En tiempos de guerra

En tiempos de guerra el miedo es espeso.
Es una sopa fría que todo lo envuelve.
No estás a salvo en tu refugio porque lo invade; a medida que se cuela por las rendijas se acumula en capas que te van helando desde la planta hasta la cabeza.
En permanente vigilia lates tan escandalosamente que alertas al peligro y te delatas.
Esperas que llegue el momento en que el frío denso se agudice al punto de herirte con astillas de hielo.

De pronto hueles otro cuerpo cerca.
Está cubierto con la misma cáscara helada, nadando en la misma ciénaga. pero conservando todavía el pequeño corazón caliente.
Lo buscas, o él te busca, o tal vez ambos se atraen por una extraña fuerza.
Lo cierto es que solo es posible el acople, la aniquilación, o ambas cosas a un tiempo.

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En tiempos de guerra el hambre te carcome las tripas y te ciega la razón.
Te lanzas sobre la presa aullando, y te conviertes en la presa del otro.
Los cuerpos se mutilan a mordiscos.
En tiempos de guerra se violan más cuerpos que nunca.
La violación se desea, se busca, es una forma de batallar, de vengarse y de destruir; también es la forma de invadir la entraña cálida de los cuerpos ateridos por el miedo.
Es la manera posible de introducirse en otro a donde depositar nuestra tibieza; o la de ser el receptor de la vida caliente que se escapa con cada orgasmo.

También hay cuerpos que se entrelazan y frotan quitándose el frío, tratando de olvidar el dónde y el cuando viven.
Esos cuerpos se inflaman y babean buscando fundirse, buscando la forma huir, de no pensar que el hielo puede interrumpir el romance y destruirlo definitivamente.

En tiempos de guerra el sexo es trascendencia.
Trasciende la marca que has sembrado en otros cuerpos, o trasciendes tú, guerrero que esperas otro combate.

Señales

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Estallidos, sirenas, latigazos de agua helada, insultos y gritos.
Gases, balazos, golpes, heridas.

La multitud observa embelesada por TV como cruje la tierra de los morros, como se raja, y como de ese sismo nace un monstruo vengador.
Crece el fenómeno y se agiganta mientras suenan trompetas y golpean tambores.

Armados y abanderados corren con los torsos desnudos cantando sus consignas de odio a plena luz del día, interrumpiendo la placidez de las playas en formación de legionarios romanos.
¡Justicia! gritan mientras saborean la sangre de la venganza.
Pero la justicia es más injusta que nunca y la sangre es la de su propio cuerpo que devoran.

Son señales que anuncian la proximidad de una era oscura.
Ya nos juzgaron y nos encontraron culpables de vivir y dejar vivir, pecamos amor, sensualidad y fiesta; tendremos que pagar caro ese atrevimiento.

La miseria y la muerte para los otros, decreta la nueva conciencia que avanza sin frenos.
Mientras ese perro rabioso muerde su propia cola.

Sissy

Coger a un sissy boy es tan rico como comer un durazno jugoso y dulce.

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Los mejores de su especie conocen las mañas de la hembra más caliente y refinada.
Soportan con dignidad los tratos bruscos.
Aparentemente frágiles y vulnerables tienen morbo y coraje suficiente para permitir que los exhiban y los compartan.
Caprichosos, insaciables.
Pueden guardar sus sentimientos bajo llave o mostrarse en carne viva, según convenga a su estrategia de seducción.
Doctorados en tentaciones llenan tu copa cada vez que la vacías.
Jugando su juego es muy difícil distinguir la araña de la mosca.

Mejor es no descuidarse, se puede caer en la adicción.
Y hasta correr el peligro de enamorarse.

Papa Legba

¡Papa Legba, Atibon Legba, Alegba, Papa Legba abre la puerta!

papa legba

Era un poco más tarde que la medianoche de uno de los últimos días del pasado Junio, en el cruce de dos caminos vecinales cerca de Lotte en Lousiana; a un paso de los pantanos del Atchafalaya National Wildlife Refuge.
Los relámpagos lejanos anunciaban mucho calor para el día siguiente.
Ese era el pronostico de mi acompañante que seguramente acertaría ya que se trataba de un veterano del paraje.
Él (me hizo jurar que no mencionaría a nadie su nombre) era negro, delgado, canoso y llevaba puesto un formal traje oscuro como para asistir a una boda o un funeral.
Discípulo del haitiano Fred Staten alias “Príncipe Keeyama” o “Chicken Man”.

Fred Staten, reverenciado como sacerdote voodoo, era apodado por sus discípulos “Papa Midnight”; también era un showman que en la década de 1970 en New Orleans trabajaba en un night club.
Su número, que dejaba a los espectadores impactados incluía bailes y magia, y culminaba mordiendo el cuello de un pollo vivo para beber su sangre.
Así ganaba el dinero para vivir -dijo mi acompañante- engañando a los turistas como todo el mundo en New Orleans.
Por sus trabajos serios Papa Midnight no cobraba un dolar, solo aceptaba regalos de sus fieles agradecidos.

Todo se vende y se compra en New Orleans.
El jazz, el cajún, la cocina creole, el mardi gras y también el voodoo.
Atraídos por el “Big Easy” los visitantes se dejan llevar por la fantasía exótica, se relajan y gozan sin preocuparse de la autenticidad de aquello que se consigue a cambio de dinero.
El New Orleans Historic Voodoo Museum ofrece visitas guiadas al Saint Louis Cemetery para saludar la tumba de Marie Catherine Laveau, la más prestigiosa Reina Voodoo muerta en 1881.
Tanto en el tradicional Barrio Francés como en Báton Rouge el nombre Voodoo apellida no solo tiendas de amuletos, velas y polvos para practicantes y neófitos; también restaurantes, comercios de ropa y drugstores llevan ese nombre para identificarse como típicos.
Como en Brasil y en Cuba para sobrevivir las religiones africanas se vistieron ropajes cristianos y nacieron rituales sincréticos.
Son comunes los ritos voodoo de bendiciones, casamientos y oráculos.
El voodoo vende y mucha gente vive de ese comercio.

Conocer al discípulo de Papa Midnight resultó de una circunstancia no buscada.
Alguien que fue mi compañía toda una noche, me sedujo por tener no solo un físico armonioso y un comportamiento desinhibido para el sexo, sino también una cultura sofisticada.
Cuando notó había despertado mi curiosidad se ofreció a presentarme a su guía voodoo, a cambio de discreción.
A través de ese hombre, que aseguraba no era un estafador, tendría la posibilidad de invocar al portero de mundo espiritual, a Papa Legba.

Legba es el guardián de las encrucijadas. es el que comunica al mundo de los vivos con el mundo de los espíritus.
Habla todos los idiomas, es quién abre las puertas; sin él ninguna ceremonia se puede realizar.
Asocia la creación, la generación y la vida, a él se le pueden consultar sin tabúes asuntos de sexo; es un lwa de orden y destino.
Legba es rebelde y travieso como un niño y al mismo tiempo sabio como un viejo.
A los falsos y a los aduladores los engaña; le gusta la música y canta.
¿Cómo resistirse a la fascinante posibilidad de contactarse con Papa Legba?

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Y allí estábamos esa medianoche, el sacerdote y yo, en la encrucijada.
Acompañados por un coro de ranas, en la oscuridad perturbada por el lejano reflejo de los relámpagos y la Ronald Reagan Highway; con mi ofrenda de tabaco y whisky moonshine.
Esperando a Papa Legba para que me abra la puerta.