Caricias de garra

oveja

Sumergido en la calma de un pantano mórbido, sé que en esas aguas cálidas habitan pequeños seres que se alimentan de sangre.
Tienen un vientre aterciopelado que me roza para comprobar mi temperatura; y un lomo de bisturí que es capaz de herir.

Abrigado por el abrazo del gran felino, disfruto su belleza, la suavidad aceitosa de sus patas, y el desafío de soportar el dolor si llega el momento en que descubra las garras y ejercite su filo con mi cuerpo.

Unas uñas de falso marfil, de un falso emperador chino, en manos de un auténtico Amo me acarician, me amenazan y me excitan.