La satisfacción no es eterna

Dentro del túnel el ruido aturde.
Somos muchos, estamos apurados y los que no llevamos puesta la armadura de la refrigeración sudamos, porque somos caballeros sencillos apretando entre las piernas nuestra montura a motor.
No importa, porque luego nos escurriremos veloces entre las carrozas, que de tantas en el desfile están obligadas a mantener la fila ordenada.

Pero el Rebouças conoce trucos para sorprender.
Te traga mientras la Luna se refleja en la Lagoa, y te escupe a un aguacero en Río Comprido.
Detrás de las ventanas de sus carrozas, damas y señores prolijos y frescos, dedican una sonrisa con sorna a los empapados.
No importa, la venganza existe; con el dedo medio derecho en alto paso entre ellos y los dejo atrás, muy atrás.
Muchas menos lamparitas brillan en esta noche, al norte de la ciudad.
Son días previos a Navidad, y este año hay poco para festejar, a pesar de los carteles rojos de Coca Cola.
Me espera en la UNICarioca, al verme llegar corre bajo la lluvia y se sube a la moto.
Se abraza a mi cintura, me besa el cuello primero y luego lo muerde con dulzura.
Rechaza el casco protector, es joven, joven e imprudente; tanto como para acariciarme la entrepierna mientras acelero.
Ya vengo caliente imaginando el encuentro, y este contacto consigue encenderme.
¿Dónde vamos? Pregunta a los gritos.
A mi casa, esta noche te secuestro.

 

oveja negra

 

La satisfacción no es eterna.
La noche es larga y quiero repetir el plato.
Un plato sabroso que parece simple pero que mientras lo como, descubro que contiene muchos sabores.
Tu espalda que lamo mientras duermes es picante.
Todos tus agujeros son dulces, meterse en ellos es sumergirse en un útero protector del que no quiero salir.
Tu boca siempre tan dulce, incluso cuando te besé mientras conservabas junto a tu saliva parte de mi leche.
Tu lengua un pez que juega a escurrirse y que chuparé hasta sentirlo salado, y no lo arranco de su raíz porque quiero que tus quejidos siempre suenen tan eróticos como esta noche.
Tu cuerpo brilla boca abajo, sin almohada sin cubierta.
Los relámpagos se suceden más seguido, atendiendo mi pedido para verte mejor; esas dunas saladas que quiero morder y me freno para no alterar tu paz.
Un trueno que hace temblar los cristales te despierta, y me acaricias la cabeza como guiándola hacia tus nalgas, fruta jugosa.
Déjame entrar, te pido; y con pereza doblas una pierna entreabriendo la puerta.
Por favor esta vez despacio, susurras apenas.
Te crispas, por más que me he deslizado suavemente, y luego suspiras y me buscas la boca para sellar un beso que ninguno quiere abandonar.
Cuando comienza a golpear la lluvia en la ventana no puedo dominar el deseo de aplastarte y cogerte con furia.
Te muerdo el pelo, te aprieto el pecho y sueño con perpetuarte en esta cama.
Atado aquí, para mí todas las noches; sabiendo que esta es tu última noche, que mañana volarás a tu casa, a tus amores, a tu país, donde te esperan para celebrar una Navidad fría y luminosa como los carteles de Coca Cola.

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

2 comentarios en “La satisfacción no es eterna”

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