No hay pasaje al pasado

oveja negra 17anos

Era el primer día de Enero en Grumari; la mañana nublada, calurosa, el ambiente pesado de humedad.
Un grupo de jóvenes compinches que vivían para surfear llegó a la playa desierta.
Dejaron sus motos en la orilla; venían de transitar el cambio del año en Copacabana.
Habían pasado la madrugada bailando, jugando, fumando maconha y bebiendo cerveza; estaban dispuestos a continuar la fiesta.

Un chico de quince años con su tabla se separó del grupo, se quitó toda la ropa decidido a dejar que el mar le acaricie el cuerpo desnudo.
¿Por qué no nosotros? Se preguntaron los demás, antes de decidirse a imitarlo.

Ayer, diecinueve años después, al atardecer en la misma playa que comienza a quedarse desierta, vuelvo a compartir con uno de esos compinches cerveza y maconha.
-Eras el más chico y el más loco de la pandilla- me dice.
-Si tu lo dices…- le respondo.
-¡Quién pudiera volver a esos años!- suspira.
-¡Quién pudiera!- le respondo y me respondo.

Placeres prohibidos

BLOGAYAX1
Diré cómo nacisteis, placeres prohibidos,
Como nace un deseo sobre torres de espanto,
Amenazadores barrotes, hiel descolorida,
Noche petrificada a fuerza de puños,
Ante todos, incluso el más rebelde,
Apto solamente en la vida sin muros.

blogayax
Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
Todo es bueno si deforma un cuerpo;
Tu deseo es beber esas hojas lascivas
O dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
Ya declaran tu espíritu impuro.

blogayax (3)
Placeres prohibidos, planetas terrenales,
Miembros de mármol con sabor de estío,
Jugo de esponjas abandonadas por el mar,
Flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.

blogayax (2)
Soledades altivas, coronas derribadas,
Libertades memorables, manto de juventudes;
Quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
Es vil como un rey, como sombra de rey
Arrastrándose a los pies de la tierra
Para conseguir un trozo de vida.

blogayax (5)
No sabía los límites impuestos,
Límites de metal o papel,
Ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
Adonde no llegan realidades vacías,
Leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.

blogayax (1)
Extender entonces una mano
Es hallar una montaña que prohíbe,
Un bosque impenetrable que niega,
Un mar que traga adolescentes rebeldes.

blogayax (6)
Abajo, estatuas anónimas,
Sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
Una chispa de aquellos placeres
Brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo.

blogayax (4)

texto de Luis Cernuda
dibujos de Tatsuji Okawa

Amanecer con preguntas

Amanezco este domingo borracho de ti, que has resultado más embriagante que cualquier licor o droga.
No sé por qué me preguntas si me ha gustado, y qué quiero ahora.
No me preguntes que quiero.

ovejanegra

Quiero arrancarte de ese nido impregnado de sexo, sujetarte con sogas, someterte, oler tu temor.
Quiero probar si tu cuerpo, que tan generoso se ofrece, será capaz de inflamarse con mis torturas.
Quiero saber cuanto tienes de niño y cuanto de hombre.
Quiero tenerte abrazado cuando el dolor te estremezca, y cuando el placer te invada.
Quiero mezclar tu sangre con mi semen para fecundarte.

Pero como no quiero espantarte, escondiendo mis deseos, te respondo:
-Quiero desayunar primero, y después volverte a coger.-

Amazona

ovejanegraas

En los campos de batalla, junto a las murallas de Troya, con un acto fatal cargado de violencia y erotismo, el bravo Aquiles hundió su espada en el pecho de la amazona Pentesilea dándole muerte.

Miles de años después, en un rincón del mundo que apellidaron Amazonas, una mujer que no reconoce jefes, una descendiente de esas míticas guerreras, gobierna sus tierras despóticamente; y se toma venganza del crimen que cometió Aquiles, con todos los hombres que caen bajo su dominio.

Sabedora de la debilidad de mi talón, me atacó con sus armas que seducen a fuerza de tormento y placer.
Y la última noche, la virgen vengadora, consumó la faena atravesándome con su espada.
La rebelde que nunca fue poseída, la que no doblegaron los maltratos, goza penetrando con dolor.
Disfruta imponiéndose, invirtiendo los roles; ella es el macho que pretende violentarla, y que colmo de todos los colmos, a pesar del dolor y la humillación le causará un orgasmo capaz de ahogarla de placer.

ovejanegra

Casto e inmóvil a la fuerza, sentí su presencia casi desnuda.
Con sus látigos como cetros; sus pechos y nalgas rotundos.
Una hembra madura portando un falo negro lustroso y enorme. Dispuesta a torturar y a seducir.
Le brillaban los ojos a medida que me lastimaba.
Comprobé su excitación cuando retiró el falo que le ocultaba el coño para sentarseme en la cara y darme a beber sus jugos.

