Reencuentro

La ausencia de mi Amo siempre se me hace insoportable, esa vez habían pasado muchos días y aunque me mataba realizando actividades físicas el agotamiento no era suficiente.
Durante el día llevaba puesto un cinturón de castidad para impedir la erección, y solo me lo quitaba para dormir.
En tres oportunidades desperté mojado de semen, por lo que decidí no sacármelo para nada hasta que mi Señor regresara, por más que la molestia y el dolor fueran torturantes.

Una tarde, por fin después de un viaje de más de 15 horas apareció mi Señor, con el cansancio y el stress lógico.
En cuanto lo vi abandoné todo y me postré en el piso ocultando mi cara.
Ardía en deseos de contemplarlo, pero no podía parar de lagrimear.
En mi vida anterior llorar era tabú, pero a medida que acumulaba experiencias a su lado, con frecuencia las emociones me ahogan y no podía evitarlo.
Tenía vergüenza de que me viera en ese estado.
El tomó mi barbilla, me levantó la cara y besó mis ojos.
Solo fue un momento de suave ternura, pero valía más que el millón de momentos de espera.

ovejanegra16nov

Me pidió que lo desnudara, y allí comenzó mi banquete.
Una por una le fui quitando todas las prendas.
Cuando posé mis labios en sus manos y no me rechazó, aproveché para besar primero y lamer después cada uno de los rincones de su cuerpo.
El olor y el sabor de mi Amo son mi droga.
La sal de su sudor acumulado, su aroma personal mezclado con su perfume y el del tabaco de sus cigarros, el vello rubio que le cubre el pecho y las piernas, sus músculos que fui relajando con la caricia de mi lengua, me fueron emborrachando.

Después de quitarle el boxer transpirado apareció ante mí su verga erecta; quise llevármela a la boca pero la tensión del momento venció a mi Señor y me apartó bruscamente.
Con furia me sacó el pantalón que vestía y al ver el cinturón puesto me ordenó buscar la llave.
No tardé más de dos segundos en hacerlo.
Con brusquedad mi Señor prácticamente me arrancó el cinturón de castidad.
Ante un gesto que conozco me arrodillé ante Él y abrí la boca.
Con los ojos cerrados esperé la entrada de su verga.
Por un acto ya reflejo ante el cuerpo desnudo del Amo segrego gran cantidad de saliva.
Cuando se hundió con un solo movimiento hasta la garganta, logró su cometido: humedecerla para sodomizarme.

Por más que la excitación del momento me predispusiera, después de un largo período de abstinencia mi ojete permanecía cerrado.
Sentí la penetración como si me estuviera hiriendo con una espada.
Dobló mi cintura casi quebrándola, me abrazó y con sus manos como garras me apretó contra su cuerpo.

Dispuesto a devorarme me mordió el cuello y comenzó a cogerme con una intensidad que no puedo comparar.
En silencio, ya que me faltaba el aire hasta para gemir, convulsionándome por la fuerza de los estímulos y con el frote de su cuerpo sobre el mío, mi sexo ardiente comenzó a supurar los líquidos del éxtasis.

Más tarde, ya con su semilla caliente en lo más profundo de mi cuerpo, comenzó la sesión donde debí purgar con dolor el sufrimiento que le ocasioné a mi Señor.
Él también había sufrido la falta de su esclavo el tiempo que duró la ausencia.

Sucedió en Manila en febrero 2010

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

5 comentarios en “Reencuentro”

  1. Vaya, comenté ayer pero no se llegó a publicar, te decía que la ausencia es dolorosa pero necesaria porque es lo que nos hace darnos cuenta de a quien queremos en nuestra vida. Y no te preocupes por llorar porque sabemos que eres muy fuerte y unas lágrimas no van a poder con tu virilidad.

    Besos.

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