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ovejanegra

Este es el límite de tu resistencia.
No soportas más.
Piensas que ya tu cuerpo no soporta más dolor. Piensas que tus músculos acalambrados de tan tensos se separarán en hebras, dejando expuestos los huesos listos ya para quebrarse como cristales.
Si te quedara garganta aullarías.
Si Él te tuviera piedad le rogarías clemencia.
De pronto un relámpago te ciega, un trueno te aturde y el rayo te atraviesa.

¿Qué es esto?
Te preguntarías si pudieses pensar.
Es un lago de fuego seco y húmedo a la vez en el que te sumerges.
Ahora laxo, ahora estremecido por la energía punzante que te araña,
El tiempo no cuenta.
Nada te importa, lo has olvidado todo, has borrado todo el pasado; solo quieres seguir allí dejándote llevar por esa correntada de lava que corre a la inversa, desde valle al cráter.

Una caricia que se enreda en tu pelo, unos labios rozando los tuyos, insinuando un beso, te despiertan del ensueño.
Apenas puedes balbucear un por favor.

– ¿Qué es lo que quieres? te pregunta.

– Más.