Soberbia Perra

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La fusta de la Dama cambió de manos cuando la empuñó el Amo, para a sugerencia de Murasaki, castigarme el pene rígido hasta hacerle bajar la cabeza.
Esa tarea no era fácil ya que a un masoquista adicto, el dolor lo enciende.
Los fustazos sentidos como descargas eléctricas endurecían mi verga morada cargada de sangre.
Mi Amo sabía que ese sería el efecto y por supuesto era el que Él buscaba.
Cuando consiguió que las lágrimas fueran imposibles de contener tanto como el precum que anunciaba peligro de eyaculación, descargó tres, solo tres chicotazos inhumanos en mis testículos.
Mis aullidos también sonaron como inhumanos.
Se me revolvió el estómago; como un resorte me plegué en posición fetal, y sordo a cualquier sonido tuve la impresión de que la sangre abandonaba espantada la entrepierna y trataba de escaparse de mi cuerpo por la nariz.

Se me disipó el aturdimiento y desde el piso alfombrado vi a la Dama Murasaki abrir un cofre forrado en cuero, cuyo interior mostraba a mi Señor como ofreciéndole un manjar o tal vez un puro.
Lo que el Amo retiró de ese cofre no fue precisamente un puro, sino un dildo de acero, brillante y por el comentario que se le escapó, helado.
Es que dentro de esa caja sobre un colchón de nieve carbónica tres consoladores de acero inoxidable acomodados de menor a mayor, junto con un estimulador prostático que era una barra delgada del mismo material con cuatro bolitas alineadas en un extremo y otra más gruesa en el otro, estaban listos como instrumentos quirúrgicos para que los cirujanos me operaran las profundidades del culo sin anestesia.

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Y sí que estaban helados.
Cuando la Domina comenzó a jugar con ellos, pensé que me quemaría las tripas.
Pero imaginando como se vería desde afuera la escena del esclavo arrodillado en el sofá, prendido a la verga de su Amo mamando a por leche, y con la Hembra Dominadora frotándole las tripas con un dildo, recuperé la erección perdida a fuerza de golpes, y volví a chorrear mis babas prostáticas.

Con las uñas afiladas de una de sus manos Murasaki me rastrillaba la espalda todavía ardida, a veces era solo una caricia, y a veces hundía los dedos para dejar surcos.
Cuando el dildo se calentaba lo suficiente por la fricción, Ella diabólica lo cambiaba por otro congelado.
Notaba su respiración agitada en mis nalgas, a la Domina también la excitaba la situación.
Tanto la excitaba que en cuando no pudo más, con voz ronca le pidió al Amo:
– Germán, permítame cabalgar su verga, quiero que conozca el placer de mi pinza birmana.
– Y a ti, perro no se te ocurra tocarte, solo observa como una Hembra hace gozar a tu Macho.

Con los músculos de una vagina entrenadísima la Dama masajeaba el pene de mi Amo con tal habilidad que veía como Él no se podía resistir a apretarle con las manos el culazo, hasta tener los nudillos blancos, y a darle mordiscones en sus tetas,

En un momento la Domina se descabalgó, tomó con sus dedos la base del la verga de mi Señor, que mantenía los ojos cerrados y bufaba; y de pronto los soltó y le apretó un punto de la base del perineo que lo hizo estallar en varios chorros de leche empapando el rostro a la Soberbia Perra.

– Límpiame la cara esclavo; con tu lengua; y aprovecha a tomar la mejor leche que puede darte el Macho que te domina, mientras adoras a la Hembra que te desprecia,
No me atrevía a quitarme el estimulador con el que me había estado masturbando el culo mientras asistía al gran polvo.
Temblando de calentura le fui lamiendo la cara, el cuello y parte del pecho hasta dejárselo sin rastros de leche.
Cuando terminé tomó mi cabeza y la llevó a su entrepierna para que le comiera el coño.
Allí el tufo del sexo era tan fuerte que para el hambriento resultaría ser el mejor manjar, y para el satisfecho la peste más hedionda.

El Amo descansaba de su esfuerzo como testigo del último acto.
La Domina me empujó al piso de espaldas, y desde abajo la miré como a una figura colosal, que desnuda se paró sobre mi vientre, lastimándome con sus tacones afilados.
– Te haré acabar, pero será cuando yo quiera y te lo ordene. Empieza a prepararte perro.
Dicho esto se apartó tanto como para apoyar uno de sus pies sobre mi pene y masajearlo, mientras Ella se escarbaba la vulva estimulándose el clítoris.
El climax no se demoró en llegar, y mientras se estremecía por el orgasmo me ordenó:
– Ahora!.
Todavía Ella temblaba cuando me apretó la verga tan fuerte con su bota y vio brotar el fruto de una de las acabadas más dolorosas que he tenido.

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– Creo que todos resultamos satisfechos; por mi parte me ha agradado conocerlos e interactuar con ustedes. Pueden servirse lo que deseen antes de irse, o solicitárselo a la mucama. Ella está para asistirlos. Yo ya me tengo que retirar.
Con un discurso así de formal, más o menos, la Dama Murasaki, Soberbia Perra, nos abandonaba en su estudio; hasta que llegando a la puerta por donde había entrado se dio vuelta y dirigiéndose al Amo le dijo:
– De todos mis sumisos acostumbro a cobrarme una prenda para mi pequeño museo de trofeos; generalmente se trata de ropa interior. Pero como su perro parece que no usa, si es tan amable Germán, me gustaría quedarme con las botas…

La tarde se había convertido en noche, pisar descalzo la grava con mis plantas castigadas me resultaba insoportable, y el césped estaba mojado por un rocío helado.
Cuando refugiado dentro el automóvil recogí las piernas sobre el asiento, mi Señor Germán me dijo:
-Tendrás que aprender la técnica de las pinzas birmanas lo antes posible; es una orden.

Sucedió en Buenos Aires en Junio 2015

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

12 comentarios en “Soberbia Perra”

    1. Para las pinzas birmanas tienes que combinar la técnica (que se adquiere con práctica) de manejar los músculos del esfínter para que aprieten y suelten al pene que te folla con distintas intensidades, la de apretar después con manos o pies con firmeza la base de ese pene para retardar la eyaculación y por último dejar de estrangularlo e inmeditamente apretar con muchísima precisión el punto del perineo exacto para presionar la próstata; esto último es bastante difícil y seguramente no fallan aquellos que lo han practicado infinidad de veces, como pueden ser los profesionales que atienden muchos clientes en el día, Sospecho que Murasaki tiene un pasado por el business del sexo. A mí me ha dado resultado digamos un 8 % de las veces que lo he intentado. Cuando me pongan a trabajar en un prostíbulo tendré mas chances de perfeccionarme. 😳 XD 😉
      Besos

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  1. Muy bueno todas las partes y el total del relato, y genial el título de este último Soberbia perra porque pinta en dos palabras a la dominatrix, cóctel de hembra seductora e hijoputa. Escribes muy bien, me gustaría que te detengas más en los detalles aunque así igual me has puesto muy caliente.
    Saluda a tu amo que también tiene mucho mérito por tener a semejante perro atado a su correa.

    Le gusta a 2 personas

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