Entre Machos

oveja3

Amanece en la sabana que huele a sangre fresca.
Dos Machos cubiertos con una capa de sudor y polvo gruñen y jadean luchando entre si.
Los dientes afilados muerden la carne en disputa, las garras alternan zarpazos para lastimar al rival y apoderarse de la presa.
El resto de la manada babea deseo mientras observa la lucha.

Desde el comienzo de los tiempos, cuando dos Machos quieren lo mismo emplean sus mejores armas para dominar al rival.
Ni lo piensan, lo sienten y ya.
La decisión es poseer lo deseado y se peleará hasta el último aliento.

No se sabe cuando fue la primera vez que la presa anhelada resultó ser el rival.
Pero a partir de ese momento. y hasta hoy, algunos Machos se enfrentan entre sí para adueñarse uno del otro.

oveja

Por más amoroso que comience el sexo entre Machos siempre culmina en una victoria violenta protagonizada por el Dominante y el dominado.
El cazador y el caníbal, que dormitan en un rincón de la reprimida cultura, se despiertan al contacto eléctrico de las pieles erizadas.

Uno hiere, con la lanza más primitiva, la cálida morada interior del otro.
El otro estruja el trozo de carne invasora del rival para exprimir su esencia y devorarla.
Cuando el resto deja de existir, y la realidad percibida es una masa caliente y húmeda en una tiniebla roja, se muerden, gritan, se azotan, se escupen y se lamen.
El tiempo y el espacio corren disparados, enloquecidos, hasta estrellarse contra un muro placentero y doloroso, y estalla.

oveja2

Después cesan los estremecimientos, y una llovizna sobre los cuerpos de lava refresca el ambiente.
Nadie sabe cuanto tiempo durará la tregua.

Joyas

ovehapreta

¿Puede un esclavo usar joyas?

Serán joyas propiedad del Amo, como lo es el mismo esclavo.
Alhajas y esclavo dignas del poderío de su Dueño.
Lujos muchas veces invisibles para los ajenos; pero que se insinúan a los suspicaces.
Galas simbólicas, fetiches.
Causantes de deliciosas incomodidades y dolores.
Cilicios suntuosos, sacrificios profanos para exaltar la devoción al Amo.

Mi presa

Mi presa

Sé mi presa mejor que cazador.
Sé el candoroso mío.
¡Deja de ser el sol y sé un grano de arena!
Habita en mi umbral como mendigo.
No quieras ser vela, sé polilla,
para que pruebes el sabor de la Vida
y conozcas el poder secreto del servicio.

Yalāl ad-Dīn Muhammad Balkhi
لال الدين محمد بلخى
1207/1273

Il ratto de Ganimede
Damiano Mazza
1573/1590

Las uvas y tú

SONY DSC

Me tienta el peso que revela el placer que contienen las uvas.
Las formas, los olores, el brillo que reflejan.
Su atractivo me fuerza a morderlas para aturdirme en su dulzura.

Igual que tú cuando te desnudas con fingida inocencia, aparentando ignorar mi presencia y mi anhelo.
Igual que tú, mi tentación, que eres quien me obliga a morderte y mascarte.

Error

¡Por favor, no me marques!

ove

Yo quería pintarte con mil morados, quería estamparte mi firma con un bisturí.
Te habías convertido en mi cordero ideal.
Temblabas inclinado sobre el ara del sacrificio.
Te ardían los labios, te brillaban los ojos y el mármol blanco de tus ancas se entibiaban con mis caricias violentas.

¡Por favor, no me marques!

Tu ruego corría buscando escaparse del laberinto de mi duda.
¿Qué querías?
¿No estabas allí esperando por los dolorosos placeres de la víctima?
-No me marques; ¿era un pedido o una provocación?

Te mordí el cabello.
Y así tomado, sin soltarte, como si fueses una cría, me lastimé los puños golpeando la pared.

Me pediste perdón, besaste mis nudillos sangrientos y te fuiste.

En tiempos de guerra

En tiempos de guerra el miedo es espeso.
Es una sopa fría que todo lo envuelve.
No estás a salvo en tu refugio porque lo invade; a medida que se cuela por las rendijas se acumula en capas que te van helando desde la planta hasta la cabeza.
En permanente vigilia lates tan escandalosamente que alertas al peligro y te delatas.
Esperas que llegue el momento en que el frío denso se agudice al punto de herirte con astillas de hielo.

De pronto hueles otro cuerpo cerca.
Está cubierto con la misma cáscara helada, nadando en la misma ciénaga. pero conservando todavía el pequeño corazón caliente.
Lo buscas, o él te busca, o tal vez ambos se atraen por una extraña fuerza.
Lo cierto es que solo es posible el acople, la aniquilación, o ambas cosas a un tiempo.

ovejaguerra

En tiempos de guerra el hambre te carcome las tripas y te ciega la razón.
Te lanzas sobre la presa aullando, y te conviertes en la presa del otro.
Los cuerpos se mutilan a mordiscos.
En tiempos de guerra se violan más cuerpos que nunca.
La violación se desea, se busca, es una forma de batallar, de vengarse y de destruir; también es la forma de invadir la entraña cálida de los cuerpos ateridos por el miedo.
Es la manera posible de introducirse en otro a donde depositar nuestra tibieza; o la de ser el receptor de la vida caliente que se escapa con cada orgasmo.

También hay cuerpos que se entrelazan y frotan quitándose el frío, tratando de olvidar el dónde y el cuando viven.
Esos cuerpos se inflaman y babean buscando fundirse, buscando la forma huir, de no pensar que el hielo puede interrumpir el romance y destruirlo definitivamente.

En tiempos de guerra el sexo es trascendencia.
Trasciende la marca que has sembrado en otros cuerpos, o trasciendes tú, guerrero que esperas otro combate.