Navegar é preciso

ovejanegra

Navegadores antigos tinham uma frase gloriosa:
“Navegar é preciso; viver não é preciso.”
Quero para mim o espirito desta frase, transformada
A forma para a casar com o que eu sou:
Viver não é necessario; o que é necessario é criar.
Nao conto gozar a minha vida; nem em goza-la penso.
Só quero torna-la grande, ainda que para isso
Tenha de ser o meu corpo e a minha alma a lenha desse fogo.

Fernando Pessoa

Avanzar es necesario, buscar es necesario; siempre.
No encallar, no abandonarse a la dulzura del puerto sometido al lazo del muelle.
Navegar es necesario, vivir sin riesgo no es necesario.
Amar es necesario, entregarse al amor es necesario.
Navegar hasta con peligro de naufragar.
Buscar hasta después de naufragar, en la superficie y en la profundidad del mar.
Nadar es necesario.
Bucear, abismarse, exponerse, fuerte y vulnerable a la vez, tal cual somos.
Constantemente buscar, hasta sin saber qué.
Inquieto nunca conforme.
Si no, ¿para qué vivir?

1

De aquellos días intensos

Una tarde en Manila, hace ya más de diez años.

Montar al cachorro de mi Amo es tan delicioso que no creo que exista macho que no lo disfrutaría intensamente.
Es una criatura que para definirlo con propiedad solo se me ocurre un adjetivo usado en Brasil y cuyo valor no es traducible a otro idioma con el mismo intenso sentido; stephan es un perro “gostoso”.
Tiene un cuerpo de muchachito muy masculino y muscularmente definido.
Algunos detalles lo hacen único, como su pelo rubio bastante largo y perfumado, su cuerpo totalmente depilado y levemente tostado, sus nalgas prominentes que esconden una raja un poco más pálida por no estar expuesta al Sol, y por último el agujero del culo que es su órgano más sensible.
Un circulo de carne rosada y húmeda que palpita y late involuntariamente cuando se excita, y que su propietario puede soltar y ajustar a voluntad para succionar, abrazar y acariciar la verga que lo perfora.

Ovejanegra

Saber que es la perrita donde mi Señor descarga su morbo y su leche, haberle envidiado la forma en que se entrega entre los brazos de mi Amo, amoldándose como un muñeco desarticulado que lleno de fuego le trasmite su fiebre al macho que lo penetra; me ha hecho desearlo muchas veces mientras me ha tocado observar, y a veces imaginar, los orgasmos.
Solo el deseo mucho más intenso de cambiar su lugar para que mi cuerpo ocupe su lugar y servir al placer del Amo desplazaba de mi cabeza en esos momentos las ganas de coger al cachorro.

Cuando el Señor me pidió que monte a la perra y que haciéndola gozar la inunde con leche, despertó con fuerza ese deseo que muchas veces reprimo.
El Amo más que observarnos participó con su presencia en el acto.
Acercándose y alejándose alternativamente para susurrarle al oído al cachorro que gozara de mi verga, que me ordeñara para dejarme seco, para tocarme delicadamente con la yema de sus dedos los huevos ordenándome que fabricara mucha leche para calmar la sed de la puta, consiguió de nosotros el descontrol que buscaba.

Fue un torneo para ver quién estaba más caliente y dejar al Amo más satisfecho.
A propósito fui corriendo el cuerpo del perrito mientras lo montaba para que mi culo y mis patas abiertas al máximo quedaran en el primer plano de la mirada de mi Señor.
Se lo estaba ofreciendo, para que no le quedaran dudas que para Él puedo ser un el perro más puto del planeta.

Sábado, 20 de marzo de 2010
De mi diario perdido en la Web.

Llama

ovejanegra2017 (1)

En reposo produce tanta satisfacción estética como la escultura más perfecta.

Pero juro que cuando un rayo de dolor intenso lo atraviesa, cuando ese dolor que lo paralizó por un instante no lo abandona, cuando sus réplicas le tensan los músculos, cuando busca desesperado liberarse; esa carne viva estremeciéndose es la más bella de las creaciones.
Tan bella como lo es la llama que da luz y calor.

En esa llama quiero convertirme. Ser el leño que arde para ti.

ovejanegra2017 (2)

La Reina de Lapa

madame sata

Todas las grandes ciudades tienen sus mitos.
Comentan que durante muchos años, antes y después de la segunda guerra mundial, cuando el barrio de Lapa de Río de Janeiro era refugio de traficantes, de rufianes y prostitutas; las madres, al caer la noche, llamaban a los niños que insistían en jugar en las calles, amenazándolos con la aparición de Madame Satã.
Y los garotinhos asustados se despedían de los amigos, para refugiarse en las pobres casas colectivas.

