Las muchachas de Copacabana

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Si vienes hoy a Río de Janeiro atraído por su fama de capital libertina del cono sur, te encuentras que los caminos de acceso a la prostitución son variados.
Internet está plagada de anuncios de todos los colores, es un escaparate brillante no siempre correspondido con la realidad.
En los hoteles es posible encontrar a un camarero que maneje contactos de todos los gustos, y que te tranquiliza ya que tienes la garantía de saber donde localizarlo por cualquier reclamo.

Las llamadas “termas” son casas tipo spa que ofrecen atenciones especiales dentro del mismo establecimiento; las de lujo se encuentran casi todas en la zona sur.
Por ejemplo la “Centaurus” de Ipanema tuvo su momento de fama internacional cuando los paparazzi sorprendieron allí a Justin Bieber.

En la histórica Lapa abundan las “bonecas” y los “michês”. Boneca, se traduce como muñeca y así se les llama popularmente a las travestis, y michê a los prostitutos.
Ambos tienen prohibido ejercer su comercio en la famosa “Vila Mimosa”.

Localizada en la zona norte de Río, Vila Mimosa es un conglomerado de barsuchos, locales de striptease y viviendas miserables que la policía no toca, seguramente a cambio del pago de protección.
Allí se manifiesta abiertamente la profunda homofobia del brasileño medio.
No hay prostituta trans o travesti, o prostituto masculino que se atreva ha acercarse a las calles de este sitio que se ufana de mantener la pureza de la prostitución exclusivamente femenina para servir al macho cabal.
Hay que tener en cuenta que según estadísticas oficiales solo durante el año 2016 fueron asesinados en Brasil 144 travestis y transexuales.

Recuerdo que en mis años de adolescencia junto a los amigos compartíamos excitados por lo prohibido un porro de maconha y espiábamos a las prostitutas que entraban solas a la Boate Help de Copacabana y salían acompañadas generalmente por algún turista.
Las bonecas en cambio conseguían a sus clientes en la calle, y se paraban en pequeños grupos sobre la avenida Atlántica a partir del posto 5 de la playa; preferentemente en las esquinas desde la Sá Ferreira hasta la Francisco Otaviano.

Uno de los chicos de la banda, Nelson, nos contó que con el dinero de la mensualidad que le daba su padre una noche abordó a una de estas bonecas.
La tarifa más económica correspondía al servicio de una felatio dentro del automóvil del cliente. Como Nelson iba de a pie y no se conformaba con menos que una penetración, la travesti le propuso llevarlo a su casa y tomaron por la calle Sá Ferreira hasta llegar a la cuesta de la Saint Roman.
Esa subida conduce a la favela del Morro do Pavao y a nuestro amigo le pareció más prudente ofrecerse a alquilar una habitación en el hotel Ducasse frente al que estaban parados, a costa de gastar todo su dinero.
La boneca se negó rotundamente y casi a la fuerza lo obligó a acompañarla por un laberinto de callecitas hasta que en una de ellas se encontraron con un mulato tipo fisicoculturista que tras amenazarlo de hacerle perder la virginidad anal de manera poco amable le quitaron el reloj y hasta el último de sus ahorros.
Al pobre Nelson los de la banda le pagamos porros y cerveza durante todo un mes, eso sí a cambio que nos contara cada vez el cuento para reírnos con la risa fácil de los pibitos de dieciséis.

De esas muchachas de Copacabana, que según Chico Buarque tenían para el cliente lo que él quisiera desde una paraguaya de Jamaica hasta una balalaika peruana, muchas emigraron a París.
Algunas tuvieron que conformarse con trabajar a la intemperie en el Bois de Boulogne; pero las más sofisticadas y atractivas escalaron hasta ocupar su lugar en clubs nocturnos y prostíbulos elegantes.

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Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

2 comentarios en “Las muchachas de Copacabana”

  1. A boate Help fechou o ano 2009, então você tem mais de 25 anos.
    Estou cometendo um erro?
    Parabéns por incluir aquarelas cariocas no blog.
    Aqui tem a versão Elba da Las muchachas de Copacabana.

    Le gusta a 1 persona

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