Con los puños apretados

ovejapuños

En guardia; se espera con los puños apretados.

Una corriente de aire frío cruza la habitación que es escenario de una ceremonia de dominio y entrega.

¿Será el látigo silbando su golpe el que romperá este silencio?
¿Será el bullir de la cera ardiente de un cirio manejado con mano experta y sádica derramándose sobre los hombros?
¿O será el gemido inevitable cuando la brasa de un cigarrillo se aplaste en los glúteos para dejar una marca eterna?

Desde la planta de los pies hasta la nuca la crispación no puede dominarse mientras llega el dolor ansiado.

Este tiempo de la espera es el momento más terrible.