Amarras

amarras

Fondeado en el muelle espera a su Capitán para salir a navegar.
Ha capeado tormentas y ha boyado calmas chichas.
Alterna recuerdos con sueños de mares bravos conquistados a fuerza de timón experto.
Mientras tanto amarrado chirría, espera, se marchita.

Tatuagem

ovejanegra

Quiero grabarme en tu cuerpo como un tatuaje.
Y darte coraje para proseguir el viaje cuando llegue la noche.
Perpetuarme en tu esclavo, el que tú tomas, refriegas, niegas, pero no borras.
Quiero jugar por tu cuerpo como una bailarina, que de pronto se alucina, salta y te ilumina cuando llega la noche.
Y en los músculos exhaustos de tus brazos reposar flojo, marchito, saciado, muerto de cansancio.
Quiero pesar como una cruz en tu espalda.
Una cruz que te destroza, pero con la que disfrutas cuando llega la noche.
Quiero ser la cicatriz sonriente y corrosiva, marcada a frío, hierro y fuego. en carne viva.
Corazones de madre, arpones, sirenas y serpientes que te garabatean todo el cuerpo, y no los sientes…

(Esta es una traducción traidora de la canción del gran Chico Buarque de Hollanda, que acompaño con el poético texto original y una versión moderna e impecable de María Rita. )

Quero ficar no teu corpo feito tatuagem
Que é pra te dar coragem
Pra seguir viagem
Quando a noite vem
E também pra me perpetuar em tua escrava
Que você pega, esfrega, nega
Mas não lava
Quero brincar no teu corpo feito bailarina
Que logo se alucina
Salta e te ilumina
Quando a noite vem
E nos músculos exaustos do teu braço
Repousar frouxa, murcha, farta
Morta de cansaço
Quero pesar feito cruz nas tuas coisas
Que te retalha em postas
Mas no fundo gostas
Quando a noite vem
Quer ser a cicatriz risonha e corrosiva
Marcada a frio, a ferro e fogo
Em carne viva
Corações de mãe
Arpões, sereias e serpentes
Que te rabiscam o corpo todo
Mas não sentes…

Domingo de baguettes vietnamitas, canciones de Cabo Verde y lucha

Era Domingo a la mañana; una mañana milagrosamente tibia de Junio o Julio del 2010 en Manila.
El Amo había ordenado que desayunáramos al aire libre, todos a la mesa como una familia.
Junto a stephan preparamos el café, los jugos, calentamos leche, apartamos manteca y mermelada de mango, tostamos pan y dispusimos todo en la baranda protegida por tela mosquitera.
Por suerte habíamos descubierto una bakery que además de tener nombre francés vendía croissants y baguettes de calidad; sus dueños descendían de vietnamitas emigrados seguramente herederos de las costumbres coloniales.
De ese pan estaban hechas las tostadas; cuidadas para que no se pasen y conservando su calor en una cesta especial.
Todo era delicioso, pero el disfrutarlo quedaba en segundo lugar; el primero era servir al Amo y estar atentos a su satisfacción.

Más tarde aprovechamos el sol para tostarnos
Mi Señor puso música para escuchar como le gusta, a volumen alto, y nosotros no abrimos la boca.
En esa ocasión eran canciones de Cabo Verde.
Recuerdo que las relacionó con las posesiones del Imperio portugués, y los genes de conquistador que conservaba de herencia.
Cerré los ojos para revivir la escena en que por primera vez me lo dijo, cuando recién llegado a mi vida escalábamos la duna de Jericoacoara para ver el atardecer desde lo alto.

Estaba en esas ensoñaciones cuando me tomó de un brazo y tiró de mí para que lo acompañe a zambullirse en la pileta.
Comenzó a jugar hundiéndome la cabeza, y por supuesto por tratarse de mi Amo no me resistí.
No le pareció divertida mi pasividad y me pidió que me defendiera.
Por entrenamiento soy muy rápido en el agua y me resultó fácil escabullirme para que no me alcanzara.
Noté su enojo cuando me ordenó enfrentarlo; quería pelea.
Incómodo, yo no sabía como resolver la situación; no entendía que esperaba de mí.
Sabe que el agua es mi elemento y que yo su esclavo tendría ventajas en un enfrentamiento. Pero la orden era clara.
Nos tomamos de los brazos primero haciendo fuerza para hundirnos, conseguí sumergirlo y lo empujé hasta la parte más profunda de la pileta.
Subí a la superficie y Él tras mio.
Su juego no había terminado, me dio un puñetazo en la mandíbula que me atontó por un momento. Aprovechó ese instante y tirándome del pelo me sacó del agua.

