La historia que me contó la Baronesa del cacao

Para los lectores de Jorge Amado, la cantera del cacao brasileño está en los campos que rodean a Ilheus en Bahía.
No tienen en cuenta que, pasados los dorados tiempos en que Gabriela cocinaba con clavo y canela, las plantaciones de cacao sufrieron el barrido impiadoso de la vassoura de bruxa.
La escoba de bruja es un hongo que ataca a los cacaueiros, plaga maldecida por los Coroneles que vieron como se esfumaban sus plantaciones y su poder cuando la maldita los devoraba.

El coronelismo, es un termino que en Brasil define una estructura de poder regional con caudillos despóticos, los Coroneles.
Los Coroneles son personas de fortuna con influencias políticas, terratenientes de poblaciones rurales del interior donde las diferencias sociales son abismales.
En Ilheus estos ricachones, que no reconocían a ningún poder superior sobre la Tierra, después de recorrer sus haciendas se bajaban de los caballos y se hacían llamar Barones, asumiendo una sofisticada pedantería.

Si bien todavía el sur de Bahía continúa abasteciendo la mayor parte de la producción, los territorios de la Amazonia, de donde partieron las plantas y las semillas originales, son hoy la fuente del mejor cacao; allí están multiplicándose las plantaciones y aumentando las fortunas de los terratenientes.

En el estado amazónico de Pará, y después de la 2da guerra mundial, una pareja formada por una francesa y un alemán, encontraron la paz y el anonimato que buscaban.
Venían marcados por los desastres de la guerra, pero con suficiente dinero como para comprar unas tierras en las que se puede cabalgar toda la jornada sin salir de sus límites. Allí fundaron familia y fortuna.
Sus cuatro hijos, tres varones y una mujer, cuando tuvieron la edad suficiente partieron a Europa para estudiar, más precisamente a la Suiza alemana.
Los varones solo volvieron al calor de la selva para visitar a sus padres; prefirieron vivir en ciudades con cuatro estaciones y confort y se las ingeniaron para establecerse representado negocios familiares y ajenos en Francia y Alemania.

La hija regresó a su patria para casarse con un político local, estar cerca del cuerno de la abundancia de la hacienda y controlarla con mano dura.
Su estéril matrimonio de conveniencia no duró mucho tiempo y al morir su madre se retiró a vivir en el campo.
Allí de cuerpo presente ejerció desde entonces la jefatura absoluta sobre bienes y personas que pisan sus tierras; y descubrió vengándose de su padre cuanto placer proporciona el dominar y torturar.

oveja negra

Esta brava mujer nunca conoció el pasado de su familia, pero tuvo tiempo de hacerse muchas conjeturas mientras estudiaba en Suiza, y conocía detalles de la historia reciente.
Esos padres sin pasado y sin relaciones, el macho tan severo, la hembra tan sumisa, los castigos físicos a los peones, considerados seres inferiores sin inteligencia, solo aptos para trabajar de sol a sol, confirmaban las sospechas de que eran fugitivos de un ayer que los condenaba.

El padre, al que los trabajadores de la hacienda y los pobladores de las cercanías llamaban Coronel, trataba con crueldad también a sus hijos.
Ante la menor falla disciplinaria les desnudaba las nalgas y se las castigaba con una tabla de madera.
Era más severo con los varones que con su hija, su preferida.
Tal vez por eso no pudo reprimir los celos cuando descubrió que la niña de nueve años escribió una cartita de amor a otro niño de la hacienda o del pueblo, al que nunca se pudo identificar porque la chica se obstinó en ocultarlo.

Cegado por la ira el Coronel desnudó por completo a su hija, la arreó hasta la varanda de la casa principal y frente a todos los servidores domésticos y dos peones a los que obligó sostenerla tomada de las trenzas, le dio tal tunda de cintazos que le hicieron perder el conocimiento.
No satisfecho con tan brutal castigo, a partir de ese momento la que consideraba traidora, pasó a ser la preferida a maltratar por nimiedades.
Solo por la insistencia del cura confesor de la familia, cedió que la niña se internara en un colegio religioso del exterior para educarse.

A vingança serve-se fria, se dice en Brasil.
La venganza de la Baronesa, tal vez se sirvió fría, pero a medida que creció la crueldad con la que humilló y torturó a su viejo padre le hizo hervir la sangre.
Descubrió que la encendía saberse poderosa y temida; y no quiso cerrar esa puerta a la voluptuosidad.
Hoy juega sus sesiones sádicas con hombres que le atraen, figuras que representan un poco a quién la tiranizó y un poco a ese otro que defendió hasta las últimas concecuencias.

