Despertares en épocas de celo

oveja

Tu doloroso empuje invasor me sorprende dormido.
Me has cubierto y sujeto con la fuerza del que vence resistencias.
No me soltarás por más que sepas que las lágrimas me lavan los ojos aletargados; las almohadas me sirven para morder y ahogar los quejidos que el macho valiente no se permite.
Y con la cabalgata vertiginosa comienza la lucha entre el si y el no, el me duele y el muérdeme más fuerte, el me ahogas y el mátame que acabo.
Polvos que son centellas inaugurando mañanas intensas.
Cuando todavía no han cesado los temblores del orgasmo, a correr al baño.
Tú a ducharte que se te hace tarde, yo para vaciarme.
Porque me has usado de recipiente para descargar tus testículos y tu vejiga.

Manila bárbara

La ciudad de Manila no tiene apellido porque es hija bastarda de malayos hinduístas, de los musulmanes que fundaron el sultanato de Sulú, de los chinos y japoneses que comerciaban con sus pobladores, y del poseedor de la fiebre fundacional católica española, el vasco Miguel López de Legazpi.

Manyla como la llaman los tagalos, no tiene apellido, pero para mi experiencia si tiene un adjetivo: bárbara.
Por primera vez fuera de occidente a mi vida en Manila puedo calificarla de extrema, temeraria, cruel, contradictoriamente grosera y sofisticada, brutal y genial.
Bárbara.
Allí a golpes de hacha dimos forma a nuestra manera de seguir viviendo… juntos.
Perdón pero casi se me escapa decir “en pareja”, pero esa relación recién nacida y basada en las jerarquías, se consolidó en Manila con la rigurosidad que un Amo impone a su esclavo.

Extranjeros anónimos y perdidos en la masa de más veinte millones de personas ajenas a nuestras costumbres, sumergidos en olas de calor, humedad, tormentas violentas, erupciones volcánicas, temblores de tierra, mil aromas, mil colores, mil sabores nuevos que probar.
Y nuestra pasión juvenil.
¿Cómo abstraer nuestra pasión de ese entorno y no contagiarnos del calor, la violencia y la furia de la naturaleza y de la humanidad que allí se combustiona?

ovejanegra-003

Por eso mis recuerdos y vivencias del período de Manila, que poco a poco voy transcribiendo en este blog, tienen ese gusto fuerte y áspero.
Sin mañana, o con un mañana eterno, según se mire.
Al borde del abismo, asomándonos con deseo lujurioso de volar cayendo al pozo infinito.

Recuerdo, extraño, me asusto, quisiera borrarlo de la memoria para tener la posibilidad de volver a vivir de igual manera ese tiempo joven y bárbaro.

Antimonotonía

Quiero una suerte de amor tranquilo,
con el sabor de una fruta mordida.
Con nosotros hamacándonos en la red,
matando la sed con saliva.
Ser tu pan, ser tu alimento,
todo el amor que hay en esta vida,
y algún cambio que lo garantice.

William_Bouguereau_-_Dante_and_Virgile_-_Google_Art_Project_2

Y ser artista de nuestra convivencia,
por el infierno y el cielo de todos los días.
Para la poesía que no vivimos
transformar el aburrimiento en melodía.
Ser tu pan, ser tu alimento,
todo el amor que hay en esta vida,
y un poco de veneno antimonotonía.
Y si encuentro tu fuente oculta
alcanzo en su totalidad, la miel y la herida.
Y el cuerpo entero hecho un huracán,
boca, cuello, manos y tu mente no.
Ser tu pan, ser tu alimento,
todo el amor que hay en esta vida,
y algún remedio que me dé alegría.

