La violación que faltaba

ovejanegra112016

– Qué se siente?
-Primero, fuego dentro de tu verga.
-Y después?
-Por qué no lo experimentas en tu propia pija? pídele al Amo que te sondee y no te quedarán dudas.

Manteníamos este diálogo tonto entre stephan y yo, de cama a cama antes de dormirnos en la oscuridad de nuestro cuarto.
El cachorro se había quedado impresionado porque nuestro Señor le permitió observar como me sometía a mi primera sesión de urethral sounding.
Antes de comenzar, tampoco yo sabía que era lo que me esperaba.

Recuerdo que inmovilizado con ataduras sobre una mesa, con los ojos vendados me abandoné esperando por las sensaciones que el Amo quisiera hacerme sentir.
Primero noté el roce del metal frío y húmedo en la cabeza del pene, luego los dedos que me apretaban el glande seguramente para conseguir que se abriera la boquita del meato.
A partir de ese momento, y poco a poco. un ardor fuerte cada vez más profundo a lo largo del tronco de la verga.
Para entonces ya había adivinado a que me sometía el Amo.
Por más que sabía que en sus manos no corro peligro, no pude dejar de tensarme.
Estaba tan agitado que me aturdía el palpitar de la sangre.
Era la violación que me faltaba.

Ya había pasado por desvirgar mi garganta, porque si bien no fue el suyo el primer pene que chupé, si fue el primero que me folló hasta las amígdalas, como también fue el único al que entregué mi culo para que lo desflorara, convirtiéndome en ese momento inolvidable en su hembra que temblaba de miedo y placer, lamiéndose los dedos embadurnados de sangre y semen.

Le había llegado el turno a mi virilidad; la sonda empuñada por la mano de mi Dueño era la encargada de violar mi verga, para hacerla también suya.
Cuando me quitó la venda y puede levantar un poco la cabeza encontré mi pija que se mantenía erecta al máximo mientras de su punta sobresalía un trozo pequeño de metal.
Todo el conjunto brillaba empapado de gel.

Por un segundo stephan se acercó a mirar con expresión de asombro.
El Amo entonces dejó su pene morado por la hinchazón a disposición de mi boca, mientras Él se entretenía acariciando, solo con la yema de sus dedos, mi verga empalada.

Me costó muchísimo demorar mi orgasmo esperando la orden de acabar recién cuando me disponía a tragar su leche; y no sé cómo saltó la mía al expulsar la sonda porque estaba de ojos cerrados limpiándolo con la lengua y succionando desesperado las últimas gotas.

Por suerte estaba sujeto a la mesa, porque en ese momento los dos nos estremecimos al tiempo que nuestros penes ultrasensibles nos bombardearon el cerebro y nos sacudieron.

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Volviendo al diálogo de esa noche, stephan me respondió:
-Me da miedo…
-Cagón! le dije riéndome y dándome vuelta en la cama para cerrar la charla y disponerme a dormir.
Me quedé pensando aunque no se lo dije, que no dependía de su voluntad el experimentar.
Dependía del capricho de Él, que por algo era nuestro Dueño.

Sucedió en Manila agosto 2010