Baile lento

oc16oveja

La primera vez que bailaba con una chica mis manos fueron a posarse en su cuello.
Yo era bastante más alto que ella, y sinceramente no sabía como carajo conducirme.
Así que puse mis manos donde me parecía más natural.
Ella se ruborizó, negó con la cabeza, luego tomó mis manos las quitó de su cuello y las llevó hasta colocarlas por debajo de su cintura en la espalda.
Rodeó mi cuello con sus brazos y reaccioné dándome cuenta de como se supone un pareja debe bailar.
La apreté contra mí tomándola de la zona donde comenzaban sus glúteos; yo un chico de trece años comprendí cuál era la dinámica adecuada. Ella colgada de mí, mientras yo me aseguraba de que no se cayese.
Desde entonces ese es mi concepto básico del baile lento.
Los años no han modificado mi manera de pensar.
Ella se arremolinaba en mis movimientos, y por lo tanto era natural se aferrara a mí.
Nos manteníamos dentro del ámbito estricto de la inercia que nos mantenía unidos, que nos mantenía bailando.
Yo era su guía, su boya, y sentir el apretón rápido de sus dedos contra la fuerza de mi cuello me mantenía girando sobre la madera pulida.
T.S. Eliot

Los astutos habrán notado que la anécdota acaba de convertirse en una metáfora.
Esa estructura proporcionaba las bases fundantes; los puntos de apoyo y contacto entre los dos.
La razón por la que resulta tan increíblemente gratificante e interesante la relación fundada entre dominante y sumiso casi al azar, dependiendo del contexto.
Te necesito, y me necesitas. Un par de pilares, apoyándose uno contra el otro.
My Trousers Rolled

Cito a My Trosers Rolled, que a la vez cita el texto de T.S. Eliot porque me identifica su idea, y me agrada su estilo elegante de presentarlo.
Como esclavo concibo mi mundo colgado del cuello de mi Amo; seguro porque Él tiene la voluntad de sostenerme con su abrazo.

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

5 comentarios en “Baile lento”

  1. Añadiría, – mera opinión personal – las dos cabezas apoyadas la una sobre la otra, sincronizadas, sien contra sien, gravitando en la misma órbita. Un beso cerebral al compás de una música que parece que nunca se acaba. Posiblemente, mi Alfa no me permitirá jamás ese íntimo contacto, pero yo seguiré girando mentalmente alrededor de él como un insecto bajo una lámpara.

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