Narciso

Colgado en un marco el espejo refleja la magia de un joven que se anuncia hombre.
Joven y reflejo se adoran con igual pasión.

narcisoveja

A orillas del lago medir el tiempo no tiene sentido.
Para Narciso las horas se detienen mientras estudia cada músculo, cada trozo de piel, cada pelo.
Con todas esas piezas arma amorosamente un puzzle que observa a su observador simétrico.

Para seducir al bello del lago Narciso baila y se acaricia; arrebatado besa su imagen en el espejo, y confundido masturba un sexo que no distingue si es el suyo o es del otro.
Qué importa saberlo, si cualquiera de los dos le da satisfacción.

Cuando llegan los orgasmos simultáneos, crispados y vehementes, cada uno ofrece su placer a su reflejo; conscientes de la comunión que los completa.

Calmado el éxtasis, los dos jóvenes serenos y hermosos, observan como la leche flota sobre la superficie del lago, y chorrea por la luna del espejo.

Dedicado a las pajas conque festejaba mi metamorfosis de niño a hombre.

Noches flageladas de agitada vigilia

ovejo

Esta celda que fue prisión del cuerpo,
armadura severa más que casa de meditación o exilio del mundo,
cárcel de los sentidos,
dulce esposa invisible donde templar las almas de virtud serena,
qué pasión encendida y rugiente debió guardar cuando era el siglo XV y Florencia bullía de animación y goce,
que no pudo apagar el vasto muro ni oscurecer la grave reja,
mientras Savonarola cumplía su castigo entre la espesa humareda subiendo a los cielos.

Qué noches flageladas de agitada vigilia,
de horas como sierpes robadas al estudio,
de ojos transfigurados como un santo por el deseo,
pasiones saciadas sin desmayo.

Lo dicen los colores sensuales de ese fresco,
en la pared manchada cinco siglos atrás por el cálido semen de un novicio.

José Gutierrez