Eu quero a sorte de um amor tranquilo,
com sabor de fruta mordida.
Nós na batida, no embalo da rede,
matando a sede na saliva.
Ser teu pão, ser tua comida,
todo amor que houver nessa vida,
e algum trocado pra dar garantia.
E ser artista no nosso convívio,
pelo inferno e céu de todo dia.
Pra poesia que a gente não vive
transformar o tédio em melodia.
Ser teu pão, ser tua comida,
todo amor que houver nessa vida,
e algum veneno antimonotonia.
E se eu achar a tua fonte escondida
te alcanço em cheio, o mel e a ferida.
E o corpo inteiro feito um furacão,
boca, nuca, mão e a tua mente não.
Ser teu pão, ser tua comida,
todo amor que houver nessa vida,
e algum remédio que me dê alegria.

fe1f6a44443147bab1d72686e8a06717

Cazuza (Río de Janeiro 1958/1990)

Pasión

“Colgando de la cruz; el esclavo soportaba.
Sus muñecas estaban fuertemente atadas al patibulum, igual que sus tobillos al poste del madero.
El sudor que caía de su frente le molestaba terriblemente los ojos y se los hacía cerrar.
Todo su cuerpo se proyectaba hacia delante y sentía como si sus coyunturas se fueran a desprender. Ya había perdido la noción del tiempo.
Le parecía una eternidad la que llevaba crucificado.
Buscaba el aire proyectándose hacia adelante porque le costaba cada vez más llenar sus pulmones.
El sol inclemente lo envolvía en su fuego y le cocinaba las heridas que las agujas le habían dejado en los pezones y las que el látigo le había marcado por todo el cuerpo.
Sintió todo su cuerpo rebelarse, intentando romper sus ataduras, su corazón bombeó desesperado y la sangre fluyó con fuerza hasta el último de sus pelos.
Los que ya hacía rato observaban, se excitaron al ver como ese cuerpo brillante de sudor, pintado con los distintos tonos que le dejaron los cien latigazos recibidos, se inflaba como un pavo real haciendo la corte.
Emitió un grito ronco, sordo; y se empalmó tanto como para que su verga apunte hacia arriba y eleve la bolsa de los huevos.
Fue casi tan fugaz como el paso de una estrella, pero tan impresionante que, como si de una epidemia se tratase, el público contagiándose también se estremeció y empalmó.”

Hace mucho tiempo ya y dejándome llevar por la fantasía sádico erótica de la crucifixión escribí un texto del que el párrafo precedente es un fragmento.

pasionovejanegra

Pasión
Del latín passio, y este calco del griego πάθος páthos.
Acción de padecer.
Por antonomasia pasión de Jesucristo.
Lo contrario a la acción.
Estado pasivo en el sujeto.
Perturbación o afecto desordenado del ánimo.
Inclinación o preferencia muy vivas de alguien a otra persona.
Apetito de algo o afición vehemente a ello.
Sermón sobre los tormentos y muerte de Jesucristo, que se predica el Jueves y Viernes Santos.
Diccionario de la Real Academia de Lengua Española

Uniéndonos a la caravana de miles de filipinos y extranjeros que transitan la ruta que une Manila con San Pedro Cutud asistimos a las famosas crucifixiones.
El negocio del turismo no es el que establece la diferencia entre Sevilla y Cutud, la diferencia está en que los acólitos católicos que desfilan aquí se expresan con más brutalidad que los nazarenos andaluces, y que las imágenes transportadas por los costaleros son reemplazadas por cuerpos vivos clavados a maderos que se humedecen de sangre.
Me es muy difícil transmitir las emociones encontradas que me genera el, ni siquiera sé cómo llamarlo, evento.
El público se apiña para ver el desfile, algunos con la actitud de los que se acercan a curiosear un accidente de tránsito, con la morbosidad que es atracción y rechazo al mismo tiempo; otros devotos estremecidos por la emoción, y la mayoría desesperados por registrar con sus cámaras para después, reducida la vibración de un momento único de vida a una fotografía o un video, asimilarlo con la frialdad de la anécdota, del recuerdo.
Dentro ese marco cientos de hombres con el torso desnudo, anónimos, con la cara cubierta de trapos rojos, marchan ritmicamente flagelándose la espalda con látigos de bambú.
Son un ejército sangriento exponiendo su sacrificio a la multitud.
Por mil motivos diferentes han elegido ese papel, cada uno tendrá sus razones conscientes, pero seguramente estarán agitándose en busca de un arrebato de placer a través del dolor.
Por último los crucificados.
Para mejor entender su motivación final estas palabras de uno de ellos:
“Deseo que el momento del sacrificio llegue cuanto antes.
Cuando me empiezan a subir a la cruz ya no sé qué sentir o qué hacer, quiero ir al baño, vomitar, o incluso salir corriendo.
Es muy difícil, sobre todo viendo que los otros ya están ahí arriba, en la cruz.
Siento muchísimos nervios.
A veces lo quiero dejar. Pero no puedo.
Me prometí a mí mismo que haría este sacrificio.
Una vez ahí arriba, las angustias previas y los fuertes dolores se desvanecen, contemplo a la muchedumbre y siento que alguien me guía.”

