca cambiar estrépito de discoteca por silencio de calle nocturna.
Con su brazo en mi hombro, asumiendo su rol de guía, me dio la estabilidad necesaria para recorrer las pocas calles del antiguo barrio de los marineros que nos separaban de nuestro hotel.
A esa hora ya eran bastante menos las vitrinas iluminadas del barrio rojo con chicas ofreciendo sexo rápido y experto.
También eran menos los transeúntes que se paseaban por la zona; la mayoría tipos como nosotros que salían de alguno de los sitios visitados un viernes que ya era el pasado de un sábado nuevo.

Los que se paraban delante de los escaparates aparentaban ser potenciales clientes; diferentes a los visitantes de la tarde, turistas curiosos llegados de sitios más puritanos y que se dan ánimo estando en grupo y haciendo chistes tontos.
Con la esperanza de encontrar todavía abierto el bar De Vagant y probar alguna de las singulares ginebras locales, nos desviamos de nuestra ruta; y en la última de las vidrieras ya saliendo del barrio rojo descubrimos la que nos llamó la atención por lo insólita.

El caso único de un chico rubio vistiendo solo un jockstrap, sentado en una silla, imitando la pose del Ángel Azul.
Cuando detectó que lo mirábamos, se puso a caballo de la silla, sacando un culo, que no era para nada despreciable, al contrario.
Daba gusto admirarle el trasero, y seguramente mucho más gusto daría morderlo; con su apariencia de durazno maduro.
Nos detuvimos demasiado mirando embobados, hasta que un señor de barba canosa se adelantó, cerró trato y se bajó la cortina privándonos del espectáculo.

No conozco que existan casos de putos exhibidos en escaparates, aunque sea común la prostitución masculina.

Creo que hasta las autoridades que reglamentan este negocio no lo permiten.

¿Seríamos testigos de un trasgresor que aprovechaba hora y lugar poco transitado?
¿Sería un trabajador independiente, o un esclavo al que su Amo buscaba humillar y explotar?
Pero el carácter singular de chico objeto que se oferta en vidriera como postre de confitería nos impactó.

Jugando con la fantasía mi Dueño calentó la mañana con imágenes de las mil manera en que me expondría en una vitrina, y de cuanto dinero ganaría con ese comercio.
El cansancio de la jornada pronosticaba culminarla con un polvo relajado; pero el chico del escaparate consiguió transformarlo en uno tan bueno y morboso que merece este recuerdo.

A la noche siguiente, que era la última que pasamos en la ciudad, esa vidriera estaba ocupada por una morena muy bonita.

Sucedió en Amberes, noviembre 2014