A los libertinos

Voluptuosos de todas las edades y sexos, sólo a vosotros dedico esta obra; nutríos con sus principios, porque favorecen vuestras pasiones; pasiones con las que fríos y ramplones moralistas os espantan y que son solo los medios de que utiliza la naturaleza para lograr que el hombre llegue a comprenderse como ella misma lo comprende.
Escuchad únicamente a esas deliciosas pasiones; su órgano es el único que ha de conduciros a la felicidad.

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Vosotros, amables libertinos, que desde vuestra juventud ya no tenéis más frenos que vuestros deseos, ni más leyes que vuestros caprichos; si deseáis recorrer todas las sendas floridas que os depara la lubricidad id muy lejos, convenceros de que solo cuando se amplía la esfera de vuestros gustos y fantasías, cuando se sacrifica todo a la voluptuosidad, el desdichado individuo que llaman hombre, y a quién han arrojado a este triste universo a pesar suyo, puede sembrar algunas rosas sobre las espinas de la vida.

Donatien Alphonse François de Sade

Bôto

Na praia de dentro tem areia
Na praia de fora tem o mar
Um bôto casado com sereia
Navega num rio pelo mar
Tom Jobim “O bôto”

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El bôto es un mamífero cetáceo nativo del Amazonas y de las costas de los mares muy parecido al delfín.
Según la leyenda popular por las noches el bôto sale de las aguas, se viste de blanco, oculta su gran nariz con el ala de un sombrero, y seduce a las mozas dejándolas encintas.
En muchos poblados costeros de la cuenca del Amazonas y de las playas del mar del norte de Brasil muchachos y muchachas “filhos de bôto” acompañan a sus madres, sirenas con piernas, que recuerdan la noche inolvidable e irrepetible de la visita y el coito.

Mi primer recuerdo del mar está asociado a una playa con fuertes olas heladas, enormes desde mi perspectiva. Seguramente en la costa argentina o uruguaya del Atlántico, durante algún veraneo con la familia mientras era arrastrado por mi padre para que saltara esas olas.
No sé a partir de cuando dejé de temerlas y aprendí a gozar con ellas.

El mar cálido del Brasil me embriagó en plena adolescencia; largos días de un perpetuo verano en casa de mi abuela junto a Arpoador en Río, de la mañana a la noche agotaba todas mis fuerzas para aprender las lecciones de como sostenerme y pasear sobre las olas montado en una tabla.

Más tarde y más al norte, en Fortaleza, el sol más fuerte, un mar más caliente y el viento potente que hace zumbar los molinos junto a la playa y que hincha las velas de los saveiros; y el nuevo desafío: agregar una vela a la tabla, y practicar hasta convertirme en un idóneo instructor de windsurf.

Toda esta cadena de sucesos afortunados me llevaron a Jericoacoara, para lo que yo creía era simplemente gozar de la naturaleza y conocer desde mi puesto de instructor gente distinta cada semana.

Jugando al sumiso por internet una noche se efectuó el contacto, y a los pocos días en ese lugar remoto y mágico el encuentro.

Yemanyá dirían los nativos llenó de magia el día en que El me llegó y me llenó.
Cariñosamente me llamó “bôto”, y así me suele decir cuando me ve tan entusiasta entrar al mar.
Como una semana en Calamian donde abandonando toda convención, la choza de un islote primitivo fue testigo de nuestra vida salvaje.

Este último fin de semana en un rincón de Angra dos Reis, volvió a llamarme bôto al verme saltar desnudo al mar picado, disfrutando del tiempo tormentoso.

Más tarde en la noche el confort de la civilización nos abandonó junto con la energía, el viento apagó las velas y solo los relámpagos alumbraron nuestros cuerpos sudorosos entrelazados.
Allí ya no sé quién fue el bôto de quién, pero el coito; los coitos como dice la leyenda fueron fabulosos.
Se despilfarró el abrazo, el mordisco, las penetraciones y el esperma. La tormenta estalló la lluvia y los orgasmos.

Ahora recuerdo esa noche tan cercana con la misma ilusión de repetirla que la ilusión de las muchachas del noreste, las que ruegan en escondidas por la visita de la leyenda.

¡Ayúdame!

