La llave

Debo salvar al mundo.
Esa misión es una carga para los privilegiados.
Pondré mi vida en riesgo, sin miedo, sin importarme las heridas ni las pérdidas.
Tardaré tanto como sea necesario, no conozco el largo ni las vueltas del camino.
Tendrás que esperarme, esa es tu pequeña penitencia.
Rogar por mi salud será tu distracción y consuelo.
Seguramente el mal me tentará y alguna vez quizás caiga en la trampa.
Los peligros esperan agazapados, listos para asaltarme en mis momentos más débiles.
Pero recuerda que me perteneces, recuerda que no abandono mis propiedades.
Seguramente regresaré con riquezas que premien mi sacrificio.
Alguno de mis trofeos será para ti.
A cambio espero descansar en las sábanas blancas que habrás bordado con encajes, mientras esperas nuestro reencuentro que será glorioso.

Yo me llevaré la llave del sello que te guarda.
En todo momento colgará de una cadena sobre mi pecho.
Por las noches la besaré pensando en ti, y pediré perdón arrepentido de los pecados que haya cometido.
Si una desgracia me impide volver, ya sabes que en lo oscuro te estaré esperando impaciente, con esta llave guardada en mi puño cerrado.
Tendrás que acelerar tu tránsito, recordando siempre que me perteneces, aquí y allá.

oveja