En el puerto de Brest

“Brest es una ciudad dura, sólida, construida en granito gris de Bretaña.
En su dureza está anclado el puerto; en ella encuentran los marineros el sentimiento de seguridad, el punto de apoyo desde el que cobrar vuelo; ella les permite reposar del perpetuo vaivén del mar.
Si Brest es ligera, ello se debe al sol que dora débilmente sus fachadas, tan nobles como las venecianas, a la presencia de los marineros indolentes que caminan por sus callejas estrechas; por último, también a la niebla y a la lluvia…

Para las tripulaciones, Brest es la ciudad de «La Féria».
Lejos de Francia, entre ellos, los marinos sólo hablan de este burdel con groserías, con carcajadas; del mismo modo que pueden hablar de los patos de Cholon, de los naï anamitas, evocan al patrón y a la patrona sirviéndose de expresiones como esta.
«Te lo juego a los dados. ¡Como en la casa de Nono!»
«Este, con tal de cogerse a una pibita, sería capaz de jugárselo con Nono.»
«¡A este tipo le gustaría ir a ‘La Féria’ a perder!»

querelleovejanegra

Si el de la patrona permanece ignorado, los nombres de «La Féria» y de «Nono» deben de haber dado la vuelta al mundo, susurrados en los labios de los marineros, lanzados entre apóstrofes burlones.
A bordo, ninguno sabe a ciencia cierta qué es «La Féria», ni conoce con precisión las reglas del juego que cimenta su reputación; pero nadie, ni siquiera los novatos, osa preguntar nada: todos los marinos simulan estar al corriente.
El establecimiento de Brest aparece nimbado de un aura mitológica, y los marinos, al acercarse al puerto, sueñan en secreto con esta casa de citas de la que sólo hablan en tono burlón…”

Así Jean Genet ambienta su cruel fábula “Querelle de Brest”.
Novela que leí siendo todavía el adolescente eternamente agradecido a aquella profesora de francés que prefería a Genet y a Mirbeau antes que a François Mauriac.

Cuando ya mayor quise conocer el puerto y la fortaleza del Chateu de Brest, buscaba iluso el rastro de algún burdel que fuera inspiración de Genet para crear a La Féria.
No encontré ese rastro, pero en el enorme puerto moderno algunos hombres jóvenes y maduros merecían reencarnar al marinero Querelle y al patrón Nono para revivir la escena en que el bello asesino purga sus crímenes entregando la virginidad al patrón bufarrón.

Y me brotó un recuerdo de la fantasía, con perfume a tabaco y cognac, fragancias baratas de las putas, y el sudor ácido del violador, y el dulce del violado.
Violador y violado, ambos sorprendidos de su inmenso placer. Uno por calidez de la estrechez y la sangre, y el otro por su eyaculación intensa a pesar del dolor del desgarro.

La obra que ilustra es de Jean Cocteu a propósito de Querelle.

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

4 comentarios en “En el puerto de Brest”

    1. No tengo inconveniente en que lo publiques; me gustaría que informes el origen. Todo el texto encomillado pertenece a Genet, y el comentario posterior es solamente una confesión de la impresión que me causó leer la novela en su idioma original. Hasta entonces el gran autor me era desconocido.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s