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¡Abrígame! ¡Protégeme! ¡Abrázame!
A este mudo al que no le salen las palabras se le saltan las lágrimas y le tiembla todo el cuerpo.
¡Socórreme! ¡Ayúdame!
Te ruega en silencio mi ser.
Refúgiame entre tus brazos, no me sueltes, aprieta hasta que escuches como se quiebran esos huesos que calcinaste en la hoguera.
Estoy herido y solo me curará tu presencia y tu abrazo.
Me consumo de fiebre o de frío, que más da.
Atrás mi dignidad de hombre, no me importa ser cursi.
Soy tuyo y te imploro.
Tú le das valor a mi mundo.
Defiéndeme del vacío que significa tu ausencia.
Fecúndame con tu semilla para que crezca en mí la vida.
Sin ti no soy nada, contigo lo soy todo.

Yo me metía en su fuego

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Allí me hirió el amor, y el corazón me sacaba.
Díjele que me matase, pues de tal suerte llagaba; yo me metía en su fuego, sabiendo que me abrasaba, disculpando al avecica que en el fuego se acababa.

Estábame en mí muriendo, y en ti sólo respiraba, en mí por ti me moría, y por ti resucitaba, que la memoria de ti daba vida y la quitaba.

Juan de la Cruz

Más

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Este es el límite de tu resistencia.
No soportas más.
Piensas que ya tu cuerpo no soporta más dolor. Piensas que tus músculos acalambrados de tan tensos se separarán en hebras, dejando expuestos los huesos listos ya para quebrarse como cristales.
Si te quedara garganta aullarías.
Si Él te tuviera piedad le rogarías clemencia.
De pronto un relámpago te ciega, un trueno te aturde y el rayo te atraviesa.

¿Qué es esto?
Te preguntarías si pudieses pensar.
Es un lago de fuego seco y húmedo a la vez en el que te sumerges.
Ahora laxo, ahora estremecido por la energía punzante que te araña,
El tiempo no cuenta.
Nada te importa, lo has olvidado todo, has borrado todo el pasado; solo quieres seguir allí dejándote llevar por esa correntada de lava que corre a la inversa, desde valle al cráter.

Una caricia que se enreda en tu pelo, unos labios rozando los tuyos, insinuando un beso, te despiertan del ensueño.
Apenas puedes balbucear un por favor.

– ¿Qué es lo que quieres? te pregunta.

– Más.

Premio

Parecíamos dos amigos en plan de pasarla bien.
Prácticamente tenemos la misma edad y casi la misma altura.
Dos machos con buen aspecto; uno casi rubio, con barbita; y el otro más moreno, más bronceado.
Vestidos en forma similar, bermudas y remeras sin mangas, sentados en la terraza de un bar de Fortaleza, tomando unas cervezas.
La noche recién empezaba.
Esa mañana mi Señor me había dicho: -Voy a darte un premio por tu comportamiento, te llevaré a la ciudad y recibirás algo que sé que te gusta.
Sabía que por más que me muriera de ganas de conocer de que se trataba no debía preguntar.
Le encanta ponerme ansioso y observar como sufro tratando de disimularlo.
Me limité a darle las gracias y a esperar.

Desde que leyó mi perfil y en la larga charla que tuvimos el primer día que nos conocimos, antes de comenzar con nuestra relación, le expliqué que me también me iban las mujeres.
Desde muy joven empecé a notar que son muchas las que me miran con codicia, y algunas se me ofrecen descaradamente.
Me da gusto calentarlas y me aplico a full cuando tengo que cogerlas.
No quiero decepcionarlas y las trato con cierta rudeza y fuerza pero empleándome a fondo preocupado por dejar una imagen de macho dominante e irresistible.
-Yo voy a poner en evidencia cuál es tu verdadera naturaleza. -Me había dicho ese día.
Y con una risa nerviosa, provocada por la turbación que me causaba estar delante de semejante macho, deseándolo y sabiéndome deseado, le comenté que no quisiera verme privado del placer de estar con mujeres, aunque fuese esporádicamente.

