Abrazo con k

Los sentimientos por más fuertes y profundos que sean son intangibles.
El amor, el odio, la pasión, la hermandad, el asco, no pueden tocarse; pero eso no impide que nos estremezcan a nivel físico.
No necesito tocar, ver, oler para que se me erice la piel al recordar momentos vividos junto a mi amigo k, por más que nos separe todo el diámetro del planeta.
Volver a estrecharlo entre mis brazos, palpar su cálida carne y sentir la fuerza de su cuerpo contra el mío, significó una experiencia de tal intensidad que no tengo argumentos, razones ni palabras aproximadas para describirla.

Mi Amo y el de k pautaron un encuentro, y acompañando a mi Señor viajamos hasta la casa que es el domicilio de k y su Dueño, casi a medio camino entre Boston y Milton en Massachusetts.
El imponente Amo de k que es guardián de las tradiciones BDSM nos recibió con mucha cordialidad siempre respetando las normas, por ejemplo solo le dirigió la palabra a mi Señor, y me dedicó una mirada admonitoria que me obligó a bajar la vista y no volver a levantarla a su cara hasta que nos retiramos.
Cuando k entró en la sala para servir unas humeantes tazas de café, me dolió el cuerpo frenando el impulso de pararme para abrazarlo.
k lucía magnifico, vistiendo solo un collar de perro en su cuerpo maduro de músculos y cicatrices, totalmente pelado salvo las cejas y las pestañas; bajas estas últimas supongo que siguiendo las instrucciones de su Señor de mirar solo el suelo salvo orden contraria.
Dejó por un momento la bandeja con la vajilla del café y abriendo una caja de madera con herrajes plateados le ofreció de rodillas un puro a su Amo.

– Primero a la visita – le ordenó su Amo, y obediente y siempre arrodillado le extendió la caja a mi Señor y con otra mano le ofreció un encendedor para calentar y encender el cigarro.
Repitió el gesto ritual con su Dueño y se retiró.

Los Amos conversaron un rato sobre asuntos comunes sin profundizar, hasta que tocaron en la charla el tema de nuestra vida en Filipinas.
El Señor de k se mostró curioso por conocer aspectos de nuestra convivencia diaria y dejó caer el comentario de que él es partidario de un régimen más estricto con su esclavo, que por ejemplo jamás abandona la casa sin su compañía.

Por fin mi Amo le mencionó el motivo fundamental de nuestra visita, tal como había sido pactado de antemano y se dispuso el contacto entre nosotros los dos esclavos.
Las reglas que se habían pactado eran:

– Los esclavos no se hablarán.
– Los esclavos no se besarán.
– Los esclavos solo se abrazarán y podrán mirarse a los ojos.
– Sus Amos darán la orden de finalización del abrazo.

Ingresó en la sala k llevando sobre un plato un cinturón de castidad que inmediatamente le fue colocado y cerrado por su Dueño, para después ordenarle que se arrodille y le bese la mano en señal de agradecimiento por el permiso que se le concedía.

– Anda- me dijo mi Señor empujándome el hombro.
Me acerqué a k, lo puse de pie y me animé a ser el primero en abrazarlo.
Creo que los dos a un tiempo nos mordimos la lengua para enmudecer los sollozos, las lágrimas nos nublaron la visión, y violentamos la presión de los brazos para estrecharnos con fuerza disimulando un temblor inevitable.

– Me gustaría que mi esclavo se quitara la camisa – dijo mi Amo.
Y el Dueño de k respondió – Que se desnude –
– ayax desnúdate!- ordenó mi Señor.

ovejak20132017

Y después de eso el abrazo fue pleno, como lo fue en el pasado.
Desnudos borrachos de una excitación que no tiene que ver con el deseo sexual, sino con la hermandad que podría sentir alguien que se cree el único habitante del universo y se encuentra con otro ser vivo.

Mi Señor me separó, después de no sé cuánto tiempo, y nos retiramos de la casa en donde k está gozosamente preso.
Por la noche, ya solos, mi Amo fue muy tierno conmigo.
Imagino que k y el suyo también habrán tenido sus momentos cálidos.

Esto me sucedió durante el verano del hemisferio norte en el año 2013, en el Condado de Norfolk, Massachusetts.
Nunca más he visto a k, y desde hace dos años no responde mis correos.

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

1 comentario en “Abrazo con k”

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