Las siguientes fotografías no pertenecen a ningún filme de los que se acostumbran a exhibir durante semana santa en los países cristianos.
Son producto de otro tipo de espectáculo, en el que participan los medios de comunicación, los empresarios turísticos, los curiosos salpicados con la sangre de los penitentes que atesoran con sus cámaras esta versión salvaje del fanatismo religioso, y por supuesto los participantes activos crucificados y flagelantes.
Son fotografías de profesionales vendidas a las empresas periodísticas de todo el mundo como curiosidades difíciles de catalogar.

blogayaxmarzo2013ssanta-006
blogayaxmarzo2013ssanta-005
blogayaxmarzo2013ssanta-004blogayaxmarzo2013ssanta

Cutud en Marzo del año 2013.

Su juguete

Había una vez un niñito rubio que era muy consentido por todos los mayores de la familia.
Un invierno por un descuido de sus padres se contagió de una enfermedad respiratoria que lo obligó a pasar una larga semana en cama que no terminó por dejarlo totalmente sano.
El médico que era tío suyo recomendó que no le permitiesen abandonar los ambientes cálidos de la casa por lo menos durante dos semanas más.
Como el niño estaba acostumbrado a jugar y pasear al aire libre y nunca nadie se lo había restringido, y además también esperaba que se cumpliera como de costumbre con su voluntad, se les complicó, a todos los que lo querían y rodeaban, la tarea de mantenerlo conforme y entretenido.
Como en todos los cuentos la solución vino de la mano de la Hada Madrina.
Rol que tomó no la madrina sino el padrino del nene, que ¡oh casualidad! era el mismo tío y médico de la historia.
Este triple personaje formaba parte de una pareja que por más de haberlo intentado no había podido tener hijos. Aclaro que no fue sino hasta ese momento, porque más tarde gracias a los progresos de la ciencia fueron padres de unos mellizitos bastante parecidos a su primo.
El nudo del asunto viene de que el tío/médico/hada madrina, adoraba a su sobrinito como el que más, y en un acto de supremo desprendimiento decidió regalarle para que se entretenga jugando sobre la alfombra, los preciosos soldaditos de plomo de su colección que incluían corceles y cañones.
Pertenecían a dos ejércitos, uno napoleónico y el otro austroruso, y varias tardes lluviosas de ese invierno tío y sobrino revivían movimientos de tropas y batallas, siempre supervisadas por el genio militar del tío que trataba de enseñarle al niño como tratar con cuidado tan preciosas figuritas.
No sé si fue tarde o noche la del día que un irresponsable descuidado, para no escuchar las quejas de la criatura alguien resolvió taparle la boca entregándole los soldaditos.
La batalla en que estos desafortunados se trenzaron resultó tan cruenta que ninguno de ellos sobrevivió ileso.
La mayoría perdió la cabeza y los más suertudos brazos o piernas.
Fueron sepultados en la caja de cartón en la que se habían mudado a la casa, y por unos días se trató de ocultar su triste destino al tío; que por suerte estaba tan embobado con su sobrino que solo dijo:
– Son cosas de chicos – en lugar del solemne discurso fúnebre que todos esperaban.