Cuando estábamos ya viajando a Fortaleza, en plena ruta me dijo: -Vamos a “levantarnos un par de minas” como dices tú, y nos vamos a montar una orgía. Quiero verte en acción, que me demuestres como es ese machazo seductor que dices ser con las hembras.
No supe que decir, porque me tomó por sorpresa; pero al instante me embargó un sentimiento raro y angustiante.
¿Esa noche vería como mi Amo gozaba con otro cuerpo que no era el mío?
No me agradaba la idea; esta no era una salida con un compinche para tener una noche de joda…
Creo que tal vez notó algo raro en mí.
Enseguida me ordenó: -Chúpame un poco la verga, quiero relajarme. Esquivar todos estos camiones me tensa.
Prácticamente me tiré al piso de la Land, saqué su pija que estaba en reposo y la comencé a chupar dulcemente.
Cerré los ojos imaginando cuantos de los conductores de esos camiones, desde sus cabinas más altas nos verían, aunque para ellos fuera solo un flash confuso y provocador.

Al rato estábamos terminando nuestras cervezas y tres brasileras a las que habíamos sonreído y les habíamos pagado las copas se levantaron bamboleando sus culos rumbo al toilette.
Volvieron a sentarse dos, la tercera desapareció, y cuando sacaron sus cigarrillos, mi Amo se acercó para darles fuego y hablar con ellas.
Enseguida me hizo señas para que me una al grupo.
No voy a cansarlos con detalles que no tienen importancia, solo para ubicarlos: eran turistas del sur de Brasil, de esa tierra donde se da un mestizaje interesante entre alemanes, austriacos, rusos, indios y negros.
Lindas hembras jóvenes, apenas 20 años, buenos cuerpos, geniales “bundas” (culos) y muy accesibles.
Tenía que mostrarle a mi Señor mis dotes; en realidad no me resultó muy difícil convencerlas de dejar el bar por un lujoso motel en donde podríamos no solo estar cómodos sino también disfrutar de una buena cena.
Y partimos, cada uno con la suya al lado.
Como de costumbre la elección la hicieron las mujeres, y sospecho que ya en la intimidad del toilette las tres hembras se disputaron quién se comería el rabo de quién.y cuál se iría en busca de otro.

No más entrar mi Señor propuso que nos bañáramos, y cuando ya estábamos en pelotas nos pidió que nos adelantáramos que él prepararía unos tragos.
Se demoró unos minutos y para cuando apareció en la puerta del baño con una botella de champagne y unas copas, yo ya tenía arrodilladas debajo de la lluvia de la ducha a las dos hembras. Una me lamía la pija, y la otra me pasaba la lengua por las nalgas, sin atreverse todavía a abrirlas.
Escuché las carcajadas de mi Señor y me ruboricé, lo miré y noté que se estaba empalmando.
¡Es tan difícil explicar mis sentimientos! Orgullo de saber que ese ejemplar era mi Amo y de que yo podía excitarlo, vergüenza de que me viera en esa situación si él la consideraba ridícula, o contento de que me dejara afirmarle que yo no era una puta cualquiera y que me resultaba fácil desahogarme sexualmente si quería; que si admitía y gozaba con las cosas que él me hacía era porque me había conquistado como ningún otro.

Pasamos a la habitación, empujé a la cama a una de las mujeres; la que me había lamido la verga.
La puse boca arriba para metérsela en la boca con brusquedad acariciándole los pezones suavemente. Sabía que esa mezcla volvía loca a mi exnovia.
Estaba muy pendiente de él. Agotada su copa tomaba champagne directamente del pico de la botella; recostado sobre un sofá miraba la cama con si se tratase de un espectáculo montado para él, y con el pie desnudo le indicó a la otra hembra que se uniera a nuestro número.
-Le prometí a mi amigo un regalo, háganlo gozar entre las dos, más tarde me integraré al grupo- Dijo al tiempo que tiraba unos condones sobre la cama.
Por suerte estas mujeres no tenían ni una pizca de inhibición y colaboraron de muy buen gusto para que pueda brindarle un show a mi Amo.

Como dije antes se que puntos tocarles con violencia y cuáles con suavidad para mantener alta la excitación.
Lengua y dientes para sus culos y sus clítoris, succión de sus pechos y sus orejas, lengua profunda en sus bocas.
La que me había lamido las nalgas perdía el control chupándome el orto hasta que la aparté para penetrarla.
La otra era más creativa, me chupaba los pies, los dedos de la mano, ponía su sexo a la altura de mi boca y me acariciaba la cabeza, se prendía de mis pezones y se masturbaba mientras yo le daba pija a su amiga.
De vez en cuando escuchaba exclamaciones de mi Amo alentándonos a seguir, y cuando lo miraba se sonreía y dirigía sus ojos a su precioso falo alzado, para que yo comprobara cuanto le gustaba.

