Helada Berlín

berlinhelada

¿Qué puede esperarse del invierno en Berlín?
Una metrópolis helada, nevada interminable, semi oscuridad, suelo resbaladizo.
Siempre viva, Berlín espera el calor, un azote también extremo que según los berlineses convierte a sus calles en planchas ardientes.

Resumen de la humanidad en esta urbe han brillado mentes, combatido cuerpos, se ha desparramado odio y amor, dolor y placer, opresión y libertad sin medidas.
Se destruye y se reconstruye, se crea y se roba.
Siempre jugando con las dicotomías, de Berlín a veces se huye, y otras veces se vuelve o se viene por primera vez.
En este tiempo difícil la marea que atraviesa las puertas de la ciudad es la que llega para quedarse; se trata de una marea que la enriquece, porque el gusto por el kebab se ha instalado por la fuerza como la orgullosa Nefertiti cautiva.

Los berlineses son golosos de dulces y de música. Bebedores, comilones… y perversos.
A través del tiempo peregrinaron a Berlín los perversos sexuales; y salvo durante los períodos de tinieblas, como el del Tercer Reich, se mantuvieron discretos pero siempre presentes y activos.
Testigos del palpitar de la vida que no se interrumpe sino que bulle, bellísimas lesbianas, sádicos amos, sumisos y sumisas, fetichistas, celebrantes del walpurgis aprovechan cuando asoma la libertad a ocupar la vidriera para mostrarse sin pudor e invitarte a participar de su fiesta.

Un atardecer de Enero, saliendo de los museos y desafiando el tiempo impiadoso de la Unter den Linden, se abrió el cielo para demostrar que la claridad todavía existía.
Tiritando, como corresponde al pez tropical que soy, me acerqué a un muchacho para enseñarle una dirección escrita.
Correspondía a una chocolatería, pero era la pista que teníamos para ubicar en sus cercanías un sótano.
Un lugar bajo tierra que conservaba ese invierno el calor de la vida.
Calor que guarda las raíces y las semillas, donde se refugian animales, insectos y perversos como nosotros; que buscábamos desnudarnos, exhibirnos y sudar a latigazos.

Allí en ese vientre nos recibieron como a pares, curiosos con la novedad, deseosos de participar hasta el límite que les permitieran.
Me caldearon como para soportar el castigo de la correa y desear más.
Me hicieron estremecer bañándome con su placer, y atesorar el recuerdo del orgasmo acariciado por manos anónimas.

Esa fue mi única vez en Berlín; y puedo dar testimonio que en la urbe se puede experimentar el frío y el calor más extremo en una misma noche.

negra oveja

Enero 2015

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

4 comentarios en “Helada Berlín”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s