Pasión

“Colgando de la cruz; el esclavo soportaba.
Sus muñecas estaban fuertemente atadas al patibulum, igual que sus tobillos al poste del madero.
El sudor que caía de su frente le molestaba terriblemente los ojos y se los hacía cerrar.
Todo su cuerpo se proyectaba hacia delante y sentía como si sus coyunturas se fueran a desprender. Ya había perdido la noción del tiempo.
Le parecía una eternidad la que llevaba crucificado.
Buscaba el aire proyectándose hacia adelante porque le costaba cada vez más llenar sus pulmones.
El sol inclemente lo envolvía en su fuego y le cocinaba las heridas que las agujas le habían dejado en los pezones y las que el látigo le había marcado por todo el cuerpo.
Sintió todo su cuerpo rebelarse, intentando romper sus ataduras, su corazón bombeó desesperado y la sangre fluyó con fuerza hasta el último de sus pelos.
Los que ya hacía rato observaban, se excitaron al ver como ese cuerpo brillante de sudor, pintado con los distintos tonos que le dejaron los cien latigazos recibidos, se inflaba como un pavo real haciendo la corte.
Emitió un grito ronco, sordo; y se empalmó tanto como para que su verga apunte hacia arriba y eleve la bolsa de los huevos.
Fue casi tan fugaz como el paso de una estrella, pero tan impresionante que, como si de una epidemia se tratase, el público contagiándose también se estremeció y empalmó.”

Hace mucho tiempo ya y dejándome llevar por la fantasía sádico erótica de la crucifixión escribí un texto del que el párrafo precedente es un fragmento.

pasionovejanegra

Pasión
Del latín passio, y este calco del griego πάθος páthos.
Acción de padecer.
Por antonomasia pasión de Jesucristo.
Lo contrario a la acción.
Estado pasivo en el sujeto.
Perturbación o afecto desordenado del ánimo.
Inclinación o preferencia muy vivas de alguien a otra persona.
Apetito de algo o afición vehemente a ello.
Sermón sobre los tormentos y muerte de Jesucristo, que se predica el Jueves y Viernes Santos.
Diccionario de la Real Academia de Lengua Española

Uniéndonos a la caravana de miles de filipinos y extranjeros que transitan la ruta que une Manila con San Pedro Cutud asistimos a las famosas crucifixiones.
El negocio del turismo no es el que establece la diferencia entre Sevilla y Cutud, la diferencia está en que los acólitos católicos que desfilan aquí se expresan con más brutalidad que los nazarenos andaluces, y que las imágenes transportadas por los costaleros son reemplazadas por cuerpos vivos clavados a maderos que se humedecen de sangre.
Me es muy difícil transmitir las emociones encontradas que me genera el, ni siquiera sé cómo llamarlo, evento.
El público se apiña para ver el desfile, algunos con la actitud de los que se acercan a curiosear un accidente de tránsito, con la morbosidad que es atracción y rechazo al mismo tiempo; otros devotos estremecidos por la emoción, y la mayoría desesperados por registrar con sus cámaras para después, reducida la vibración de un momento único de vida a una fotografía o un video, asimilarlo con la frialdad de la anécdota, del recuerdo.
Dentro ese marco cientos de hombres con el torso desnudo, anónimos, con la cara cubierta de trapos rojos, marchan ritmicamente flagelándose la espalda con látigos de bambú.
Son un ejército sangriento exponiendo su sacrificio a la multitud.
Por mil motivos diferentes han elegido ese papel, cada uno tendrá sus razones conscientes, pero seguramente estarán agitándose en busca de un arrebato de placer a través del dolor.
Por último los crucificados.
Para mejor entender su motivación final estas palabras de uno de ellos:
“Deseo que el momento del sacrificio llegue cuanto antes.
Cuando me empiezan a subir a la cruz ya no sé qué sentir o qué hacer, quiero ir al baño, vomitar, o incluso salir corriendo.
Es muy difícil, sobre todo viendo que los otros ya están ahí arriba, en la cruz.
Siento muchísimos nervios.
A veces lo quiero dejar. Pero no puedo.
Me prometí a mí mismo que haría este sacrificio.
Una vez ahí arriba, las angustias previas y los fuertes dolores se desvanecen, contemplo a la muchedumbre y siento que alguien me guía.”

Las siguientes fotografías no pertenecen a ningún filme de los que se acostumbran a exhibir durante semana santa en los países cristianos.
Son producto de otro tipo de espectáculo, en el que participan los medios de comunicación, los empresarios turísticos, los curiosos salpicados con la sangre de los penitentes que atesoran con sus cámaras esta versión salvaje del fanatismo religioso, y por supuesto los participantes activos crucificados y flagelantes.
Son fotografías de profesionales vendidas a las empresas periodísticas de todo el mundo como curiosidades difíciles de catalogar.

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Cutud en Marzo del año 2013.

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

6 comentarios en “Pasión”

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