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¡Por favor, no me marques!

ove

Yo quería pintarte con mil morados, quería estamparte mi firma con un bisturí.
Te habías convertido en mi cordero ideal.
Temblabas inclinado sobre el ara del sacrificio.
Te ardían los labios, te brillaban los ojos y el mármol blanco de tus ancas se entibiaban con mis caricias violentas.

¡Por favor, no me marques!

Tu ruego corría buscando escaparse del laberinto de mi duda.
¿Qué querías?
¿No estabas allí esperando por los dolorosos placeres de la víctima?
-No me marques; ¿era un pedido o una provocación?

Te mordí el cabello.
Y así tomado, sin soltarte, como si fueses una cría, me lastimé los puños golpeando la pared.

Me pediste perdón, besaste mis nudillos sangrientos y te fuiste.