En el suelo me atacó con golpes de puño y llaves de lucha que son su fuerte.
-Defiéndete- me decía y yo hacía lo posible, que no era poco.
Con los revolcones salimos del borde de cemento y caímos sobre el césped.
El Amo comenzó a morderme.
A morderme con saña, por donde podía, por la parte del cuerpo que le quedara más a tiro de la boca.
Nunca lo había visto así.
Me había contado que a veces tenía peleas, como las que tenemos los muchachos cuando no podemos aguantar más una ofensa.
Y eso era lo que pasaba.
No era un juego, buscaba lastimarme, y lo gritaba; y además pretendía que yo su perro esclavo, me olvidara de mi condición y respondiera.
Me contagió su furia, pero como dije antes, poco podía hacer mi inexperiencia frente a las mañas de mi Señor.
Habíamos rodado nuevamente hasta el borde de la piscina.
En un momento en el que yo (cómo pensar en atraverme a eso!) estaba tratando de morderle una pierna me tomó del pelo que en esa época lo llevaba largo como a Él le agradaba, y me hundió la cabeza en el agua.

Me sujetó con toda su fuerza y no me soltó hasta que vio que por ahogo me había vencido.
Quedé agotado y confundido tirado en el piso, mientras Él se zambullía nuevamente.

Cuando salió se hizo secar con una toalla por el cachorro.
-Estás flojo, hace mucho que no te alimento con mis vitaminas- me dijo haciendo señas de que me acercara.
Fui hasta Él como correspondía a cuatro patas, me tomó de las orejas y me guió hasta su verga que olía a cloro.
Abrí la boca y mamé y mamé hasta que sentí como hervía su leche y la expulsaba a borbotones.
Es verdad que me hace bien y me fortalece.
Cuando la tomo, incorporo una parte de su ser a mí cuerpo.
Me siento eufórico y esa sensación me dura.

Por la tarde, quiso enseñarme alguna de las tomas de las que no había podido zafar.
Pero no fue una pelea, solo fueron ejercicios.
Soy un perro caliente y al sentir el contacto de su cuerpo no puedo detener la excitación.
La clase terminó con un polvazo de dos orgasmos.

Hercules and Diomedes by Vincenzo de Rossi, 1560s

Así imaginó la pelea entre Hércules y Diomedes el escultor Vincenzo de Rossi en el año 1560.
La escultura, realizada por encargo de Cósimo de Médicis, hoy se exibe en el Palazzo Vecchio de Florencia.

Círculo

Una moneda con cruz y cara.
Un círculo perfecto.
El ciclo de una pasión que primero desgarra, luego acaricia, con compresas alivia y mágicamente cicatriza las heridas, para reiniciar el ciclo y volver a desgarrar.
Un cuerpo que es combustible y debe quemarse, consumirse, para darle calor y vida a otro.

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¿Cuándo disfruta más mi Señor?
¿Cuándo me hiere, o cuándo me cura?
Tampoco yo, su esclavo, puedo tasar que emoción es más fuerte; el placer de sentir su caricia y su bálsamo, o el éxtasis doloroso que me causan sus garras.

La última gota de sangre

No tome esta copa de mi mano.
No piense en mí cuando me callo de dolor.
Mire mis ojos llenos de deseo y amor.
No se moleste ni dude.
Quite de su cuerpo ese traje de maldad.
Escuche tranquilo lo que tengo para contarle.
Yo diría que no es mucho ni poco.
No da para reírse, tampoco es serio.
Es sólo verbalmente una gota de sangre.
Déjeme sentir más allá de los celos.
Déjeme beber su perfume, emborracharme …
Por qué no dar marcha atrás a la razón?
Lo quiero a usted más y más cada día…
No quite de mi boca ese beso.
No confunda amor y deseo.
Beba conmigo la última gota de sangre.

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Não tire da minha mão esse copo.
Não pense em mim quando eu calo de dor.
Olha meus olhos repletos de ânsia e de amor.
Não se perturbe nem fique à vontade.
Tira do corpo essa roupa e maldade.
Venha de manso ouvir o que eu tenho a contar.
Não é muito nem pouco eu diria.
Não é pra rir mas nem sério seria.
É só uma gota de sangue em forma verbal.
Deixa eu sentir muito além do ciúme.
Deixa eu beber teu perfume, embriagar…
A razão, porque não volto atrás?
Quero você mais e mais que um dia…
Não tire da minha boca esse beijo.
Nunca confunda carinho e desejo.
Beba comigo a gota de sangue final.

Angela Rô Rô
Gota de sangue 1979

Filipe Catto canto, Cira Moreira piano. 02/07/16

Apetito caníbal

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Tendido sobre una pequeña cama de la habitación que llamábamos “la mazmorra”, con los brazos amarrados a la cabecera y los tobillos a las patas inferiores del mueble, aguardaba.
El cuerpo desnudo y tenso, y la piel erizada.
El Amo le ordenó al cachorro con una seña que me lamiera la pija hasta erectarla y empaparla de babas, mientras tanto Él me amasaba el pecho y besaba los pezones.

