Desasosiego

Separadas del cuerpo principal de la hacienda de la Baronesa, tres construcciones notoriamente más rústicas, se alinean a sus espaldas. No son iguales entre ellas, y también están bastante separadas entre sí.
La más alejada, que tiene mayor tamaño, es la que se utiliza para alojar trabajadores rurales generalmente temporarios.
Le sigue una mediana que ocupan los establos, según me explicó Uriel.
Recién la segunda noche de mi estadía en dominios de la Baronesa, me enteré para que se utiliza la más pequeña y cercana.

Cuando Uriel abrió la puerta nos entramos a una habitación pequeña despoblada de muebles, con excepción de un banco sin respaldo y dos percheros de madera colgando de la pared.
Mientras me ayudaba a desnudarme observé que tenía dos puertas más que comunicaban con el interior.
Una de ellas por la que pasamos daba a un ambiente amplio iluminado por velas, con varias estanterías colmadas con un instrumental en condiciones de competir con la sección sadomaso del mejor sexshop.

Mi guía no me dio tiempo para curiosear el dungeon de la Baronesa, me sorprendió ajustándome un antifaz ciego, y tomándome de la mano me llevó hasta un espacio que al pisar noté era una superficie plástica.
Allí me dejó después de asegurame los tobillos y las muñecas a unas cadenas que me obligaba a tener los brazos en alto y las piernas separadas.
Después de varios minutos de un silencio absoluto, escuché el sonido de una cerilla al encenderse, y enseguida el perfume embriagante del patchouli invadió el ambiente.
Traicionado por la ansiedad, esperando a oscuras, no podía dominar el temblor que crecía y se elevaba en mi cuerpo desde la planta de los pies.

Una música suave era casi imperceptible, pero a medida que transcurría el tiempo aumentaba su intensidad.
La identifiqué con el lúgubre Sopor Aeternus.
Mientras tanto esperaba, sin saber qué, esperaba.
Tomé conciencia de lo sofocado e indefenso que estaba en ese lugar.
Abandoné la lógica del razonamiento para sospechar que estaba en manos de una maniática y que tal vez jamás podría contar esta experiencia.

negraoveja. 054

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

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