Cosas de chicos cosas de chicos, el nene fue creciendo rompiendo juguetes y destripando artefactos con saña.
Lo he escuchado de su propia boca que una fuerza irresistible lo impulsa ha hacerle daño a las cosas que le gustan mucho.
Una vez conseguido el propósito una especie de arrepentimiento lo embarga y busca la forma de reparar y restaurar lo mismo que dañó.
De hecho siendo más grandecito se preocupó por soldar a los soldaditos y a pintarlos con los colores originales, lo hizo tan bien que cuando se los llevó de regalo al tío en un cumpleaños al Señor no le quedaron dudas de que en esa preocupación por sanar y arreglar estaba la potencia de un futuro médico.
Acertó y no era difícil porque muy pocos en la familia se salvaron del destino de ingresar a la Facultad de Medicina.

jugueterotoveja

Hoy es el Hombre que me daña y me sana.
Es que le gusto mucho, tanto o más que aquellos soldaditos. claro que yo tengo mejor suerte.
Ha madurado, escogió un juguete que goza tanto como Él con sus juegos, y se cuida de no estropearlo definitivamente.
Pero no se priva primero de usarlo al extremo, para luego esmerarse en reparar los daños.

Con mi Edipo frente a frente

“El mito es una fruta tentadora que devoramos con su semilla, una mentira con una verdad adentro, y somos así además de sus consumidores sus reproductores.”
Mauricio Kartun

2015 Publicity Photography - OEDIPUS REX

He devorado a Tebas Land, una fruta con muchas semillas.
Una ficción evocadora de otras ficciones; Sófocles, Dostoievsky, sus personajes parricidas.
Culpables de amar a sus madres, de odiar a sus padres.
Teatro que desnuda al teatro y que nos engaña con su no ficción hasta dejarnos vulnerables.
Sus semillas me germinaron.
Abrieron las puertas de cuartos donde cautivas viven emociones que me prohíbo.
La tibieza blanda de la teta, la dulzura de su leche.
Los perturbadores sueños húmedos de la adolescencia abrazando una almohada que no era su cuerpo, porque ella ya no estaba más.
Celos que la tragedia transformó en odio.
Rencor al que me la quitó para siempre, queriendo o sin querer; responsable del final que los unió y los borró.
Y la necesidad de la compasión y el consuelo de quién nos comprenda y quiera.
Y el deseo.
Deseo de dar satisfacción al sexo en y con el otro para que la catarsis cumpla su función sanadora.

Me enfrenté con mi Edipo al asistir a una representación de Tebas Land de Sergio Blanco en el teatro Timbre 4 de la ciudad de Buenos Aires.
Los actores Gerardo Otero y Lautaro Perotti y la dirección de Corina Fiorillo son excelentes.

“El tema de la homosexualidad es inseparable del mito de Edipo porque él hereda su tragedia por lo que pasó con Layo, que fue su padre quien habría raptado a Crisipo joven y habría sido, según la mitología griega, la primera relación homosexual de la historia, entonces hay una condena de alguna manera, por eso yo quería abordar un poco el tema, no sé si de la homosexualidad, pero sí las sexualidades múltiples…
Desde chiquito siempre me quise oponer a toda forma de autoridad, pero no es algo que me habite o que piense en relación a mis padres.
Desde pequeño me quise oponer a toda ley y el escritor de alguna manera es alguien que se levanta contra la ley, porque escribir es atentar contra el lenguaje y el lenguaje es la ley que nos obliga a hablar, entonces el propio gesto de escribir ya es violar todas las leyes del lenguaje, cuando uno escribe de alguna manera uno está sometido al lenguaje.
El lenguaje es fascismo puro, nos obliga a hablar de alguna manera.
El lenguaje no es impedir, es obligar a decir algo y la lengua nos obliga a hablar.
La única salida que tiene el lenguaje, como dice Barthes es la literatura, donde cada uno puede hacer lo que quiere con el lenguaje y cuanto más viola le ley, más interesante es la experiencia poética.”
Sergio Blanco

Mi orgasmo cautivo

ovejane0317

Mi orgasmo es el cautivo que en tu cárcel crece y se almacena.
Cada hora vivida a tu lado se emborrachan mis sentidos y me encienden.
Reservo poluciones fermentando acaparadas, hasta que rompas el dique y permitas el desborde.

Cuando Tú decidas ese placer acumulado eyaculará con vigor descontrolado.

Víctima del cataclismo agradeceré que con tu fuerza me contengas, que evites que la furia del aluvión me arrastre.
No quiero perderme en el abismo sin sentido donde Tú no habitas.