Después la amazona me tomó de montura, para cabalgar sin importarle los sudores ni los resoplidos de su caballo.
Su catarsis y la mía se produjo cuando vio mis lágrimas, sintió mis convulsiones y comprobó que a pesar de los límites de la jaula, mi verga amoratada derramaba la leche proscrita desde mi llegada a su feudo.

Al otro día no hubo despedidas; se habían satisfecho los caprichos.
Por su bien y por el mío decidimos no volver a vernos.
Bastante ocupada seguirá la vida de la Baronesa, atendiendo su hacienda, sus negocios y sus esclavos.

Locura

ovejanegrarim-001

El calor y la humedad eran agobiantes. Por lo menos para los que no estamos acostumbrados al clima de la selva.
Los nativos, aunque como yo llevaban su poca ropa pegada al cuerpo sudoroso, se movían aparentemente livianos.
Cuando se desataba la tormenta diaria de la tarde, quedarse bajo la lluvia parecía una bendición, hasta que la violencia del agua dolía como un látigo.
Y el látigo no me era extraño en esos días.
En la hacienda pasaban las noches y los castigos servían solo para hacer crecer mi deseo.
Latigazos, sogas, cera, nudos, candados y cadenas, y más latigazos, muchos, muchísimos latigazos.
Cada vez con más rapidez remontaba la curva del orgasmo.
Pero la Señora lo abortaba oportunamente, aplicando dolor extremo en un punto estratégico del perineo, según las enseñanzas que recibió de un acupunturista de Oriente.

Colgado me castigaba la planta de los pies mientras Uriel me sujetaba.
Cuando lloraba de dolor me besaba, me decía que la sangre regaba el piso, y que tendría de volver descalzo atravesando el sendero de ripio.
Mentía, pero conseguía desarmarme y temerle.

Pasaban los días y la verga dolorosamente cautiva luchaba por expandirse en su prisión.

Enloquecía de deseos; de poseer o ser poseído, más allá de los besos, las caricias y los ungüentos.
Las endemoniadas comidas de culo cerraban la noche; la Baronesa trataba mi esfínter como Safo delicadamente torturaba las vulvas irritadas de sus amantes.
Sus labios, sus dientes, su lengua se cargaban de calor hasta arder y quemarme.

ovejanegrarim

Me dilataba al punto de penetrarme con la lengua, y de pronto feroz me mordía.
Me mojaba con sus babas y me sorbía.
Con su arte me hacía temblar y ponerme rígido. Me aumentaba la temperatura.

Me susurraba amenazas mientras me mordía las orejas y las tetillas;  que tenía planes de sumergirme atado en un riacho infectado de pirañas.
O que soltaría sobre la mesa a un batallón de hormigas bala, para poder observar como se hacían un banquete con mi cuerpo desnudo.

La creía capaz de todo.
Y tal vez lo fuera.

Lágrimas de esperma

“As velas choram lágrimas de esperma”.
Baronesa do cacau

ovejanegra (2)

Cuando cesó la música gótica terminó la espera.
El silencio permitía escuchar la respiración de una presencia junto a mí.
No podía olerla, porque todo olía como el sahumerio; pero estaba seguro de que se trataba de la Baronesa.

Con un paño me secó el sudor de la cara, sus manos suaves me acariciaron, tomaron mi sexo preso y lo liberaron de su jaula.
Mi cuerpo buscaba las caricias, dentro de los límites de su inmovilidad.
Me enervaron unos dedos lubricados rosádome los testículos y la verga.
Inevitablemente me excité.

ovejanegra (3)

Quise estallar en un orgasmo y liberar la tensión acumulada.
Pero el esperma que comenzó a derramarse no fue el mío.
Llovió esperma ardiente, como el de los demonios cuando sodomizan a las brujas y los condenados.
Lentamente, de a poco me fue empapando con su lava.

ovejanegra (1)

-Las velas lloran lágrimas de esperma.- dijo la Baronesa.
Y eso es lo único que le escuché decir en toda la noche.
No respondió a ninguno de mis ruegos mientras se detenía castigándome los puntos más sensibles del cuerpo.
Tampoco lo hizo cuando a fuerza de latigazos retiró las costras secas.
Se tomaba tiempo manteniéndome a la espera de cada uno de sus pasos.
Estuve a punto de eyacular varias veces, pero me frenaba apretándome los testículos.
La Señora sabía, por mi confesión la noche anterior, donde tengo mi tendón de Aquiles.
Y para demostrarme que no tendría consideración había decidido comenzar atacándolo.

No pude verla.
Cuando Uriel me retiró el antifaz, estábamos los dos solos.
Antes de salir del pabellón, mi arcángel en la hacienda, me volvió a colocar el cinturón, me bañó y frotó mi cuerpo con un mejunje refrescante.
Me cubrió los hombros con un toallón y me condujo a mi habitación.
Alguien había dejado en ella una bandeja con sándwichs y un jarra grande de jugo de abacaxi frío.

Esa noche no tendría una cena social.