Rojoshoking

La dominación femenina es algo mucho más polifacético y complejo que una simple tanda de azotes y ciegas obediencias masculinas.
La dominación se basa, simple y llanamente, en la fascinación sexual que ejerce la mujer sobre el hombre.
En el nivel profundo de la personalidad, esa fascinación queda realzada por el recuerdo de la madre todopoderosa de los primeros años de infancia.
El dominio de la mujer se basa en el sexo, sólo de ese modo puede obtener la necesaria obediencia del hombre.
El poder femenino debe ser femenino: sutil, descarado, sofisticado.
Y ante todo debe ser poder.
Dama Murasaki

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Toda una declaración la de esta Domina.
Por recomendación de un amigo de mi Señor conocimos una página de Internet que firma la Dama, y que hace ya bastante tiempo abandonó.
La Señora dejaba en claro sus preferencias y sus exigencias en entradas para mi tan impactantes como esta que transcribo:

Joven, frágil, andrógino, a veces rebelde, casi siempre débil.
Llegó a mí buscando una madre que lo comprenda y lo mime, pero que al mismo tiempo sea dura y severa para que lo castigue por sus errores y lo discipline.
Llora y busca con su lengua el camino que le permita ingresar por mi vagina y refugiarse en el calor de mi útero.
Me esfuerzo para causarle el dolor que lo corregirá y lo hará crecer, sin llegar a lastimarlo.
No controla sus eyaculaciones, como los bebes no controlan los esfínteres.
Acaba sin tocarse mientras me mama la teta,
También lo uso para encender a base de celos a mi bestia, cuando lo obligo a presenciar de cerca esta relación, como un Layo que espía cuando Edipo desea a Yocasta.
Si. Es mi Edipo, un dulce niño, un dulce hijo.
Dama Murasaki

Cuando mi Amo hizo contacto con Ella se estableció entre los dos una relación epistolar basada en la simpatía mutua, y a partir de entonces compartieron, siempre a la distancia, sus experiencias y morbos con los que está de más que diga se identificaban.
Por fin llegó el momento en una de nuestras visitas a Buenos Aires que tendríamos el privilegio de encontrarnos personalmente.
La invitación había sido muy formal y mi Señor puso mucho empeño en prepararnos para causar una buena impresión a su anfitriona.

La tarde era fría, el Amo se vistió muy elegante con uno de su mejores trajes y se abrigó con un sobretodo, yo lo veía además de impecable hermoso.
En cuanto a mi, debajo de un camperon gris, llevaba un pullover de cuello alto casi blanco, unos jeans negros, y calzaba botas.
El detalle era la falta de ropa interior. Ni calzoncillos, ni medias.
Limpísimo por fuera y por dentro, me había afeitado minutos antes de salir para borrar en lo posible la sombra de barba que se niega a abandonarme. Solo un gel hidratante inodoro para suavizar la piel de la cara, y ni una gota de perfume, ni desodorante.
Por la mañana el Amo se ocupó de depilarme por detrás la raja del trasero entre las nalgas, la bolsa de los testículos y todos los pelos cercanos que me coronan la verga, para que se luzca el detalle del cock ring de goma negra y plata de Esculpta, que fue uno de los primeros regalos que recibí de Él.

La puntualidad de la Dama no parecía ser su fuerte, pero más tarde el Amo me explicó que las hembras demuestran su influencia sobre el macho que las espera y corteja haciéndose desear; entonces esa demora era parte de la estrategia para coronar su entrada triunfal al salón.
La segunda puerta del estudio, que no era por donde nosotros habíamos ingresado, se abrió sin hacer el minino ruido y se hizo presente la Domina.

Saludó al Amo con dos besos en la mejilla, y me ofreció una mano para que la besara mientras me acariciaba el pelo.
Alta y delgada su figura se elevaba sobre unos tacones altísimos que dejaban ver las uñas pintadas del pie. Vestía con un traje oriental, tipo chino o vietnamita, muy ajustado a su talle de algo que podría ser seda.
Era pelirroja, y algunas pecas cortaban la palidez del rostro, Su cabellera larga y ondulada era más roja que lo que seguramente le había dado la naturaleza, y estaba a tono con su vestido, el rimmel de sus labios bastante gruesos, y las largas y cuidadas uñas.
La acompañaba una nube perfumada de una fragancia que no pasaba desapercibida pero que no molestaba porque estaba de acuerdo con la seducción que imponía toda su presencia.
No compartió una copa con mi Señor diciendo con una sonrisa:
– Reservo mis sentidos alerta para nutrirme mejor de las emociones que seguramente me bindaran.

A propósito tenía la voz levemente ronca, y hablaba bastante bajo, tanto como para que se le escuchara pero obligando a prestarle atención.
Comentaba con mi Señor detalles de sesiones con su bestia, como ella llamaba a un esclavo oficial, un abogado que tenía un alto puesto nacional, que se había divorciado por ella, pero con el cual no estaba dispuesta a compartir más que sesiones de sexo.
Había quedado viuda muy joven, dueña de una buena herencia y no pensaba repetir según sus palabras la idiotez de tener un vínculo legal con nadie más.
A mi no me dirigía la palabra, pero cada tanto me dedicaba una mirada observadora, hasta que sacó de la manga como un mago un truco que nos desestabilizó.

Abrió unos botones del escote de su vestido, tanto como para dejar descubierto uno de sus pálidos pechos ni pequeño ni grande, mientras que apuntándome me interrogaba:
– ¿Quieres la teta de mami?

No podía responder, embobado y sorprendido como estaba, encandilado por el generoso pezón también pintado de color rojoshoking…

Sucedió en Buenos Aires en Junio 2015

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

9 comentarios en “Rojoshoking”

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