Pero Madame Satã, al contrario del cuco o del hombre de la bolsa, era un hombre de carne y hueso con una vida poblada de situaciones extraordinarias dignas de un personaje mitológico.
Había nacido en una localidad de Pernambuco en el año 1900.
Se llamaba João Francisco dos Santos, descendía de esclavos.
En su familia miserable eran tantos hermanos, diecisiete, que a los pocos años sus padres lo cambiaron por una yegua.

No podía ser más que un marginado; negro, analfabeto y homosexual.
Como los esclavos en sus jaulas, había aprendido el arte de la capoeira.
La acumulación de injusticias que protagonizó como víctima y de las que fue testigo de primera mano, forjaron un carácter rebelde y le dieron fuerza y habilidad.
Tanta habilidad y fuerza como para después de muchas vueltas, llegado a Río de Janeiro, y siendo un experto capoeirista, se enfrentara solo y desarmado con las partidas de cuatro policías que patrullaban el barrio de Lapa armados de cachiporras.
Esas partidas se ensañaban con las prostitutas que no aceptaban sobornarlos, y especialmente con los negros y homosexuales.

En 1928 se disparó un revolver que estaba en su mano y la bala mató a un guarda civil.
“La bala no terminó con su vida, la bala le hizo un agujero; el que acabó con su vida fue Dios”.
En una pelea de borrachos con el compositor Geraldo Pereira lo tumbó al piso.
“Cayó de cabeza al suelo, y murió. Morir murió por descuido del médico, porque lo llevaron vivo al hospital”.

Participó en más de tres mil peleas.
“Me gusta la pelea, pero nunca peleo a un paisano. Mas esa cobardía de la policía que llega, pega, atropella…no la tolero”.
Medía un metro con ochenta y cinco y pesaba ochenta y ocho kilos.
Se casó con una mujer solo para tenerla de madre de siete hijos que fue adoptando a medida que los encontraba.
Con ella como compañera pasó el resto de su vida.
Cuando se le gastaba un nombre por acumulación de procesos, se elegía otro. Llego así hasta llamarse de cinco maneras distintas.

Lo impactó una película de Cecil B. DeMille del año 1930; se trataba de “Madame Sata”.
Era la historia de un ama de casa a la que su marido engañaba, y que tomó la decisión de seducirlo presentándose disfrazada como una vampiresa en una fiesta a la que el infiel y su amante concurrían.

madamsatan7

En un baile de carnaval en el Teatro República, João se presentó vestido como la actriz Kay Johnson y ganó el concurso a la mejor máscara.
Esa noche de 1938 nació “Madame Satã”.
En sucesivos carnavales participando de los blocos Caçador de Veados y Caçador da Floresta se hizo tan popular que todos comenzaron a llamarlo por ese alias.
Con esos vestidos y con esa personalidad se subió a los palcos de los cabarets de Lapa como el transformista exótico que imitaba a las cantoras y las estrellas de cine, agregando la nota obscena y pícara que convertía su número en la mayor atracción.

En el terreno del sexo se proclamaba caçador.
Cosechó cantidad de amantes pasivos y preferentemente jóvenes, tanto en las calles y escalinatas de Lapa como en las cárceles.
Elegía a los masculinos, esquivaba cualquier rastro de romanticismo en las relaciones entre hombres, lo consideraba ridículo, y se negaba a tener sexo con “las bichas velhas”.
De allí la fama de violador de adolescentes, que siempre se encargó de desmentir: “Nadie hace lo que no quiere, a mí me gusta violarlos, pero no los obligo”.

Trató en la cárcel con criminales de todo tipo, desde Febrônio Índio do Brasil, un dentista que mató y comió unos doce chicos; hasta Gino Meneghetti, el famoso “bom ladrao”,”o maior gatuno da América”, “gato de telhado”, que despojaba de sus joyas a las familias ricas, y se escabullía de las patrullas y de las cárceles.
Era amigo de los malandros dueños de dotaciones de esclavas y esclavos (así los llamaba) blancos y negros, prostitutas y prostitutos de los burdeles y las esquinas.

No se cumplió su profecía de que moriría a los ochenta y cuatro años; falleció en 1976 “en su casa no porque el pobre no tiene casa; en su maloca” de Ilha Grande.

¡Lapa ha cambiado tanto!
Las luces, los colores, los turistas forman hoy parte de su paisaje.
Pero si te animas en una madrugada de tormenta brava, subir las escaleras desiertas y resbaladizas, cuando los cortes de energía han apagado la luz de los neones, solo queda encendido algún farol antiguo, y el viento sudeste enfría el ambiente; e invocas con la suficiente devoción al espíritu de Madame Satã, filho de Iansã y Ogum, es posible que a la luz de los relámpagos te sorprenda el fantasma de la Reina de Lapa.

Deberás entregarte a sabiendas que no le va el trato suave.