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Ustedes pensaran que mientras tanto yo tenía que controlarme para no acabar. Nada más errado, estaba re-caliente, cuando me cambiaba los condones notaba mi verga encharcada de fluidos, pero estaba lejos de alcanzar la satisfacción suprema.
Sentirme así observado y juzgado me alteraba mucho.

Un gran peso se sumó a la cama al mismo tiempo que la voz de mi Señor decía: -¡Bueno señoras, ahora ustedes fuera de la cama y a observar, para aprender!
Simultáneamente las mujeres se levantaron extrañadas y yo me puse de rodillas dejando que una salga debajo de mí.
-Voy a enseñarles como se hace para que este animal goce.

No dijo más, las mujeres al principio rieron histéricamente, y mi corazón se paralizó.
Toda mi sangre se fue a mi cabeza y sentía su olor en mi nariz, mientras las orejas latían con tal fuerza que pensé que explotarían.
Su pija estaba más que lubricada con precum, y mi culo lleno de babas de la hembra que tanto le gustaba lamerlo.
Así y todo le costó un trabajo sobrehumano meterla de golpe porque me debo haber cerrado como la caja de un banco fuera de horario.
No grité porque no tenía aire en los pulmones, solo abrí la boca.
Sentí un dolor terrible que me hizo olvidar por una fracción de segundos la terrible vergüenza y humillación por las que estaba pasando, y milagrosamente la sangre que todavía no se había ido a mi cabeza buscó de escaparse de mi cuerpo por mi pija.
Mi Amo la manoteó, le quitó el condón que todavía llevaba puesto, y la soltó para que ella durísima y morada por voluntad propia se alce hasta tocarme la barriga, se convulsione y estalle en cinco chorros de esperma.

No pude cerrar los ojos, las mujeres estaban aterradas, o tal vez calientes como nunca en su vida.
Mi Señor siguió perforándome el culo un poco más, mordiéndome el lóbulo de una oreja y pellizcándome los pezones.
Recién después de mi salvaje acabada las mujeres reaccionaron insultándonos.
Una de ellas corrió al teléfono para pedir un taxi, y se vistieron de prisa.
Justo al momento en que dieron el portazo sentí la leche de mi Amo llenarme el culo.

Nos desplomamos en la cama y me dijo: -Recuerda que te prometí que sacaría a flote tu verdadera naturaleza.
No contesté nada. Entonces comenzó a acariciarme la espalda.
-También te prometí que hoy recibirías un premio por tu buen comportamiento. Asentí con la cabeza. -Nos quedaremos a pasar la noche. Solos los dos. No como amo y esclavo, sino como dos amantes.

Antes de levantarse para preparar el hidromasaje me tomó la cabeza y me dio un beso muy largo y muy dulce.
Y pude decirle por primera vez: – Gracias Germán…
Ese día comprendí que además de haberme adoptado como esclavo, me había elegido como amante.
Eran los comienzos de nuestra relación, porque esto…

Sucedió en Fortaleza en Noviembre 2009

El uno y el otro

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A simple vista son dos tipos, dos machos de estructuras físicas similares…
Uno de ellos tenso, activo, el otro laxo, pasivo.
Uno dispuesto a penetrar, el otro dispuesto a abrir sus puertas, a recibirlo.
Está el que se arrastra, mientras el otro solo se apoya en el suelo para mantenerse elevado.

Uno de ellos desea abrirse, desea ser penetrado, desea ser fecundado aunque no es hembra, pero no es un hombre libre, es un macho seducido, fascinado por el poder del otro; es simplemente un esclavo.
El otro también es un macho aunque ahora no se dispone fecundar una hembra; decidió y está listo para sembrar en otro macho.
Sabe del sufrimiento que acompaña abrir un surco, hundir la lanza hasta llegar al interior húmedo y cálido; en eso radica gran parte de su goce, y para aumentarlo se esfuerza en ser duro e inclemente.

Ese macho que domina, que egoísta y generoso al mismo tiempo penetra a su esclavo sí es un hombre libre; es el Amo.

¿No es fácil de comprender?
Yo soy el fascinado, su esclavo; y todavía lastimado agradezco con lágrimas de dolor, emoción y una explosiva eyaculación de placer, la lanza de su verga y la descarga de su simiente en lo profundo de mi cuerpo.