De aquellos días intensos

Una tarde en Manila, hace ya más de diez años.

Montar al cachorro de mi Amo es tan delicioso que no creo que exista macho que no lo disfrutaría intensamente.
Es una criatura que para definirlo con propiedad solo se me ocurre un adjetivo usado en Brasil y cuyo valor no es traducible a otro idioma con el mismo intenso sentido; stephan es un perro “gostoso”.
Tiene un cuerpo de muchachito muy masculino y muscularmente definido.
Algunos detalles lo hacen único, como su pelo rubio bastante largo y perfumado, su cuerpo totalmente depilado y levemente tostado, sus nalgas prominentes que esconden una raja un poco más pálida por no estar expuesta al Sol, y por último el agujero del culo que es su órgano más sensible.
Un circulo de carne rosada y húmeda que palpita y late involuntariamente cuando se excita, y que su propietario puede soltar y ajustar a voluntad para succionar, abrazar y acariciar la verga que lo perfora.

Ovejanegra

Saber que es la perrita donde mi Señor descarga su morbo y su leche, haberle envidiado la forma en que se entrega entre los brazos de mi Amo, amoldándose como un muñeco desarticulado que lleno de fuego le trasmite su fiebre al macho que lo penetra; me ha hecho desearlo muchas veces mientras me ha tocado observar, y a veces imaginar, los orgasmos.
Solo el deseo mucho más intenso de cambiar su lugar para que mi cuerpo ocupe su lugar y servir al placer del Amo desplazaba de mi cabeza en esos momentos las ganas de coger al cachorro.

Cuando el Señor me pidió que monte a la perra y que haciéndola gozar la inunde con leche, despertó con fuerza ese deseo que muchas veces reprimo.
El Amo más que observarnos participó con su presencia en el acto.
Acercándose y alejándose alternativamente para susurrarle al oído al cachorro que gozara de mi verga, que me ordeñara para dejarme seco, para tocarme delicadamente con la yema de sus dedos los huevos ordenándome que fabricara mucha leche para calmar la sed de la puta, consiguió de nosotros el descontrol que buscaba.

Fue un torneo para ver quién estaba más caliente y dejar al Amo más satisfecho.
A propósito fui corriendo el cuerpo del perrito mientras lo montaba para que mi culo y mis patas abiertas al máximo quedaran en el primer plano de la mirada de mi Señor.
Se lo estaba ofreciendo, para que no le quedaran dudas que para Él puedo ser un el perro más puto del planeta.

Sábado, 20 de marzo de 2010
De mi diario perdido en la Web.

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

Un comentario en “De aquellos días intensos”

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