Vendetta

Mis primeras fantasías explícitamente sadomasoquistas tienen su origen en una venganza que imaginé mil veces y que nunca lleve a cabo.
El sujeto causante fue el primer hombre con el que mantuve una relación de pareja. Antes y después todas las relaciones carnales con tipos de mi mismo sexo se limitaron a encuentros esporádicos.

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Nos habíamos conocido en la fiesta de una amiga común, y enseguida Mauricinho con su cuerpito perfecto, su mirada árabe, su sonrisa italiana me despertó la libido.
Inmediatamente me lancé sobre él que reaccionó un poco espantado por mi desfachatez, y un bastante interesado.
Puso como condición para probar lo que le parecía socialmente escandaloso, mantener discreción absoluta.

A sus 22 años (dos más que yo) trabajaba en un taller de su familia confeccionando prendas de alta costura, y por las noches estudiaba teatro.
Aprovechando una pelea con su gente por cuestiones de dinero, lo invité a compartir mi pequeño departamento en el barrio de Leblon.

A su favor tenía además de la belleza física, una entrega dócil, absoluta cuando lo penetraba.
Empalado se retorcía en un delirio de fiebre.
Me encantaba observar su linda cara transformada por el esfuerzo de succionar bebiendo mi leche, con los ojos de largas pestañas entrecerrados, el cabello renegrido y enrulado mojado de sudor, contrastando con la palidez del rostro, y el rosa de los labios.

Yo necesitaba cogerlo a toda hora; pero solo lo tenía muy tarde por las noches, cuando dejaba su trabajo y su teatro.
Lo esperaba ansioso después de pasar mi día entre el estudio y la playa.
Muchas veces me masturbaba imaginando el encuentro que se postergaba en la hora.

Los primeros meses que pasamos juntos, para Mauricinho era abrir la puerta de nuestra casa y sentirse arrebatado por un maniático eyaculador que no se conformaba nunca con menos de dos o tres polvos.

A él uno solo le bastaba y lo dejaba tan roto como una marioneta sin hilos, que a pesar de sonreír pide clemencia.

El estreno inminente de un espectáculo que le ocupaba muchas horas, y la reconciliación con su familia, que para mi punto de vista era una mafia codiciosa de dinero, fueron motivo de distancia entre nosotros.
Se aplacó la pasión y se espaciaron cada vez más los polvos.

No fue intencional, las circunstancias se presentaron.
Primero, mi encuentro con una actriz de su obra en la playa, que se prolongó en un bar.
Segundo, las insinuaciones, las hormonas estimuladas por el sol y la semidenudez de los cuerpos.
Tercero, mi duda a resolver ¿Después de estos meses, me será tan placentero coger a una mujer como penetrar a Mauricinho?
Y por último la coincidencia nunca supe si fatal o buscada;  pasar rumbo a un hotelito de citas,  caminando por la vereda frente a nuestro departamento, justo el día en que Mauricinho había regresado temprano para darme una agradable sorpresa.
Y el colmo: salió al balcón a beberse una cerveza, y nos vio yendo abrazados.

Durante las dos horas en que me descargué tres veces dentro de una vagina, mordiéndo las primeras tetas carnosas en mucho tiempo; no imaginé que Mauricinho esperaba en la puerta del hotelito, descompuesto de odio.

Cuando salimos ya no estaba o no lo vi. Y al regresar al departamento me sorprendió encontrarlo temblando, angustiado, con los ojos rojos queriendo saber el porqué de mi traición.
A pesar de sentirme un hijo de puta miserable, contagiado de su llanto, viéndolo tan vulnerado y tan bello, se despertó en mi el ansia de poseerlo mientras le pedía mil perdones.
Él también necesitaba mi arrepentimiento y mi verga y se entregó como las primeras veces, arrancándome promesas de fidelidad eternas.

De su padre italiano Mauricinho heredó el concepto de vendetta; y de su madre árabe aprendió que la venganza es un plato que se saborea frío.
Después varios meses repitiendo la secuencia de mucha pasión que con los días se enfría, una noche me cansé de esperarlo hasta que en la madrugada asomado esta vez yo al mismo balcón a la calle lo vi bajar de un automóvil y despedirse del tipo que lo conducía.
Me callé la boca, nada pregunté cuando me dijo que estaba agotado y quería inmediatamente dormir.

Y así la noche siguiente, y otra más. A la cuarta noche la furia, la impotencia y dolor de intuir que lo perdería para siempre estallaron y le pedí explicaciones.
Con calma y sorna a la vez me dijo: Es un amigo y me permite que lo penetre; nunca pensé que me gustaría tanto ser activo.
Cerró con una puñalada: ¿Has visto como se siente?

Lo eché, había herido mi parte más sensible.
Con el amor propio machucado imaginé ahora mi venganza.
No quería un plato frío, quería uno lo más caliente posible; que quemara la boca, el estómago y también las tripas. Que dejara el culo ardido como cuando cagas la mierda del picante más dañino.

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Soñaba como sería raptarlo, tenerlo desnudo y atado mientras lo sodomizaba con instrumentos de tortura desgarrantes.
Flagelarlo, castrarlo, marcarlo con hierros al rojo.
Hacerlo desaparecer del mundo para mantenerlo esclavizado para siempre, o destruir a cuchilladas su belleza y abandonarlo a los perros en un basural.

Con el tiempo y al irse cicatrizando la herida dejé de obsesionarme con la venganza;  pero lo que cambió fue la idea que me desde entonces me convence;  el sexo entre hombres tiene un germen de lucha por el dominio, y allí hay violencia.

El macho instintivamente busca de aparearse a la hembra para asegurar la continuidad de la especie.
El acoplamiento de dos machos se origina en la culminación de la pelea por el liderazgo; uno somete y el otro es sometido.
Las variantes sofisticadas vienen a posteriori y son producto de las diferentes culturas.

Como dije antes, después de Mauricinho varios tipos jugaron conmigo al sexo sin consecuencias sentimentales, admitiendo que mi rol era de seducirlos y someterlos.

¿Qué fue lo que me cambió al conocer a mi Amo?
¿Qué hizo mi Señor para hacerme cruzar la orilla, someterme a su gusto, y mantenerme en ese estado por más de 7 años?

Su magnetismo de Alfa impone, crea la magia hipnótica que me somete.
Así creo que continuará, por lo menos si Él no decide chasquear los dedos para romper el hechizo.

Autor: Oveja negra

Peca y no te arrepientas. Todo es efímero.

12 comentarios en “Vendetta”

  1. Me he prometido no abrumarte más con mis cumplidos pero que sepas que con este post me he sorprendido (para bien, descuida), me he reído (espero que no te moleste, es mi sentido del humor que me hace ser un poco cabrón), me he enternecido, me he puesto cachondo y te he conocido un poco más.

    Ya decía yo que no me pegabas como el típico sumiso y tenías tu lado alfa.

    Besos.

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    1. Descuida, también me causa risa; son los filtros que pone el tiempo y lo que vivimos como una tragedia lo podemos recordar como comedia. En Argentina a los caballos ariscos, salvajes se le trata de “chúcaros”.
      Seguramente soy un chúcaro que se topó con el domador que le encontró la vuelta.
      Besos

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  2. Me he sentido tan identificado con Mauriciño! jajjajja… eso sí, ten por seguro que mi vendetta habría sido más sutil, sofisticada y perversa con el único fin de calentar aún más “tu cabeza”.
    Un abrazo.

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