Pau de arara

El término “pau de arara” se originó en la costumbre de amarrar en una vara ararás, papagallos y otras aves, para transportarlas a las ferias.
Con el tiempo se lo utilizó en Brasil para llamar a los camiones que transportaban en sus éxodos a los inmigrantes pobres del nordeste.
La gente hacinada y a la intemperie recorría miles de kilómetros en su huida dolorosa de las sequías y el hambre endémico del sertão.
A lo lejos se escuchaba el barullo de las múltiples voces de esos camiones y comparándolo con el de las aves atadas al palo, se popularizó el uso del término “pau de arara” para llamarlos.

Durante los años de plomo de la dictadura, los militares sudamericanos adiestrados por franceses de la OAS (Organisation de l’Armée Secrète) aprovecharon las lecciones sobre sádicas torturas ejecutadas por las tropas francesas en Argelia durante la guerra de la independencia, para aplicar similares en lo que ellos llamaron “guerra sucia”.
Pero también pusieron su cuota de creatividad e inspirados por el originario “pau de arara” crearon y utilizaron cotidianamente un método de tortura consistente en colgar de un caño metálico y resistente a sus víctimas; los sujetaban por la parte posterior de sus rodillas y les ataban por encima las muñecas con una soga.

Vulnerables e insoportablemente incómodas las víctimas quedaban expuestas a electrochoques, asfixia, productos corrosivos, golpes y violaciones; mientras sus torturadores se burlaban equiparándolos con los loros que atados de una pata al palo abandonaban su destino de libertad en la floresta, para ser vendidos y soportar la jaula o las alas recortadas de la nueva vida.

ovejapaudearara

En la vasta geografía despótica de Latinoamérica no hay tortura que se haya mezquinado; no hay crimen que no se haya cometido.
Y esa saña destructiva no ha quedado en el pasado.
El espectro del dolor nos atraviesa y nos transforma; su intensidad no es uniforme pero es constante,
Cada tanto alguien denuncia torturas como esta aplicadas en forma clandestina, aunque no por eso desconocida, en prisiones oficiales y paraoficiales que la cómoda mayoría ignora refugiada en la postverdad de los medios de comunicación.

Y me afecta, que por confesar mi afición al sadomasoquismo, se me quiera comparar con los victimarios y las víctimas del odio.
Me entregado ardiendo de pasión, buscando el placer de mi Amo, odio comparar esa entrega voluntaria al juego con la tremenda injusticia de la imposición de la injusticia.
No hay juego que valga con las víctimas que de tan desesperadas no saben si resistir para sobrevivir o encontrar lo antes posible la puerta de la muerte.

Saber de ellos, pensar en ellos, eso sí es tormento.

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

2 comentarios en “Pau de arara”

  1. Naturalizamos que los diferentes no merecen el mismo cuidado. Pasa desde siempre y en todos lados. Una muestra en América de Alaska a Tierra del Fuego es el tratamiento que sufren los llamados indios y la indiferencia y complicidad con que los trata el grueso de la población “blanca”.

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