Domingo de baguettes vietnamitas, canciones de Cabo Verde y lucha

Era Domingo a la mañana; una mañana milagrosamente tibia de Junio o Julio del 2010 en Manila.
El Amo había ordenado que desayunáramos al aire libre, todos a la mesa como una familia.
Junto a stephan preparamos el café, los jugos, calentamos leche, apartamos manteca y mermelada de mango, tostamos pan y dispusimos todo en la baranda protegida por tela mosquitera.
Por suerte habíamos descubierto una bakery que además de tener nombre francés vendía croissants y baguettes de calidad; sus dueños descendían de vietnamitas emigrados seguramente herederos de las costumbres coloniales.
De ese pan estaban hechas las tostadas; cuidadas para que no se pasen y conservando su calor en una cesta especial.
Todo era delicioso, pero el disfrutarlo quedaba en segundo lugar; el primero era servir al Amo y estar atentos a su satisfacción.

Más tarde aprovechamos el sol para tostarnos
Mi Señor puso música para escuchar como le gusta, a volumen alto, y nosotros no abrimos la boca.
En esa ocasión eran canciones de Cabo Verde.
Recuerdo que las relacionó con las posesiones del Imperio portugués, y los genes de conquistador que conservaba de herencia.
Cerré los ojos para revivir la escena en que por primera vez me lo dijo, cuando recién llegado a mi vida escalábamos la duna de Jericoacoara para ver el atardecer desde lo alto.

Estaba en esas ensoñaciones cuando me tomó de un brazo y tiró de mí para que lo acompañe a zambullirse en la pileta.
Comenzó a jugar hundiéndome la cabeza, y por supuesto por tratarse de mi Amo no me resistí.
No le pareció divertida mi pasividad y me pidió que me defendiera.
Por entrenamiento soy muy rápido en el agua y me resultó fácil escabullirme para que no me alcanzara.
Noté su enojo cuando me ordenó enfrentarlo; quería pelea.
Incómodo, yo no sabía como resolver la situación; no entendía que esperaba de mí.
Sabe que el agua es mi elemento y que yo su esclavo tendría ventajas en un enfrentamiento. Pero la orden era clara.
Nos tomamos de los brazos primero haciendo fuerza para hundirnos, conseguí sumergirlo y lo empujé hasta la parte más profunda de la pileta.
Subí a la superficie y Él tras mio.
Su juego no había terminado, me dio un puñetazo en la mandíbula que me atontó por un momento. Aprovechó ese instante y tirándome del pelo me sacó del agua.

En el suelo me atacó con golpes de puño y llaves de lucha que son su fuerte.
-Defiéndete- me decía y yo hacía lo posible, que no era poco.
Con los revolcones salimos del borde de cemento y caímos sobre el césped.
El Amo comenzó a morderme.
A morderme con saña, por donde podía, por la parte del cuerpo que le quedara más a tiro de la boca.
Nunca lo había visto así.
Me había contado que a veces tenía peleas, como las que tenemos los muchachos cuando no podemos aguantar más una ofensa.
Y eso era lo que pasaba.
No era un juego, buscaba lastimarme, y lo gritaba; y además pretendía que yo su perro esclavo, me olvidara de mi condición y respondiera.
Me contagió su furia, pero como dije antes, poco podía hacer mi inexperiencia frente a las mañas de mi Señor.
Habíamos rodado nuevamente hasta el borde de la piscina.
En un momento en el que yo (cómo pensar en atraverme a eso!) estaba tratando de morderle una pierna me tomó del pelo que en esa época lo llevaba largo como a Él le agradaba, y me hundió la cabeza en el agua.

Me sujetó con toda su fuerza y no me soltó hasta que vio que por ahogo me había vencido.
Quedé agotado y confundido tirado en el piso, mientras Él se zambullía nuevamente.

Cuando salió se hizo secar con una toalla por el cachorro.
-Estás flojo, hace mucho que no te alimento con mis vitaminas- me dijo haciendo señas de que me acercara.
Fui hasta Él como correspondía a cuatro patas, me tomó de las orejas y me guió hasta su verga que olía a cloro.
Abrí la boca y mamé y mamé hasta que sentí como hervía su leche y la expulsaba a borbotones.
Es verdad que me hace bien y me fortalece.
Cuando la tomo, incorporo una parte de su ser a mí cuerpo.
Me siento eufórico y esa sensación me dura.

Por la tarde, quiso enseñarme alguna de las tomas de las que no había podido zafar.
Pero no fue una pelea, solo fueron ejercicios.
Soy un perro caliente y al sentir el contacto de su cuerpo no puedo detener la excitación.
La clase terminó con un polvazo de dos orgasmos.

Hercules and Diomedes by Vincenzo de Rossi, 1560s

Así imaginó la pelea entre Hércules y Diomedes el escultor Vincenzo de Rossi en el año 1560.
La escultura, realizada por encargo de Cósimo de Médicis, hoy se exibe en el Palazzo Vecchio de Florencia.

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

5 comentarios en “Domingo de baguettes vietnamitas, canciones de Cabo Verde y lucha”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s