El paraíso encontrado

paraiso

Serpiente tentadora, gracias.

Porque con malicia me has inducido a quebrar las leyes, me has alejado del camino decretado correcto, transformándome  de inquieto a inquietante.

Gracias por alejarme de la paz perpetua del jardín.
Gracias por entreabrir las trampas ocultas en el suelo del Edén, y al verme hechizado por los efluvios que brotan desde el interior de la tierra, me diste el último empujón.

Allí he descubierto que la sangre puede correr por todos los rincones del cuerpo a gran velocidad, que su calor puede hasta quemar y que ese arder te hace llama.
También he descubierto que las mordidas carnívoras te destrozan, pero que los trozos permanecen vivos, palpitantes, en la boca del Cronos que se pregunta si quiere acabar contigo porque no soporta quererte tanto.

Hablo del sitio donde los ojos, que no están habituados a la fuerza de la luz y las imágenes, no son necesarios para ver.
Allí los brazos son tentáculos, las manos garras, los penes espadas.
Todas las aberturas se dilatan y humedecen esperando la ansiada intromisión.
Allí el esperma es lava.

Tanto es el fuego que vives quemándote y renaciendo como el Fénix.
Ese lugar que presentía e ignoraba es el Paraíso que he encontrado.