Didí tem saudade de bdsm

otra vez didi

Como el calor sofocante aflojó por las mañanas, y muchas amanecieron nubladas, el tiempo pintaba ideal para aprovecharlo al aire libre y retomar una rutina que me da tanto gusto como remar en la Raia Olímpica de São Paulo.
Gusto doble fue encontrarme allí con Didí.

Formaba parte del staff de entrenadores de un equipo de atletas muy jóvenes del proyecto Remar para o Futuro que ultimaba preparativos para participar de una competencia a nivel nacional.
Nos saludamos con un abrazo y besos en ambas mejillas, y separamos nuestros cuerpos para mirarnos a la cara sin soltarnos los antebrazos, su mirada de ojos negros transmitía simpatía, y acordamos que yo lo esperaría media hora hasta que se desocuparse para beber unos jugos y contarnos las novedades.
(Para los no conozcan la historia de esta relación y les interese, busquen en este blog las entradas tituladas “Gostoso Didí” y “Didí sex slave x 1 noche”)

Después del segundo vaso de suco de abacaxi y comentarios sobre nuestras rutinas, Didí mirando fijo la jarra vacía me pregunto:
– ¿Germán querrá compartir un nuevo encuentro conmigo?
– Lo único que puedo hacer es consultarlo, como ya sabes la decisión es suya. También es él quién impone las reglas. Por mi lado pensé que tu curiosidad estaba satisfecha y que como nos dijiste algunas prácticas te parecieron excesivas.
– No es curiosidad lo que siento, pero después de un tiempo… bueno la cabeza da vueltas, recuerdas que lo pasaste bien, que gozaste, que lo has compartido con dos personas que te gustan… demasiado tal vez…
– No puedo dejar de sonreír y me largaré pronto una carcajada si no me miras a los ojos mientras me largas este chorro de confesiones.- le dije anticipándome a la risa que me brotó y le contagié.
– Bueno no es para reírse tanto; es verdad que no me atrevería hacer algunas cosas de las hablan y de las que hacen ustedes… pero he visto vídeos en Internet, sumisos y amos más suaves, situaciones que me han puesto tan caliente que terminé masturbándome…

Con un “déjame hablar con Germán” cerré el tema y quedamos en volverlo a tocar cuando tuviera una definición; posiblemente en tres días que era cuando pensaba regresar a remar y en el horario que coincidía Didí en la pista.

– Parece que Didí “tem saudade de bdsm”.
Con esa frase le disparé a Germán mi relato sobre el encuentro de la mañana.
Estaba dispuesto a oficiar de abogado de su causa ante el implacable juez que tanto teme abrir nuestra relación.
Por una única vez ya no era un argumento válido; la única vez ya había sucedido.
¿Una vez más y basta…?
¿Le damos una dosis tan fuerte que se espanta y huye? ese era un argumento sucio y mentiroso porque Didí claramente me dijo que la experiencia que buscaba no debía ser extrema.

Como siempre los engranajes de la relación con el ser humano que es mi Amo se aceitaron con la verdad; no podemos ocultar sentimientos entre nosotros.
– ¡Tengo unas ganas tremendas de ese culo chocolate! – Expresé mi deseo sin vueltas.
Confesar que me moría de ganas por disfrutar de Didí, ganas quizás más fuertes que las que él tenía de nosotros, ablandó al juez al punto de que falló a favor de lo solicitado.
Con la aprobación y las reglas del encuentro en mi poder culminó ese Martes de encuentros y gestiones exitosas.

Domingo 8.30 hs
Llega Didí a casa, se desnuda, lo conduzco al baño para hacerle tres lavativas, lo baño, está (estamos) super excitados.
Lo seco, le coloco una venda de paño y cuero en los ojos, tomado de la mano lo conduzco a una habitación que tiene una cama pequeña, lo acuesto boca a bajo, le ato muñecas y tobillos a las patas de la cama en cruz, le coloco un almohadón bajo la pelvis para elevar su culo.
Le abro las nalgas, le lubrico el ojete y le coloco un dilatador anal, se estremece pero no se queja.
También yo me estremezco ante ese espectáculo y salgo de la habitación.

9.30 hs
El Amo y yo entramos a la habitación, Didí está (no tiene más remedio) en la misma posición que lo he dejado.
Estamos todos desnudos, nosotros, el Amo y yo con potentes erecciones, Didí parece que también pero aplastada con la almohada.
Lo acaricio, me subo a la cama en sentido inverso y con las rodillas a los costados de su cuerpo, abro la raja de ese culo, mi Señor me apunta con vergón para que se lo chupe mientras amaso las nalgotas de Didí.
Le protejo la verga con un preservativo.
Quito el dilatador y le ofrezco el agujero rojo, mojado y lubricado.
Sin pausas le hunde su verga lentamente, hasta el tope, mientras el chico se crispa.
Espera unos segundos y lo coge como si estuviera serrando un grueso tronco.
No suelto las nalgas y miro en primer plano la faena, le mojo la espalda a Didí con mi precum.
El Amo me pide que me quite, quiere echar todo su cuerpo sobre Didí para morderle la nuca cuando acabe.
Me aparto y observo uno de los mejores espectáculos de la naturaleza, un Macho magnifico vaciándose dentro una de una belleza.

10 hs
Es mi turno.
Su ojete palpita, sus manos aprietan la tela que cubre la cama, el Amo observa unos metros atrás.
En voz muy, muy, pero muy baja le digo al oído: – Apriétamela bien fuerte, quiero dejártela allí hundida para siempre.
Lo taladro despacio, no quiero acabar pronto, me esfuerzo para contenerme, lo acaricio, lo pellizco, gime y jadea.
El Amo me ordena retirarme, le seca el sudor con una toalla.
Lo azota con un látigo de cintas de cuero, no deja marcas, solo pica y calienta la piel.
Vuelvo a cabalgarlo, arde y no solo la piel, le arden las tripas, me trata la verga como si la tuviera en un puño que cerrara y abriera.
Estoy a punto de orgasmo y el Amo me quita de encima de Didí y repite el procedimiento de los azotes ahora con una pala de goma sobre esas ancas maravillosas.
Didí se queja, cada golpe es más fuerte.
Son treinta golpes, yo los he contado.
Didí llora y tiembla.
Estoy tan desesperado que me zambullo en ese culazo.
– ¡Me Deus, vou gozar outra vez! – grita Didí y su anillo se cierra con tal fuerza en la base de mi verga que frena el paso del chorro de leche que estoy expulsando, mientras cierro con fuerza los ojos, aprieto los dientes y mi culo recibe el castigo-regalo de una fortísima palmada del Amo.
Todo ello simultáneamente.

A las 13.30 hs ya estábamos los tres dándonos un chapuzón en la piscina, borradas las diferencias de jerarquía mientras desde la parrilla el olorcito de carne asándose nos llena la boca de saliva.

Espero que ninguno esté arrepentido de esta segunda última vez.

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

7 comentarios en “Didí tem saudade de bdsm”

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