La Baronesa aquí en Río, me confió su historia.
Ella también conoce la mía.

Me ha invitado a visitar su hacienda en Pará, y mentiría si dijera que no me tienta la idea.

Cadena mía

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Cadena mía, ¿no sabes que me he entregado a ti?
¿Por qué, entonces, no te enterneces ni te apiadas?
Mi sangre fue tu bebida y ya comiste mi carne.
No me aprietes los huesos.

Abu Muhammad Abd-Allah ibn Muhammad Ibn Sara as-Santariní
Taifa de Badajoz 1043 – 1123

La bruja de la Maré

En la ciudad de los contrastes violentos el complejo de favelas de la región de Maré alberga unos 70.000 pobladores mal censados; porque de ellos cuanto menos se sepa mejor es.

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Maré queda en la zona norte de la cidade maravilhosa, sus favelas olvidadas por los fotógrafos de postales turísticas, distribuyen gran parte del cheiro de calidad que consume la clase alta de Río.
De allí son los chicheiros, intermediarios, auxiliares jóvenes que difícilmente lleguen a viejos, distribuidores del cheiro, como familiarmente se le dice a la cocaína y la heroína.
Pobres que constituyen la base de la pirámide del tráfico; base que se puede desgastar con la muerte y la renovación, mientras la cúspide se mantiene intacta, disfrazada con la hipocresía que mantiene el negocio y se llama prohibición.
Prohibición, pecado, castigo, precio, dinero clandestino, fortunas, banqueros, poder. Una arquitectura perfecta de falsa moral que no tiene fronteras.

Maré es una de sus víctimas, acostumbrada a noches como la del 24 de Junio de 2013 cuando las fuerzas de seguridad entraron a perseguir ladrones y en la confusión mataron a los moradores y ocuparon la favela como territorio enemigo.

En Maré nació una bruja.
Mujer, negra, pobre, inteligente, bella, luchadora, lesbiana.
¿Más pruebas?
Volaba en la escoba de los derechos de los desposeídos, cocinaba en el caldero doctrinas de izquierda; su izquierda era la del corazón y la acción, no la de las declaraciones políticas traicionadas.
Despertaba conciencias y las atraía a sus aquelarres.

Bruja, brujísima según el infame Malleus Maleficarum de los pentecostales que gobiernan.
Tan bruja que merecía la hoguera.
Pero como los tiempos han cambiado, los leños de esa hoguera se reemplazaron por balas federales.

Marielle Franco

Los sicarios de los inquisidores quemaron a la bruja a tiros, exponiendo su odio ejemplificador.
El poder que se legitima con estafadores, oportunistas y una gran masa de ignorantes lleva la bandera de la muerte.
Muerte para los rebeldes, y muerte como sagrada solución para los que padecen en vida la miseria y la violencia, esos mansos que serán liberados dejándose cortar el pescuezo sin protestar, como los corderos.

Placeres nuevos

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El placer debe formar parte de nuestra cultura.
Está en ella pero debe integrarse mejor, no de manera vergonzante.
Es muy interesante observar que, desde hace siglos, las personas en general han hablado siempre de deseo, pero evitan hacerlo de placer.
Así afirman: “Debemos liberar nuestro deseo”.
¡No! Debemos crear placeres nuevos, y entonces acaso surja el deseo y se engendren otros deseos…

Las prácticas sadomasoquistas demuestran que podemos producirnos placer a partir de objetos extraños, utilizando ciertas partes inusitadas de nuestro cuerpo, en situaciones o circunstancias poco habituales.
Consideremos la posibilidad de utilizar nuestro cuerpo como fuente posible de una pluralidad de placeres.

Michel Foucault

Comenzó de a tres

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Tres puntas, tres púas, tres patas para equilibrar competencias, celos, deseos.
Egos en conflicto ardiendo juntos en la hoguera.
Máscaras que se arrancan a los mordiscos hiriendo la carne que cubren.
Guerra que solo termina cuando la mano más fuerte se adueña del látigo y se impone con violencia.

Después el Tirano seducirá a cuantos quiera, multiplicará su rebaño con azotes y caricias.
Y maldecirás la trampa de aquel juego de a tres, porque en el harem son más las noches de llanto que las de placer.