Noches flageladas de agitada vigilia

ovejo

Esta celda que fue prisión del cuerpo,
armadura severa más que casa de meditación o exilio del mundo,
cárcel de los sentidos,
dulce esposa invisible donde templar las almas de virtud serena,
qué pasión encendida y rugiente debió guardar cuando era el siglo XV y Florencia bullía de animación y goce,
que no pudo apagar el vasto muro ni oscurecer la grave reja,
mientras Savonarola cumplía su castigo entre la espesa humareda subiendo a los cielos.

Qué noches flageladas de agitada vigilia,
de horas como sierpes robadas al estudio,
de ojos transfigurados como un santo por el deseo,
pasiones saciadas sin desmayo.

Lo dicen los colores sensuales de ese fresco,
en la pared manchada cinco siglos atrás por el cálido semen de un novicio.

José Gutierrez