Café da manhã

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Espresso puro amargo y caliente, papaya y mango bien maduros, jugo de abacaxi natural, pan tostado y queso para untar; nuestro café da manhã de este amanecer tropical que entra por la ventana, con el Sol rompiendo el nublado, dispuesto a brillar en los charcos de lluvia hasta extenuarlos.

No puedo llamarlo desayuno porque en mi léxico, creado en la niñez de Buenos Aires, esa palabra representa un dulce café con leche acompañado de media lunas de manteca, tibias y saladas, tomado a las corridas antes de salir para el colegio.

El café da manhã, en cambio, es mi tránsito del sueño al despertar.
Momento tibio, sereno, con perfume de nido y de floresta.
Hoy, en su compañía, es una ceremonia que preparo mientras se baña, y oficio cuando siento en la espalda su cuerpo húmedo y fresco, y un beso cálido en mi nuca.

Suéltame por favor, me haces temblar, me vuelves tonto, me haces desear lo imposible.
Como por ejemplo la magia de convertirnos en los ingredientes de este café da manhã para bebernos y comernos; o como comenzar el nuevo día huyendo por la ventana, desnudos abrazados para copular sobre el barro.

– ¿Salimos a correr beira mar antes que aumente el calor..?

– Ok, prepárate mientras lavo los cacharros. (Y limpio la penita que me da callar mi fantasía).

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

3 comentarios en “Café da manhã”

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