Antes de conocer a mi Señor, ya sabía del gusto que me daban las caricias en las tetillas, pero con Él descubrí hasta que punto el placer podía ser intenso.
El Amo consiguió que se desarrollaran ejercitándolas como si fuesen músculos.

Prolongadas succiones, pellizcos, mordidas, pinzas y ventosas, terminaron por agrandarlas y sensibilizarlas.
Fue la parte de mi cuerpo que más rápido asoció dolor con placer; con un simple estímulo mis pezones se erectan y cuando el roce se prolonga me excito al punto de destilar precum.

Cerré los ojos e intenté relajarme para prestar atención y responder con el juego sin abandonarme al placer.
Los jugos de mi pija unidos a las babas del cachorro me tenían muy lubricado, tomé conciencia de eso cuando sentí la mano del Amo masturbándome, apenas apretándo y acariciándo a ritmo muy lento el tronco de la verga, evitándo rozar el glande hinchado.

El Señor le ordenó a stephan que succionara con toda la fuerza de la que fuera capaz uno de mis pezones ya excitados, Él hizo lo mismo con el otro.
Ya no me podía dominar, arqueaba la espalda y levantaba el pecho ofreciéndolo.
-Muérdelo- ordenó el Amo ronco, sin dejar de masturbarme.
Y los dientes del cachorro se clavaron con violencia.
-Suéltalo- dijo y entonces fue Él quién me mordió con fuerza el otro pezón.
Por varios minutos, se alternaron con los mordiscos sin cambiar el ritmo de la paja.
Una electricidad me recorría el cuerpo, como si hubiese metido los dedos en un enchufe.

-Métele la lengua en el culo- le ordenó al cachorro y mi cuerpo sumó sensaciones placenteras.
Los mordiscos eran cada vez más fuertes, o así me lo parecía porque la sensibilidad de mi piel se había incrementado.
-Acaríciale la próstata con el dedo, y usa la lengua para humedecerle las pelotas.
A todo stephan respondía como perro obediente que es y como experto en darle placer a un hombre que también es.

Con su boca pegada a mi oído el Amo me anunció: -Voy a soltar tu pija, voy a causarte un gran dolor, y cuando sientas que ya no lo soportas vas a correrte.
El Señor estaba exaltado, sentirlo en ese estado y sabiendo que en parte era por mi causa me liberaba y me cegaba.
Por supuesto que así lo haría, le susurré mientras Él me metía la lengua en la oreja y la llenaba de saliva.

Me sorprendió una dentellada en el pecho, no en las tetillas donde la esperaba; con la boca abierta al máximo el Amo me mordió el pecho izquierdo clavando los dientes en el músculo y tironeándo como para desgarrarlo.
Grité y acabé al mismo tiempo y mientras duraron mis convulsiones el Amo no soltó la presa.

Cuando luego me besó tenía el gusto salado de mi sangre en su boca.
El cachorro aprovechó para limpiar con la lengua el producto de mi ordeñe.
El dolor y la excitación me hacían temblar, pero me sentía abrazado y besado y traté de componerme respirando profundo y pausado.
De cualquier forma hasta que el Señor no me aplicó un calmante no pude descansar.
No solo me dolió el pecho por unos días, sentí dolor también en el brazo izquierdo, pero podía soportarlo y con gusto.

Cuando miraba en el espejo la marca de sus dientes, pensaba que tal vez su deseo de devorarme era tan grande como el mio de ser devorado.
En esos días recuperándome apenas de los celos causados por la llegada del cachorro, deseando convertirme en el centro del universo del Amo, ansiaba asumir el papel de mártir.
Creía estar en condiciones de pagar cualquier costo, hasta el más extremo, con tal de pasar a ser parte de su ser.

ovejanegra

Sucedió en Manila en Marzo 2010

Despertares en épocas de celo

oveja

Tu doloroso empuje invasor me sorprende dormido.
Me has cubierto y sujeto con la fuerza del que vence resistencias.
No me soltarás por más que sepas que las lágrimas me lavan los ojos aletargados; las almohadas me sirven para morder y ahogar los quejidos que el macho valiente no se permite.
Y con la cabalgata vertiginosa comienza la lucha entre el si y el no, el me duele y el muérdeme más fuerte, el me ahogas y el mátame que acabo.
Polvos que son centellas inaugurando mañanas intensas.
Cuando todavía no han cesado los temblores del orgasmo, a correr al baño.
Tú a ducharte que se te hace tarde, yo para vaciarme.
Porque me has usado de recipiente para descargar tus testículos y tu vejiga.