Por la noche de rodillas

oveja2016octubre

Los grandes chulos inflexibles, estrictos, son sus sexos floridos de los cuales no sé ya si son lirios o si lirios y sexos no son ellos del todo; hasta el punto que por la noche, de rodillas y con la imaginación abrazo sus piernas.
Tanta rigidez da conmigo en tierra, hace que los confunda, y el recuerdo que doy de buena gana como alimento para mis noches, es el tuyo que cuando lo acariciaba permanecía inerte, estirado.
Tu verga, desenvainada y blandida, atravesaba mi boca con la aspereza repentinamente perversa de un campanario que revienta una nube negra, de un alfiler para sombreros que pincha un seno.
No te movías, no dormías, no soñabas: te habías fugado, inmóvil y pálido, helado, recto, tendido y tieso en la cama como un féretro en el mar y yo sabía que éramos castos mientras, atento, te sentía desaguar dentro de mí, tibio y blanco, por sacudidas breves y repetidas.
Quizá estabas jugando a gozar.
En la cumbre del momento, un éxtasis tranquilo te iluminaba, rodeando tu cuerpo de bienaventurado un nimbo sobrenatural como un manto que desgarrabas con la cabeza y los pies.
Jean Genet

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

6 comentarios en “Por la noche de rodillas”

  1. Justo hoy me recordaba de Jean Genet y de los Nobel que no fueron. En su caso por puto, y políticamente incorrecto aliado de los black panthers y los palestinos. Un gran poeta para rescatar. Muchas gracias

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